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Angela Aisenstein: "La reforma educativa debe convencer a las instituciones y sus actores"

"El principal problema de la escuela secundaria no es tanto las orientaciones sino la calidad del aprendizaje que se logra. La escuela media aún es ineficiente en términos de abandono y de repitencia", sostuvo en una columna opinión Angela Aisenstein, coordinadora Académica de Especialización y Maestría en Educación de San Andrés.
En la ciudad de Buenos aires, que tiene una tradición y oferta de escuelas secundarias muy diversa, muchas instituciones no parecen sentirse identificadas o contenidas por alguna de las diez orientaciones en que quedaría simplificado el nivel medio; parecería que éste es el argumento por el cual los estudiantes resisten, señalando -sobre todo- la pérdida de la identidad institucional y del título específico que implicaría el cambio.

La reforma planteada no surge ahora sino que se desprende de la Ley de Educación Nacional de 2006 que sancionó la obligatoriedad de la escuela secundaria y que puso al Estado en el deber de garantizar el cumplimiento de esta condición. Pese a esto, se escuchan algunas entrevistas a estudiantes en las que hablan de derogar la Ley Federal de Educación, que como norma no existe más. En cambio, lo que sí existe es un acuerdo del Consejo Federal de Educación (del que participan todos los ministros de educación) para la implementación de la nueva escuela secundaria en todo el país. En ese marco cada jurisdicción va adecuando estos cambios en los plazos, tiempos y modalidades más acordes.

También de la protesta surgen comentarios de estudiantes que dicen que con la reforma se van a perder modalidades (como la de Perito Mercantil), cuyos títulos habilitan para que algunos egresados de la escuela secundaria se inserten en el mercado laboral. Esta idea de que la escuela secundaria da títulos específicos suficientes para puestos de trabajo está más cercana a las finalidades de la escuela media de mediados del siglo XX.

Estos argumentos que algunos usan para defender las protestas parecieran desactualizados, aun cuando de ningún modo está desactualizado su reclamo por una escuela secundaria que de un conjunto amplio y variado de conocimientos y herramientas para insertarse satisfactoriamente en el mundo (laboral, cívico).

El principal problema de la escuela secundaria hoy, y esto lo dicen muchos especialistas, no es tanto las orientaciones y tampoco la matrícula (que ha incrementado en los últimos años) sino la calidad del aprendizaje que se logra. La escuela media todavía es ineficiente –medida en términos de abandono y de repitencia- y por otro lado todavía falta para consolidar el aprendizaje de aquellos que el sistema retiene y terminan con un título.

Cuando uno piensa en un número de más de 150 orientaciones puede imaginar el proceso de sus sucesivas creaciones como un desarrollo - en cierto sentido - desorganizado de las escuelas medias de la jurisdicción.

Al mismo tiempo puede reconocerse que un sistema de ese tipo respeta vocaciones, oficios y tradiciones formativas. La modificación promovida por el Consejo Federal pone a la jurisdicción de la ciudad de Buenos Aires, como también a otras, en la situación particular de tener que resolver esta tensión. Y los estudiantes a través de las protestas parecen manifestar su desconfianza por el modo en que podría darse esa resolución.

Es necesario ordenar un número menor de orientaciones, que entre otras cosas facilite el movimiento de estudiantes entre jurisdicciones, pero que a la vez represente todas las áreas disciplinarias, que respete las modalidades, que reconozca la tradición y su identidad.

Pueden ser reformas fuertes y potentes que se piensan a nivel nacional, pero cada jurisdicción tiene una historia, una trayectoria y actores; sólo contemplando estas cosas una reforma llega del nivel político a las instituciones y las prácticas educativas. Por más que las ideas que se sostengan sean potentes y apunten a mirar más allá, si las instituciones y actores no están convencidos la reforma puede no llegar a nada.