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El oficio de ser líder social

Cuatro personas comunes que transforman las vidas de otras personas comunes. Creen en el trabajo en equipo y no se rinden, apuestan a la acción para lograr cambios.
Un rico café con medialunas unió experiencias de liderazgo social mientras asomaba tímido el sol de una cálida mañana de otoño sobre el microcentro porteño. En la sede Capital de San Andrés, se encuentran cuatro personas comunes con un fuerte compromiso social que transforman las vidas de otras personas comunes. Creen en el trabajo en equipo y no se rinden, apuestan a la acción para lograr cambios.

"No somos héroes", coinciden Rodrigo Kon (Fundación Trabajo y Desarrollo Humano, TDH), Guillermina Lazzaro (Ashoka), Juan Lapetini (Huerta Niño) y Marcela Benítez (Responde), egresados del Posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro de la Universidad de San Andrés, que con 15 años de existencia, es dirigido por Gabriel Berger.

El entusiasmo fue el foco de la reunión y las sensaciones, trayectos, recorridos y vivencias fluyeron de inmediato entre risas y reflexiones. ?Ustedes realizaron un recorrido arduo para estar al frente de estas organizaciones, se enfrentaron a obstáculos, debieron desarrollar sus capacidades como líderes y emprendedores, y lograron también generar cambios sistémicos de impactos de mayor o menor envergadura?, abrió el debate el profesor Berger.

?Creo que no lo vivimos como algo heroico, es algo que nos gusta, que sentimos?, explica Kon, coordinador de Programas de la Fundación Trabajo y Desarrollo Humano (TDH). Agrega que TDH trabaja en el desarrollo de personas ?y el impacto en jóvenes y adolescentes es notable?.
La entidad, creada en 1996, lidera programas que contribuyen al desarrollo digno de la persona, lleva adelante acciones de inclusión, identifica necesidades, elabora diagnósticos, diseña soluciones y promueve alianzas con empresarios, líderes sociales, organizaciones no gubernamentales y autoridades de gobierno.

?Nuestra misión es muy fuerte. Siempre hay una cuota de voluntariado y de compromiso hacia el otro?, interviene Benítez, líder y fundadora de la Asociación Responde, ONG que desde hace más de diez años intenta dar respuesta a la problemática de un sector de la población rural de la
Argentina que se encuentra en crisis por despoblamiento.

?En realidad todos los que trabajamos en estas organizaciones sociales somos felices con lo que hacemos y creo que ser testigos de un cambio en el otro y aportar a ello es un privilegio. La responsabilidad es enorme y está bueno poder hacerlo?, asegura, a su vez, Guillermina Lazzaro, directora ejecutiva para el Cono Sur de Ashoka. Esta ONG internacional se enfoca en la formación de un sector ciudadano emprendedor, eficiente y globalmente integrado en donde los emprendedores sociales puedan desarrollarse e inspirar a otros para transformarse en verdaderos agentes de cambio. Su lema es ?Todo el mundo puede cambiar el mundo?.

Por su parte, Juan Lapetini, director ejecutivo de Fundación Huerta Niño cuenta su experiencia: ?Empecé hace unos 20 años en organizaciones de la Iglesia, Caritas y Acción Católica, paralelamente entré a Telefónica en 1991 y si bien me desempeñe en áreas centralizadas como Calidad y Management en un momento me acerqué a la Fundación de la empresa donde coordinaba voluntarios. Allí sentí una fragmentación y me decidí a hacer el posgrado en el 2008 porque me dí cuenta que dedicaba mayor tiempo a mi actividad social que a la laboral.

En el 2009 me postulé para Huerta Niño a través de una búsqueda que circuló el Posgrado y cambié abruptamente de sector. Desde entonces soy director de Huerta Niño, un proyecto que me conquistó desde el inicio?. Esta ONG, con sede en Buenos Aires, trabaja desde el año 1999 para erradicar la desnutrición y malnutrición infantil en Argentina mediante la construcción de huertas de media hectárea en escuelas rurales de zonas desfavorecidas. Tiene 166 proyectos de huertas, con 9.200 alumnos y 500 familias beneficiadas.

Gabriel Berger: ¿Cómo surge la idea de volcarse al trabajo en organizaciones sociales?
Marcela Benítez: Después de siete años de trabajo académico, de viajes a diversos pueblos y de una serie de investigaciones me di cuenta que desde ese lugar no iba a transformar la realidad y que era necesario pasar a la acción. Por eso fundé Responde que al principio fue un proyecto de investigación científica y luego pasó a la práctica total. Desde el año pasado volvimos a la investigación porque resulta de vital importancia conocer el contexto de cada lugar, sus historias, su idiosincrasia, sus costumbres, la potencialidad de la población y las posibilidades de desarrollo de ese lugar. Al momento de tomar decisiones debemos saber exactamente dónde estamos parados. El 70 % de los grupos poblacionales de la Argentina son rurales y son pueblos de menos de 2.000 habitantes. Eso significa que tenemos un país de núcleos rurales.

Rodrigo Kon: Empecé a los 19 años y no estoy muy seguro de haber hecho en algún momento una elección. Me gustó y seguí esa línea. Al elegir mi carrera universitaria opté por Antropología y siempre mi vida estuvo relacionada con lo social. Nunca lo sentí como una decisión heroica. Si bien tuve que dejar de lado otras actividades como la docencia y un emprendimiento comercial para volcarme de lleno a la actividad solidaria, la evolución fue gradual. En un momento decidí profesionalizar mi labor porque era lo que más me gustaba. A partir de allí, generé fondos, puestos de trabajo y coordiné programas y talleres artísticos. Trabajé en Fundación El Otro con personas en situación de pobreza; luego fundamos la organización Crear Vale la Pena y en el 2001 empecé el posgrado en San Andrés.

Guillermina Lazzaro: Mi trayecto tiene que ver más con trabajar durante mi juventud en proyectos comunitarios y barriales ligados al colegio religioso en el que había un movimiento juvenil que trabajaba en provincia de Buenos Aires. Desde allí, en mi adolescencia, pensé en transformar la realidad. Cuando ingresé a la universidad pensé que a través de mi carrera en Ciencias Políticas podría generar cambios, me di cuenta que mi lugar estaba en las organizaciones sociales. A partir de allí empecé a pensar cómo me gustaría dejar una huella a través de las organizaciones sociales como un actor social y político. En 1997, hice una pasantía en el Congreso de la Nación y allí descarté de plano que no era a través de la política desde donde quería desempeñarme para cambiar la realidad y supe que mi trayecto sería desde organizaciones sociales. Vi un canal de acción y sabía que podría hacer mucho más desde allí. Me dije que este es el camino de mi desarrollo profesional pero también un estilo de vida. La actitud solidaria se transformó en unir la pasión y la utopía con la capacitación para poder accionar.

Juan Lapetini: En lo personal me di cuenta que no debía dividir lo social de lo privado. En ello el posgrado influyó mucho porque la interacción con el grupo humano fue positiva. Además sentí que las herramientas que adquirí en casi 15 años de trabajo en el ámbito privado son un motor importante para cumplir mi función actual en Huerta Niño. Por supuesto uno piensa que una misión social difícilmente tenga que ver con un negocio, pero noto que las herramientas de gestión del sector público y del privado están emparentadas aunque se utilicen de diversas maneras y su discurso difiera. Por ejemplo la palabra ?cliente? es simbólica porque en el sector social representa una cosa y el sector privado otra.

Marcela Benítez: En mi caso sentí que la realidad de lo académico, cuando era investigadora, no me conformaba en cuanto a los resultados y eso empezó a hacerme ruido. Percibí el sector social como un espacio en el que podía explorar con mayor libertad. En los ´90 empecé con investigaciones científicas acerca de los pueblos que estaban en riesgo de desaparición y en el 2003 renuncié al CONICET y me dediqué de lleno a Responde. El tercer sector me ayudó a descubrirme. Nunca pensé que tenía semejante volcán transformador adentro. En el 2001 hice el posgrado en San Andrés y para mi fue un hito porque ya hacía dos años que había iniciado Responde tal vez sin saber cómo se gerenciaba una ONG. En el posgrado aprendí muchísimo y pude entender lo que debía y lo que no debía hacer. Allí, Gabriel, te conocí y me preguntaste cómo me sustentaba, y me quedé sin respuestas.

Gabriel Berger: Recuerdo que me contaste que esa pregunta no te había gustado nada

Marcela Benítez: Claro, pero pronto aprendí por dónde iba el camino para ser más sustentables, caso contrario habría quedado sólo en el esfuerzo. Un día me di cuenta de que la concentración de tareas en mi persona no era operativo para Responde y sentí que la división de funciones era necesaria. Me puse al frente como máximo referente y ese fue el punto de arranque fuerte.

Gabriel Berger: Un aspecto que se observa en los cuatro testimonios es el gran compromiso personal que cada uno asumió con el trabajo. Es bueno señalar que este tipo de trabajo requiere del apoyo de la familia y me parece importante destacarlo porque el compromiso con la organización es muy fuerte.

Marcela Benítez: Es un gran esfuerzo porque se le resta tiempo a la familia, a los hijos, y lo ideal sería encontrar el equilibrio. Mi hija Verónica viajaba conmigo a todos los pueblos.

Rodrigo Kon: Uno de mis hijos nació en medio de la organización, mi mujer rompió bolsa ahí mismo, en un evento artístico.

Guillermina Lazzaro: El equipo de la organización entiende que uno viene con toda ?la mochila?: hijos, maridos, familia, y demás. El compromiso es tan fuerte que poder combinar ambos mundos es importante.

Gabriel Berger: Me gustaría resaltar que para vos Marcela fue importante contar con el apoyo de Fundación La Nación, ya que si bien colaboraban con la Universidad de San Andrés, hasta ese momento no habían elegido un proyecto en particular. Cuando conocieron Responde apostaron a vos para que puedas capacitarte.

Marcela Benítez: Mi paso por el posgrado de San Andrés fue una experiencia que me marcó y me ayudó muchísimo. Fue una manera de darme cuenta que Responde, la organización a mi cargo, necesitaba que me profesionalice y no me podía quedar en la etapa utópica o heroica del inicio. Necesitaba conocimientos. Era tremendo porque empecé a estudiar mientras llevaba adelante la ONG así que en clases tomaba notas y la mitad del cuaderno era sobre las cosas que debía cambiar al día siguiente. Como conclusión puedo decirles que el saldo es totalmente positivo, ya que desde los inicios -hace diez años en mi casa donde hicimos rifas para obtener fondos e inscribirnos en la
Inspección General de Justicia como asociación sin fines de lucro- al día de hoy que llegamos a 60 pueblos y tenemos varias empresas que nos respaldan, el recorrido fue un éxito. Es un camino de trabajo y cambios que están buenos. Le pongo ganas.


Impactos, logros, frustraciones

Gabriel Berger: Juan, vos venías de trabajar durante años en Telefónica y luego, desde hace tres años, te volcaste de lleno a conducir profesionalmente una fundación creada por otra persona. ¿Cómo fue eso?
Juan Lapetini: Huerta Niño nació hace 12 años y ayudamos a construir huertas rurales en la comunidad con la finalidad de que sea considerada como un proyecto propio de esa zona, localidad o escuela. Me encontré con una organización muy chica y muy poco profesionalizada.
Los seguimientos de los proyectos se llevaban en un cuaderno Arte y no había archivos. La gente no viajaba al lugar de los proyectos que impulsaba.
Fui respetuoso de los equipos y tiempos pero estaba muy ansioso por poner en acción mis inquietudes y proyectos. Fue importante estudiar el terreno y saber desde dónde partíamos para proyectar los objetivos. Así fue que una de mis primeras decisiones fue viajar con el fundador y tres personas a los lugares en los que desarrollábamos los proyectos, porque muchos de ellos no lo habían hecho antes. Lo más importante fue aprender a construir un equipo que trabajara en la misma sintonía.
Tenemos que estar en armonía porque de otra manera es algo muy personalista; todo proyecto debe continuar pese a que se vaya un líder.

Gabriel Berger: Huerta Niño se acopla a un programa público. ¿Es así?

Juan Lapetini: Nos acoplamos a un programa que se llama Pro Huerta, de alcance nacional que dependía del INTA y ahora del Ministerio de Desarrollo Social. No tiene una cobertura adecuada. Ellos llegan a las escuelas con cuadernos y semillas pero no con la logística adecuada.
Entonces lo que hacemos nosotros es ahondar en la detección de una comunidad con una necesidad puntual pero con un interés específico de involucrarse en un proyecto y de recibir capacitación, asistencia técnica y acompañamiento en todo lo que es infraestructura. Las huertas que creamos son de media hectárea y cuentan con todo lo necesario para su óptimo rendimiento.
En tres años el programa pasó de tener ocho proyectos anuales a 42. Cuando terminamos un proyecto hacemos un seguimiento que lo extendemos a 18 meses. Luego hacemos un cierre para favorecer el mecanismo de apropiación del proyecto, así que el modelo de intervención social se fue refinando y mejorando para tener mayor impacto.

Marcela Benítez: Encontrar el modelo de intervención es un trabajo arduo. Debemos además revisar el modelo y su contexto porque en eso se basa la posibilidad de lograr mayores réditos e impacto en la sociedad.

Gabriel Berger: ¿Adaptar el modelo de esta multinacional a la realidad local fue fácil?

Guillermina Lazzaro: En el caso de una organización internacional, lo importante es adaptarla al contexto y necesidades locales. Ashoka heredó el modelo americano y lo adaptamos a nuestra realidad, la organización sigue centrada en los emprendedores, que es nuestra razón de ser, pero además logramos ampliar la mirada. Con la participación activa de los diversos actores logramos darle sustentabilidad al trabajo de la organización adaptándolo al contexto local.
Ashoka estaba centrada en la identificación de emprendedores sociales y la mayoría de sus servicios, en los emprendedores. Con el tiempo nos dimos cuenta que además de tener un líder uno debe apoyar la capacitación del equipo como también promover las generación de segundas líneas porque el emprendedor solo no hace nada. Es un trabajo en equipo. Esta mirada tenemos en Argentina.

Gabriel Berger: En los casos de Responde, TDH y Huerta Niño se ve que los proyectos apuntan a
dejar capacidades instaladas con el objetivo de favorecer bases de resolución de problemas propios de una comunidad. Ashoka está abocada a desarrollar la capacidad del emprendedor para perdurar en el tiempo y de manera orgánica dar impulso a la pasión y el entusiasmo emprendedor.

Marcela Benítez: Cuando egresé de San Andrés, en Responde revisamos el modelo y dimos un gran viraje en el momento que decidimos buscar emprendedores en las comunidades a las que llegamos porque ellos tienen que ser el motor del cambio de sus localidades.
Antes esto no lo habíamos pensado. Tras varias experiencias los resultados fueron exitosos. Hay comunidades que nuclean las actividades de su pueblo y otros de alrededor en base a los centros sociales que ayudamos a impulsar. Otro de los desafíos es la lograr la escalabilidad, es decir no quedarnos un año y medio en cada pueblo sino estimular a la población de manera de poder hacer proyectos más cortos con impacto más fuerte.

Rodrigo Kon: En mi caso pasar de una organización con trayectoria de militancia social a una fundación con origen en el sector empresario fue un cambio importante. Es una oportunidad de aprender y generar otro tipo de impactos. Llevo poco más de dos años en TDH, una Fundación que decidió impulsar importantes cambios en su forma de trabajo. Se modificaron el tipo de acciones y se trabaja con otra dimensión, con alianzas más significativas y de más largo plazo.
La estrategia es el trabajo con otros como clave de la Fundación y las empresas que la componen.

Gabriel Berger: ¿Qué reflexiones harían respecto a los cambios en las vidas de las personas que impulsan sus organizaciones?

Rodrigo Kon: El mayor impacto lo veo en la transformación que las personas logran tras la intervención de organizaciones sociales. Creo que el cambio se da en base a un crecimiento personal y en la búsqueda de nuevas posibilidades. Para mí, ser parte de los cambios que logran algunos jóvenes es muy importante, y ver que algunos se convirtieron en artistas, músicos, técnicos en luces, organizan eventos, dirigen otras organizaciones sociales, eso es muy valioso. Se pueden lograr cambios inimaginables sobre todo en jóvenes y adolescentes.

Gabriel Berger: ¿Estos cambios sólo se dan cuando intervienen organizaciones de la sociedad civil?

Rodrigo Kon: Me parece que la capacidad de organización en barrios en situación de pobreza suele estar permeada por un esquema de participación trágico asociado al clientelismo y dinámicas que no permiten el crecimiento autónomo de la comunidad. Resulta importante que todos los jóvenes puedan acceder a herramientas sólidas para pelear contra estrategias muy pobres de seudo-participación. Debemos impulsar equipos de trabajo desde las organizaciones sociales para pensar una realidad distinta. La conversación fluyo con intensidad y cubrió varios temas adicionales de enorme riqueza?.?Aprender a influir, articular, movilizar y sostener el entusiasmo en este sector es fundamental y muy diferente a lo que prima en el mundo corporativo?, destaca Berger a modo de conclusión ante la mirada atenta de cuatro emprendedores que, aunque no desconocen los sinsabores del trabajo social, prefieren subrayar la satisfacción que nace de colaborar profesionalmente para mejorar la vida de demás.