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Carolina Aguerre.

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Mariano Tommasi

Cuando Oliver Williamson y Elinor Ostrom ganaron el Premio Nobel de Economía en 2009, la nueva economía institucional obtuvo visibilidad pública inmediata. Tommasi desde hace casi dos décadas que viene trabajando desde esta perspectiva, en la que se combina la economía y las ciencias sociales.
En su caso, para explicar los procesos de las políticas públicas en Argentina y América Latina. Su trabajo trasciende las fronteras académicas y ha sido asesor de diversos gobiernos de Latinoamérica, así como de organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.


¿Cómo te empezó a interesar la economía?

Empiezo por el final, porque he hecho una transición en la que me quedé más a mitad de camino entre la economía y una noción más amplia de ciencias sociales. Pero empecé por la economía porque viviendo en la Argentina en los años ‘70 y ‘80 cuando tenía que tomar la decisión de qué iba a estudiar, en un país con enormes problemas económicos, la economía como disciplina parecía una forma de pensar las cosas que encajaba con mis inquietudes y capacidades, y que claramente le hablaba a esos problemas. Desde el principio tuve un poquito de la intuición, y el gusto, por una cosa un poco más general que la economía propiamente dicha. A medida que fui avanzando me fui dando cuenta que en un país como la Argentina, los problemas económicos que los economistas vemos tienen una base más vinculada al funcionamiento de la sociedad, y particularmente de la dimensión político-institucional. Eso llevó a que termine estudiando más estas cosas que el funcionamiento económico propiamente dicho.


¿Sos como un puente entre un “economista tradicional” y otras ciencias sociales en tu mirada sobre las instituciones, las políticas públicas, la democracia, sobre todo en Argentina donde parecen ser ámbitos más distantes entre sí?

El ámbito internacional en el cual me muevo se cruza con áreas que vistas desde la economía se podrían llamar la “nueva economía institucional” que tiene mucha relación con la política, la sociología, la historia, la psicología a veces. Más estrictamente dentro de economía es un área que llamamos political economy, que es como una interfase muy fuerte con ciencia política, ya que por el enfoque se parece a un pedazo de la ciencia política, o también un enfoque de la ciencia política conocido como rational choice. En todo este espacio hay miles de investigadores que son tipos que conversan muy bien entre ellos hacia afuera de su disciplina, además de hacia adentro. En Argentina hay como en todos los casos de eso aunque menos, pero de todas formas es un ámbito muy interesante y estar en San Andrés es un privilegio, porque es un lugar relativamente chico pero con mucha articulación entre disciplinas. Acá hablo todos los días con colegas de historia, de ciencia política, de derecho, que en una gran universidad americana tendría que cruzar varios edificios para encontrarlos, eso está muy bueno.


¿Cómo relacionas la nueva economía institucional, siendo para vos la perspectiva institucionalista que más te sirve, o más relevante para tu trabajo, con tu trabajo inicial en Chicago con Gary Becker?

Cuando hice el doctorado en Chicago, donde había muy buenos economistas en el sentido tradicional, obtuve mi formación técnica y todo ese instrumental. En términos de temas había algunas personas con características más especiales, como el caso de Becker que es famoso por ser un economista que aplica el enfoque económico a temas sociales, culturales, religiosos, políticos, familiares, educativos. Fui su alumno y me marcó bastante. Después, a medida que iba trabajando con distintos problemas y que me crucé con personas con intereses en común, terminé arrimándome más a esta área de new institutional economics que, sería el pedacito de la economía moderna más o menos respetada internacionalmente que tiene mucha interfase en cuestiones políticas, históricas, jurídicas, y es un lenguaje que me resultó cómodo. Toma elementos que en la economía vienen de la organización industrial, de la teoría de la agencia, de teoría de las instituciones y además se cruza con el trabajo de otras personas en otros campos.


Te has dedicado mucho a analizar a la Argentina y al contexto latinoamericano, ¿qué es lo que encontras de específico en tu investigación cuando dialogas con colegas de otras regiones en desarrollo o de países desarrollados? ¿Cómo caracterizarías la especificidad de América Latina y de Argentina en tu investigación?

Dejáme que haga una comparación entre 3 casos muy estilizados: uno sería el primer mundo, EEUU, Europa y un par más, el otro extremo sería la mayor parte de África - aunque mucho de África no conozco - después como un caso intermedio sería América Latina. Lo que tiene de particular América Latina - y esto está muy ligado a mi propia investigación, quizá no es lo más importante en sí mismo- es que tiene como una mezcla de características. Sistemas relativamente institucionalizados, como son los europeos, el norteamericano, que conviven con sistemas súper primitivos de dominación, prácticamente por la fuerza y por las armas. Creo que estamos en una etapa de desarrollo económico-institucional intermedio, tenemos una mezcla en donde el funcionamiento de la institución jurídica es “perfectito”, mezclado con que al final eso no se aplica y nos agarramos a trompadas. Así que creo que esa es una característica importante y acá - salgo de la realidad y hablo más bien de mis investigaciones - a mí algo que me motiva mucho es cómo desarrollar un instrumental de análisis mixto, donde tenés componentes similares a países como Alemania o Estados Unidos en el detalle del sistema político institucional, donde a las reglas formales hay que respetarlas, y en la Argentina no somos tan bestias de que no importan, sí nos importan. Sacamos una ley y lo que dice la ley algún impacto tiene, pero eso, mezclado con análisis de contextos mucho más des-institucionalizados, más fluidos, más abiertos, más inciertos o donde las cosas se resuelven por otros mecanismos, esa interfase entre las dos es lo que sucede en un país como la Argentina. Acá hay algunos ámbitos súper institucionales y después tenés algunas relaciones de dominación casi feudal y primitiva en algunas partes del territorio. Creo que esta es un área muy importante para entender cómo funcionan las instituciones, para tratar de ayudar a que funcionen mejor y también como un buen desafío académico, porque no hay mucho instrumental. Lo que está desarrollado está bien pensado para analizar detalles del Congreso de EEUU, o la gente que se está matando a tiros, pero no hay desarrollos para analizar las dos cosas juntas y es un campo muy interesante a investigar.


Pensando en las democracias, si querés no sólo hablar de la Argentina sino también de la región, se habla mucho de un progresismo de los gobiernos en la última década. ¿Cómo ves el impacto de estos gobiernos en las políticas públicas de la región, en los indicadores de crecimiento, en la redistribución, en la calidad institucional?

Creo que los países latinoamericanos han tenido algunos vaivenes, acompasados con movimientos en cierta dirección política, económica y social. Todos, de una manera u otra, venimos de la época de modelo de desarrollo Estado-céntrico, de una economía cerrada, en el que en un lapso de unos quince/veinte años hicimos algunas transformaciones muy importantes en el terreno democrático, y también algunos cambios para dar un poco más de espacio al funcionamiento de los mercados. Después, buena parte de los países latinoamericanos dados los resultados de las reformas pro mercado, que fueron menos de lo prometido en casi todos los casos, llevaron adelante una re-configuración del espacio discursivo y político hacia -en la mayoría de los países - opciones más progresistas, con matices progresistas en serio y progresistas disfrazados digamos. Yo creo que todos esos movimientos tienen su lógica y son positivos, son fases de acomodamiento, como de hacer ajustes en las dimensiones que son más problemáticas. En el momento de la gran crisis económica, la clave es ordenar un poco la economía, en momentos de que esto tiene buenos resultados pero hay un déficit social hay que moverse en busca de encontrar políticas más inclusivas. Eso ha pasado en todos los países, y en líneas generales es saludable que haya pasado y el legado que deja en términos de construcción de capacidades estatales y para las futuras posibilidades económicas. Creo que eso sí es muy distinto entre los países y yo tiendo a pensar que la Argentina en algunos aspectos, como el democrático y el institucional en cierto nivel avanzó durante la época de las reformas de mercado en el reordenamiento de algunos aspectos de la economía. Pero quedaron enormes cuentas pendientes en temas sociales, y una gran pérdida de oportunidades de construcción de capacidad institucional, estatal, incluso construcción de sustentabilidad a largo plazo de la economía. Por ejemplo, todo lo que se ha hecho en el pasado durante las reformas liberalizadoras y ahora en materia provisional, para mí es un desastre que dejan un enorme agujero económico, fiscal y político que seguramente no va a explotar hoy, pero que en el momento que explote va a tener costos enormes. Es decir, muchos países se sumaron a estos vaivenes, pero más o menos pudieron ajustar las políticas con cierta coherencia, resolviendo los problemas concretos y no como nosotros que nos vamos de bandazo conceptual enorme, pero que ante el problema concreto no hacemos nada para resolverlo.


¿En el mundo ideal, qué te gustaría investigar?

En líneas generales lo que vengo investigando está bastante cerca de lo que querría hacer. Estas cuestiones institucionales, con aspectos que funcionan a medias, las causas y los detonantes políticos de esto. Por ahí me interesaría, y esto es más ya una cosa teórica, es estudiar los aspectos fundacionales, los fundamentos de la acción colectiva, cómo es que la gente se empieza a organizar para hacer actividades y cómo son las dinámicas. Ver en la realidad lo que los modelos teóricos te dicen que va a funcionar y lo que no. Me parece muy interesante ver cómo ciertas cosas se van institucionalizando, des-institucionalizando y cómo las ideas sobre qué hay que hacer van a veces saliendo de los puntos focales para que se den ciertos desenlaces y cómo una gran cantidad de factores coyunturales influyen sobre los senderos que se toman.


¿Supongo que te interesa que tu trabajo llegue a más públicos además del académico?

La verdad que me gustaría mucho. Por distintas vueltas de la vida en una fase de mi carrera, cuando volví de EEUU interactué bastante con ciertos públicos, políticos, técnicos de partidos políticos y empresarios, entre 1997 y 2001, pero después en parte por una cuestión de fondos por la caída de la convertibilidad, y en parte por una cuestión de la dirección que empezó a tomar el país en ese momento, me retraje un poco y me volví más un exportador de productos académicos al exterior. Los últimos años le he estado hablando el 90% de mi tiempo a una audiencia internacional en inglés distinto al gran público doméstico. Pero es una deuda pendiente.


Pero el hecho de hacer trabajos para el BID o el Banco Mundial, logra el efecto derrame de conocimiento a otros ámbitos digamos.


Sí, eso está bien, de hecho también lo que pasa es que muchos de estos organismos operan con una lógica regional, entonces muchas de las cosas que yo hago tienen como un sabor latinoamericano, y de hecho se usan en otros países de América Latina. Una de mis grandes frustraciones, que en parte es personal, pero en parte es también por el país, es que la Argentina por una serie de características del sistema político y el uso, la articulación entre el saber técnico, la discusión pública y la política pública es mucho más difuso, mucho más distorsionado, mucho más ruidoso que otros casos. En un sentido es más fácil generar ideas lógicas y que se apliquen, en Colombia o en Méjico, por no mencionar siempre a Chile, que en Argentina.


¿Te parece que durante los ‘90, o durante la segunda parte del alfonsinismo eso cambió, es decir, los economistas tenían un rol diferente al de hoy en Argentina?

Hubo una cierta tendencia positiva que empezó con el alfonsinismo, que siguió con el menemismo y durante la Alianza con ciertos matices, no tanto porque fueran economistas - porque en realidad yo también me movía en el espacio de las políticas públicas con gente que son especialistas en otras disciplinas y se iba avanzando en dirección correcta, con grandes problemas estructurales de todas maneras. Lamentablemente eso se cortó en la dinámica política y desde entonces se retrocedió bastante en términos generales. Otra gran frustración es que conozco mucha gente joven súper inteligente, o con mucha capacidad de trabajo, o con mucho empuje y voluntad, que serían ideales para trabajar o en el sector público y lamentablemente la Argentina, sobre todo en los últimos años, te desalienta a hacer eso.


¿Cómo analizas la contribución de las universidades y los think-tanks en el pensamiento económico argentino de los últimos años?

Para mí en la Argentina los think-tanks y las universidades están más o menos articuladas y es un espacio interesante. Pero creo que el gran problema está en el paso final, si se quiere con “la demanda”, y eso repercute en la estructura, en el funcionamiento e incentivos de estos lugares. El sistema político, el último lugar de discusión e implementación de políticas, por diversos motivos no es un demandante continuo, institucionalizado y lógico de este conocimiento. Esto en parte lleva a que los propios think-tanks, y universidades también sean más desarticulados, más débiles, no tengan tanta consistencia en el tiempo y que la gente tenga que tener estrategias de supervivencia profesional, lo que en parte te debilita en este espacio. Yo me he dedicado mucho más a hablarle a Washington que a Buenos Aires porque Buenos Aires no escucha, digamos. Y como eso hay miles de personas que podrían estar mucho más articuladas en la discusión pública acá, pero las características del sistema no son muy conducentes.


El conocimiento queda encajonado.

Hay muy poca acumulación de conocimiento en el sector público, no sucede en los partidos políticos, que no tienen think-tanks en serio, y hasta actores como los empresarios no están lo suficientemente organizados e institucionalizados como en otros países. Hubo alguna relación así, puntual, con algunos lugares tipo FIEL en su fundación, pero es un ejemplo muy puntual y desarticulado a diferencia de Chile, por ejemplo.


Se habla mucho de la “calidad institucional”, pero ¿cómo la caracterizarías desde la economía?

Es uno de estos términos vagos que se usa en muchos ámbitos queriendo decir distintas cosas, pero los economistas que trabajan estos temas y hablan de calidad institucional se refieren a una serie de cosas que por lo general tienen que ver con estas instituciones que le proveen el soporte al funcionamiento de la economía, como el tema del rule of law, el funcionamiento del sistema judicial, hasta qué punto el poder judicial, político, policial hace cumplir los contratos, hasta dónde lo hace cumplir bien y no de manera arbitraria, depende de si tenes amigos en el poder o no, si te quieren apretar por algo o no. Lo institucional sería eso, como la idea que viene en los trabajos de Williamson sobre las instituciones económicas del capitalismo y qué se yo, y cómo funcionan todas esas instituciones - que es lo que está alrededor para que después el mercado y los intercambios privados más o menos puedan funcionar. Por lo general se refieren a eso, después obviamente en otros contextos calidad institucional ya más en la ciencia política se refiere más a conceptos de protección de derechos, más generales que sólo lo económico y de previsión, así como cierta justicia en el proceso público. Pero es una palabra que efectivamente es muy usada y cada uno la mide como quiere y todo el mundo la usa alegremente. La verdad es que trato de evitar este término, aunque a veces es como la muletilla fácil para sintetizar muchas cosas y no tener que explicar demasiado. Algo parecido me pasa con el concepto de debilidad institucional. Cuando aparece un tema muy complejo para explicarlo bien nunca te pones de acuerdo, pero bueno decís debilidad institucional rápido y más o menos la gente sabe de qué estás hablando. Es parecido, que tiene que ver con si los ámbitos donde se deciden y hacen cumplir las reglas son las instituciones más formalizadas o si son otros ámbitos.