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+ San Andrés. Por Mariana Grossi

Graduados

Pensar con el cuerpo

María Emilia siempre se sintió atraída por las artes y la literatura, pero empezó a estudiar abogacía, y rápido decidió que no.
Pensó en viajar y estudiar algo vinculado a las artes escénicas, pero se dio cuenta que todavía no era el momento. Encontró que la carrera de Comunicación le permitía seguir buscando mientras continuaba con su formación como actriz, cantante, dramaturgista, directora y productora teatral. La verdad sigue siendo la misma. A María Emilia le interesan muchas cosas, pero ahora ya tiene un espacio donde todas ellas se juntan, se alimentan, se dan forma y se transforman. ?Virginia Woolf fue un referente para mi desde la adolescencia. El primer texto que leí de ella: Un cuarto propio. Después, La señora Dalloway. Siempre me interesó su forma de escribir, la musicalidad de su escritura, la experimentación, los temas que atravesaban su obra. El ensayo Un cuarto? se fue convirtiendo en una especie de guía cuando a los 18 años entré a la Universidad, empecé a dedicarme a los estudios de género, a la performance. Volví a leer a Virginia Woolf con Florencia Garramuño que fue mi mentora en la carrera y en la tesis, precisamente sobre Cuerpo y género en el nuevo teatro argentino. Después obtuve la beca para perfeccionarme en la Tisch School of Arts, de la New York University?, así de claro le explica María Emilia a la periodista que le hace una entrevista para el suplemento Las 12 de Página 12. Así de natural es su encuentro con Virginia Woolf, y al mismo tiempo su encuentro con lo performático, un espacio que le permite unir sus dos mundos, el académico y el artístico. Durante todos los domingos de septiembre y octubre, María Emilia produjo y dirigió Freshwater, la única pieza teatral de Virginia Woolf, en Ciudad Cultural Konex. ¿Cómo se puede entender el concepto de performance? El primer recorte que puede hacerse sobre la o el performance consiste en comprenderlo como un concepto bisagra que se utiliza, por un lado, para nombrar ciertas cuestiones vinculadas a la crítica cultural, y por otro, para denominar algunas prácticas artísticas o referir a problemáticas relacionadas a los cruces y experimentaciones entre las artes visuales y las escénicas surgidos en los 60s y 70s, como por ejemplo los happenings. Pero si pensamos la o el performance desde los estudios culturales y académicos vemos que tiene distintas fundaciones. Podemos entender el concepto a partir del cruce entre la antropología cultural y los estudios teatrales que dio forma al Departamento de Estudios de Performance en Nueva York; o también encontramos el concepto de performatividad en la pragmática inglesa representada en los años sesenta por el filósofo J.L. Austin y su Teoría de los actos de habla donde proponía que hablar no era sólo informar sino también realizar algo. Más adelante, el concepto de performatividad es tomado también por los estudios de género. Progresivamente, fue habilitándose el contagio entre las distintas disciplinas como el teatro ? y demás artes escénicas -, la antropología, la lingüística y los estudios de género. Se fueron cruzando miradas y se comenzó a explorar a partir de sus mutuas influencias. A esto se lo conoce como el ?broad spectrum? que podría traducirse como el ?enfoque expandido?. Por ejemplo, se producen cambios en la manera en que se analiza el contexto social desde una perspectiva teatral y, al mismo tiempo, dentro del teatro se incorpora una mirada vinculada a la perspectiva del ritual siguiendo una línea de investigación iniciada por el antropólogo cultural Víctor Turner. Así, comienzan a crearse y fomentarse espacios nuevos de intervención y experimentación. ¿Cómo llegas al concepto de performance? Sin buscarlo de manera muy racional o clara, me di cuenta que estaba vinculaba a la performance desde sus dos facetas. Estaba presente en toda mi formación intelectual que tenía que ver con los estudios de género y la performatividad del género que había llevado a cabo durante mi carrera en San Andrés. Pensando la performance como un concepto que nos permite ir desde el arte hacia lo social y, al mismo tiempo, desde lo social al arte, tanto desde la práctica como la teoría (ver recuadro Cómo lo académico da forma y transforma los intereses y las producciones artísticas). Y por otro lado me vinculaba desde mis prácticas artísticas que se alejaban del método y la propuesta del teatro realista. Yo buscaba un acercamiento que me permitiera experimentar el teatro desde el trabajo con el cuerpo, alejándome de la interpretación actoral de corte más psicologista y que proponga una relación con el texto teatral menos tradicional y que esté en conversación con otras disciplinas artísticas. Entonces fue natural que encontrara en la performance ese espacio que me permitiera unir la teoría y la práctica, el trabajo interdisciplinario y de esa manera sintetizar mis múltiples intereses. ¿Por qué elegiste el texto Freshwater de Virginia Woolf para transformarlo en tu primer proyecto como directora y dramaturga? Mi historia con Virginia Woolf es larga, y mucho más de lo que recordaba cuando inicié este proyecto. Mientras estudiada en San Andrés viajé a Londres, a University of Westminster, a través de un programa de intercambio, donde tomé un curso sobre Modernismo Inglés y profundicé mi interés en la obra de Virginia Woolf. Más adelante, fui a Nueva York para hacer la maestría en Performance Studies en New York University, Tisch School of the Arts y conocí el trabajo de Anne Bogart que tiene una compañía que se llama SITI Company, con la que entrené durante mi estadía allí. Su mirada sobre el teatro está atravesada por los Estudios de Performance (ella es egresada del mismo programa que yo) y produce espectáculos y ha desarrollado su propia metodología, utilizando estructuras de composición provenientes de la danza y recursos pertenecientes a las artes visuales. Esa misma directora, llevó la obra Freshwater a escena y eso hizo que vuelva a prestarle atención a ese texto en particular. ¿Cómo trabajaste con el texto para adaptarlo a lo que vos querías proponer a través de la puesta en escena? Freshwater es la única obra de teatro que escribió Virginia Woolf y sufre el estigma de estar marginada del canon literario porque es considerada una obra menor, ya que ella no la escribió para ser publicada sino para ser representada entre amigos en el cumpleaños de su sobrina. Esta obra tiene dos versiones, la primera la escribió en 1923 como un escrito paralelo que llevaba adelante para distender el proceso agónico que atravesaba cuando escribía Las Horas que después se llamaría La Sra. Dalloway. Y en 1935 cuando termina de escribir Los años, vuelve sobre la obra pero de una manera completamente diferente: es más larga, con muchas más interacciones y diálogos más cortos. Cuando leí el texto me pareció que le hacían falta ciertos elementos que consolidaran la acción dramática y el desarrollo del relato, y noté, al mismo tiempo, que se sugerían algunos juegos teatrales pero que no estaban acabados. Lo que hice fue tomar ciertos elementos de la primera versión e introducirlos en la segunda, de esa manera pude acercarme más a las problemáticas que caracterizan la obra de Virginia Woolf y también, dentro de la estructura del texto dramático, enfatizar y poner más en evidencia las convenciones y arbitrariedades característicos del teatro del absurdo. Al iniciar el proyecto también comenzó un serio trabajo de investigación. Estudié profundamente la biografía de Virginia Woolf porque Freshwater está plagada de referencias. Tiene muchos datos biográficos concretos a los que hace alusión de manera permanente, y también, tuve que investigar sobre la cultura victoriana inglesa porque la obra menciona a personajes y ?hechos? históricos reales. Todo ese trabajo me ayudó a armar un dispositivo escénico que me permitió traducir a nuestro imaginario esos chistes internos vinculados a cuestiones localistas del texto. ¿Qué elementos tuviste en cuenta a la hora de armar el equipo técnico y de actores? Ya que era la única obra de teatro escrita por Virginia Woolf y que iba a ser la primera vez que se haría en español, quise congregar a un equipo creativo de mujeres para hacernos eco del planteo de la autora de encontrar una estética relacionada con lo femenino. Por supuesto que la idea es hacer un homenaje desde otro lugar y ver cómo nos relacionamos con esa propuesta desde las condiciones de producción actuales que alteran y definen la propuesta final que se ve. Para armar el elenco de actores presté atención sobre todo al physique du rôle y también que los actores fuesen capaces de tener un registro actoral que habilite las operaciones del texto relacionadas con cierta disociación entre lo que se dice y lo que sucede, característico del teatro del absurdo. Para mí era importante que los actores pudieran sostener un tipo de interpretación no realista sino más ligada a la caricatura y a la farsa. Y por suerte lo logramos. Dediqué mucho tiempo a trabajar sobre improvisaciones y sesiones de experimentación para poder acercarles sensiblemente a los actores el imaginario y el código de la obra. Además, de trabajo de mesa y lecturas para informarlos acerca del contexto histórico de la obra y los personajes. Todas búsquedas dentro de la metodología en la que a mí me interesaba trabajar como directora. ¿Cómo fue financiado el proyecto? El proyecto lo llevé adelante con la ayuda financiera de un sponsor y también con mi dinero. Esta situación, además de implicar un riesgo, me hizo tomar la decisión de ser la productora y la directora de la obra. Entonces, estar en el lugar de la producción y el de la dirección me dio cierta fluidez y tranquilidad para controlar los medios con los que contaba y poder disponer de eso creativamente. Otra vez volvemos a lo mismo, las condiciones de producción ?incluyendo lo económico- determinan el producto final, lo que se va a ver. Como era mi primera vez produciendo me asocié con otro productor que me ayudó a conocer cómo funciona el circuito de las salas que es bastante complejo. También tuve que aprender a coordinar equipos de personas, cumplir deadlines y al mismo tiempo procurar un espacio de trabajo e investigación consciente y responsable junto a los actores. ¿Cuáles son tus próximos proyectos? Siempre estoy pensando en otras cosas. Hace un tiempo que empecé a escribir lo que podría ser mi primera obra. También tengo muchas ganas de volver a actuar, por lo que estoy pensando en distintos proyectos con algunos colegas. Y también me interesa hacer otras puestas como directora y productora, aprovechando todo lo que aprendí y me equivoqué en Freshwater. Cómo lo académcio da forma y transforma los intereses y las producciones artísticas. El encuentro que se produjo entre María Emilia y Florencia Garramuño, como su tutora de tesis en la Universidad, marcó su desarrollo profesional. El tema de su trabajo de graduación, ?Voces fragmentarias, cicatrices de un dolor originario? Cuerpo y Género en el Nuevo Teatro Argentino?, le permitió encontrar un espacio capaz de sintetizar e integrar distintos intereses intelectuales y artísticos. Descubrió el concepto de performance, su campo de estudio y la posibilidad de unir la teoría y la práctica. Para desarrollar su tesis analizó tres obras del nuevo teatro argentino a través de la mirada de tres artistas bastante particulares y diferentes entre ellos. Trabajó con Ricardo Bartís en su versión del mito de Don Juan ?Donde más duele?; con Pompeyo Audivert en su versión de un texto de Griselda Gambaro ?La señora Macbeth?; y con Ana María Bovo en su versión del texto de Flaubert ?Madame Bovary?. ?Estudié las obras pero sobre todo las puestas en escena porque es un tipo de teatro que tiene una relación muy particular con el texto, y también está más relacionado a la performance y a lo performático. Mi tesis defendía que ciertos recursos y articulaciones que se venían formulando a partir de los años 90 en el teatro argentino alternativo estaban ligados a las mismas articulaciones y operaciones que se estaban dando dentro del feminismo, y que en esa coincidencia podría plantearse una revisión de la mirada con la que se evalúa al nuevo teatro argentino desde una perspectiva de género?, explica María Emilia. ?Entendí que había experiencias personales que entraban dentro de relatos teóricos que tenían que ver con el feminismo, y que había ciertos conceptos y tendencias dentro de los estudios académicos que podían englobar la multiplicidad de intereses que yo tenía. Así llegué al concepto de performance y entendí que muchas de las cosas que yo venía haciendo desde el teatro y muchas otras que me interesaban de mi formación universitaria podían encontrar un espacio para ser contenidas?, concluye. Cuando terminó su tesis tuvo mucho más claro cómo moverse de manera interdisciplinaria dentro del arte manteniendo una misma línea y una misma cohesión. Y se dio cuenta que lo académico no es antagónico a lo artístico, sino que muchas veces puede dar forma y transformar los intereses y las producciones artísticas.