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Ernesto Gore. Doctor de la Universidad de San Andrés. Profesor asociado en el Departamento académico de Administración y Director de la Maestría en Estudios Organizacionales de la Universidad de San Andrés.

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Búsqueda de la verdad

Nadie nace con un manual de instrucciones para vivir en este planeta, y vivir en este planeta no es cosa simple.
Entender el mundo en el que vivimos, entendernos unos a otros y entender lo que está más allá de nuestras percepciones inmediatas es la historia misma de la supervivencia de nuestro linaje. A partir de estos hechos casi innegables, se podría pensar que buscar la verdad ha sido y es una tarea permanente en todos y cada uno de los miembros de la especie. Notablemente esto no es así. Buscar la verdad, además de ser difícil suele ser considerablemente incómodo. La verdad suele alterar el statu quo y siempre hay mucha gente dispuesta a todo por mantenerlo.
Como alguna vez dijera el ingeniero von Wuthenau, rector fundador de nuestra universidad, solamente una persona libre está en condiciones de buscar la verdad. Y la libertad no solamente suele ser incómoda, también puede ser peligrosa, exige soltar ataduras externas, pero también aflojar ataduras internas, que suelen ser las más difíciles. Como si la dificultad, la incomodidad y el peligro fuesen poca cosa, muchas veces la verdad no es claramente algo útil. Es obvio para cualquiera que pueda ver que el sol gira alrededor de la tierra, y si no fuera así ¿qué más da? ¿Acaso eso cambia el horario de los trenes? es obvio que saber que la tierra es redonda no cambió la forma de construir carabelas ¿para qué sirve finalmente la verdad? Mucha gente, sensatamente, prefiere “ir directamente a los hechos”, sin perder tiempo en cosas que nadie sabe adónde van a parar ni para qué sirven. Algunos de ellos habrán sido los que construyeron carruajes con veinte caballos para acelerar el transporte. Si hubiéramos seguido los consejos de la gente “que sabe cómo son las cosas”, hoy en día en vez de vacunas para la poliomielitis tendríamos pulmotores de lujo.
La búsqueda de la verdad tiene muchos caminos, no se trata de un antagonismo entre teorías y prácticas, se puede buscar la verdad construyendo teorías o generando nuevas prácticas. También la teoría puede oscurecer la verdad cuando se convierte en una mera repetición de supuestos no verificados o puede hacerlo la práctica cuando es apenas la repetición acrítica de cosas que se hicieron antes. Lo interesante es usar la teoría para explorar nuevas prácticas y usar las prácticas para cuestionar viejas teorías, actitud que sale de suyo en quien busca la verdad.
El antagonismo real no es entre la teoría y la práctica sino entre saber y aprender. Hay gente que se enorgullece de lo que sabe, a ellos buscar la verdad le parece una actividad redundante; la duda, una debilidad; el método, una forma de la jactancia.
Para quienes se enorgullecen de su capacidad para aprender, la vida es una exploración donde solamente los valores dan un rumbo, los objetivos son una hipótesis que puede ser cuestionada y el punto de llegada es lo que debe ser descubierto. Aunque pocas veces se sepa adónde se va, siempre se sabe cuándo se ha llegado. Las universidades son organizaciones dedicadas a la búsqueda sistemática de la verdad. Aunque casi todos los países tienen instituciones que expenden títulos profesionales, no todos tienen universidades. Si uno quiere saber algo sobre Japón, ir a Japón a averiguarlo es una buena idea. Hay países en los que para saber algo sobre ellos, es mejor ir a algún otro lado. Tal vez esa es la diferencia más clara entre un país que ha logrado desarrollarse y otro que no.
Las universidades buscan la verdad a través de la investigación, pero también a través de la enseñanza, formando gente que quiera saber.
También la universidad misma, vista como organización, es una aventura eterna, buscando lo que no se sabe qué es ni cómo hacer para encontrarlo.
Por eso, buscar la verdad hace también a la conducción misma de la universidad. Una universidad se convierte realmente en tal cuando ha tomado la decisión colectiva de buscar la verdad en cada una de sus actividades y de trasmitir esa actitud a las nuevas generaciones, de alumnos, de docentes y a cada uno de los miembros de su red como un legado precioso: “Duda de lo que ya sabes, busca la verdad”.
Dejar el “sic itur ad astra” para volver al “quaerere verum” puede ser visto como un gran cambio, o simplemente como otra forma de recordar nuestra tarea. Buscar la verdad es la forma que las universidades tienen para alcanzar las estrellas.