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El hombre que ve más allá

Juan Ball, benefactor de la universidad, asegura que invierte en educación porque es el camino para generar cambios a largo plazo y por la satisfacción de involucrarse económicamente y con tiempo personal en un tema esencial para el futuro.
“Al dar oportunidades de educación se puede cambiar el país en el mediano y largo plazo”. Quien lo afirma es el experto en finanzas Juan Ball que, lejos de quedarse en enunciaciones, desde hace años pone manos a la obra para colaborar con diferentes entidades dedicadas a mejorar las condiciones de sectores vulnerables.
Ball es uno de los más activos benefactores de San Andrés. Participa del Programa Abanderados Argentinos –que otorga becas de estudio en la universidad a alumnos abanderados y primeras dos escoltas de colegios estatales o privados con subsidio estatal– y asiste económicamente en proyectos de infraestructura. “El modelo de San Andrés me cierra respecto de lo que Argentina necesita para educar y dar oportunidades de educación terciaria a la futura dirigencia argentina”, argumenta sobre su vinculación con la Universidad.
Ball, de 50 años, es Co-chairman de la compañía de asesoramiento financiero en Estados Unidos y Suiza Guggenheim Partners Latin America, y fundador de Guggenheim Investment Advisors (parte de Guggenheim Partners). También es Director de la firma de inversiones LJ Capital.
Coleccionista de autos antiguos y de arte y apasionado por la náutica, Ball empezó a trabajar a los 18 años. Durante su carrera se desempeñó en los bancos de inversión Lehman Brothers y Bear Stearns; también trabajó en Santander Securities y en el Banco Santander Central Hispano como Global Chief Trader and Director. Ball, que tiene tres hijas, hoy divide su vida entre Argentina,
Estados Unidos, Uruguay y Francia.
En 2007, luego de haber vivido 14 años en los Estados Unidos, Ball decidió pasar más tiempo en la Argentina. “Una de mis grandes inquietudes era devolver lo que había recibido, aunque todo lo que hice fue por mi gran esfuerzo y trabajo”, relata.
Pensó en armar una fundación propia pero descartó la idea al ver que ya había una oferta variada de ONGs en funcionamiento. Entonces recordó el ejemplo del inversionista y filántropo estadounidense Warren Buffett, quien donara la mayoría de su fortuna a la Fundación Gates, de Bill y Melinda Gates, y entonces decidió colaborar con diferentes entidades de la sociedad civil.

¿Cómo se inicia su relación con San Andrés?
Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer a Carlos Rosenkrantz. Visité la universidad y me encantó. Justo estaban lanzando el programa Abanderados y me hice cargo de dos ahijados. Hoy tengo cuatro. Lo único que le pedí a Carlos fue involucrarme no sólo económicamente sino tener también contacto con los chicos.
Luego di una charla sobre liderazgo, enfocada a la experiencia y la importancia del esfuerzo, cuidar el buen nombre y honor y la educación continua. Fue una charla muy linda, a la que asistió mucha gente, y en la que pude hablar sobre cómo todo lo que me pasó en la vida influyó para tratar de ser una mejor persona. Quería transmitirles a los chicos que hoy están en la universidad, que esto es sólo una preparación para el camino de su vida, en el que cada día deberán tratar de ser mejores personas.

Además usted colabora en temas de infraestructura de San Andrés. ¿Cómo surgió esa posibilidad?
El año pasado Carlos me contó sobre la idea de terminar los dormis y me encantó, así que ayudé económicamente. Cierra con el espíritu de lo que para mí es un buen modelo de educación: que el chico viva en la universidad y se integre a ese ámbito 7x24. Así aprovecha más las instalaciones, como la biblioteca, y a su vez se relaciona con otros. La experiencia ha sido un éxito total y aún no hemos terminado con el tema.

También realizó una importante donación para la construcción del nuevo edificio de la Escuela de Educación.
Tenemos un plan de crecimiento en infraestructura para los próximos diez años. La Escuela de Educación es prioridad en este momento, como los dormis el año pasado. Faltaba un monto importante que hacía que el Board no se animara a empezar hasta conseguirlo. Entonces me dije a mi mismo por qué no hacerlo yo. Me comprometí con los fondos faltantes para no postergar el inicio de la construcción. No está en nosotros decidir qué es prioritario o no; para eso tenemos y confiamos en el Board. La Escuela de Educación es fundamental para la mejor capacitación y atracción de los mejores docentes disponible.

Usted asiste en otros ámbitos pero le interesa particularmente la educación. ¿Por qué?
Es el cambio. Para ayudar no se me ocurre mejor manera que educar y dar oportunidades a los próximos dirigentes de la Argentina. Los cambios no se hacen de un día para otro pero sí hay situaciones que cambian rápidamente y son importantes.
En lo personal, decidí que cuando muera no voy a dejarles a mis hijas mucha plata pero voy a armar una fundación para que mis descendientes tengan una buena educación.
El mundo da muchas vueltas y no sé qué oportunidades tendrán mis tataranietos pero quiero que, al menos, tengan esta estructura. Es decir, en lo familiar también pienso que la educación hace el cambio.

¿Qué otro impacto tiene invertir en educación?
Se afecta a la familia del chico para bien. Además, una persona educada –y sin descalificar a aquellas que no recibieron educación– es más libre para elegir y tiene más oportunidades.
En ellas suele haber una semilla de progreso personal y también para ayudar a los demás. Así se genera un círculo que no termina más.
Yo viví el gobierno militar, la hiperinflación… y me di cuenta de que la estadística siempre marcaba que la educación en el país iba para atrás.
Hoy la gente está mejor pero tiene menos oportunidades de educación porque las escuelas públicas ya no son lo que eran y las universidades tampoco y, por eso, surge la necesidad de crear entidades privadas. El nivel de educación ha caído. Los políticos de turno creen que si invierten en educación no se benefician en el corto plazo.

A nivel personal, ¿cómo se siente al hacerlo?
En el primer almuerzo que tuve con mis ahijados, un chico de Corrientes me preguntó por qué hacía esto por él si no lo conocía. “¿Por qué me das esta oportunidad?”, me dijo. Le respondí que no lo hacía por él sino por mí. Mi rol no es juzgarlo o exigirle por darle ayuda; eso lo hará, en todo caso, la universidad. Además, no doy para recibir. Estoy convencido de que la educación hace al cambio. La pregunta del millón es cómo querés que la gente se acuerde de vos.
Soy joven y tengo ganas de hacer muchas cosas pero quiero que la gente piense que Juan Ball, además de vivir muy bien, se preocupa por la educación y otros temas. Uno puede ayudar y que los demás no se enteren, pero creo que hay que dar un ejemplo. En este país hay gente que tiene mucho dinero y no da lo suficiente. Si alguien como yo dona tiempo y dinero agresivamente se debería generar un modelo para que otros también lo hagan. En San Andrés tenemos un plan a diez años para crecer en estructura y necesitamos grandes donantes.

¿Puede contar alguna experiencia o idea a la que haya accedido a partir de la cercanía con sus ahijados?
Me preocupa mucho la juventud. Desde chico me tomé la vida muy en serio y sabía qué quería hacer. Muchas veces pensaba que los jóvenes sólo querían divertirse, que pensaban que iban vivir cien años y sólo quieren disfrutar de la vida. San Andrés hizo que rectificase mi pensamiento. Mis ahijados tienen mucho drive, ganas de ir para adelante, de progresar y participar. Es el modelo al que me gustaría que accediese toda la juventud.

En general, ¿en qué criterios se basa al decidir ayudar?
Cuando uno aporta dinero quiere que esa inversión tenga continuidad. Me gusta cómo funciona el Board de la Fundación de la Universidad porque está muy pensado. Un tercio son académicos, otros donantes y el resto, personas que representan los intereses de las universidades. Esto demuestra un gran interés en analizar las mejores decisiones para la Universidad.

¿Ve a San Andrés como una usina de futuros líderes?
La universidad tiene dos roles: educar e integrar socialmente. San Andrés cumple con las dos. Está
rankeada entre las mejores universidades y el 40% de los alumnos están becados. Eso quiere decir que no se cumple con lo mínimo sino que estamos con una campaña de fuerte integración social que hace que San Andrés se posicione para generar el ámbito desde donde surjan los futuros líderes de la Argentina. La universidad no pasa por aprender de memoria sino por el estudio de casos, tener profesores con experiencia concreta, académicos que hayan viajado y puedan hablar de lo que pasa en el mundo. Y San Andrés cumple con eso.

¿Cómo continúa su relación con la universidad?
Este año me invitaron a ser parte del fundraising. Es muy interesante porque me involucré con miembros del Board y confirmé que las canas bien llevadas representan experiencia y sabiduría, lo que es muy importante captar. Vi que personas como Guillermo Murchison, que tuvieron la visión de la universidad, hoy están abiertas a las nuevas generaciones.
Mi camada, de los que tenemos cincuenta años, se empezó a involucrar porque también somos el futuro de la universidad. Me gusta el desafío de la continuidad.