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+ San Andrés. Por Carolina Aguerre

Profesores

La consolidación de un campo disciplinar y de una vida académica

Entrevista a Catalina Wainerman.
Catalina Wainerman es una referencia de las ciencias sociales argentinas. Discípula del fundador de la carrera de Sociología en el país, Gino Germani, su extensa y prolífica carrera es una evidencia del compromiso con la investigación en este campo. La mirada científica jamás abandona su personalidad, comprometida con la comprensión de la realidad social.

Antes de comenzar la entrevista habla con orgullo de los cinco doctores en Educación que acaban de recibir su título en la última ceremonia de graduación de octubre. Desde el 2004 dirige el Doctorado en Educación en la Universidad de San Andrés y en 2005 el Área de Investigación en la Escuela de Educación.


¿Cuándo te decidiste por la vida académica? ¿Fue de entrada a los 17 o 18 años?

No, yo de entrada terminé la escuela secundaria y tenía mis horrorosas dudas entre Arquitectura y Filosofía. Terminé después de dolores de estómago, noches de insomnio y todo lo demás, entrando a Arquitectura pero porque venía de la mano de mi hermano mayor y de sus amigos. Él era muy sociable y el tipo de vida en Arquitectura era algo muy atractivo para mí: se trabajaba en grupo, se hacían entregas colectivas, se quedaban toda la noche sin dormir y eran muy divertidos. Creo que me atrajo eso.
Estuve 3 años y medio. Y me llevó ese tiempo dejar Arquitectura para hacer otra cosa. Me arrepiento del sufrimiento, no de la apreciación del espacio arquitectónico que adquirí para toda mi vida. Amo la arquitectura y el urbanismo. Y tengo la capacidad de valorar el espacio más allá de lo intuitivo. Pero bueno, terminada sin ninguna facilidad terapia mediante - recién empezando la terapia en Buenos Aires - decidí irme a Filosofía y Letras. Y ahí otra vez se me planteo si me metía en Filosofía, Sociología o Psicología. En esa época Sociología y Psicología, al igual que Ciencias de la Educación, se cursaban en Filosofía y Letras y había un primer año de introducciones a la historia, a la literatura, a la filosofía, etc. Y bueno, lo escuché a Germani en introducción a la Sociología, Germani, creador de la sociología científica en Argentina. Lo esperé a la salida de una clase…


¿Te acordás de aquel el día?

Fue en 1957 o 1958… Las clases eran donde hoy es el rectorado, en Viamonte entre 25 de Mayo y Reconquista. Lo esperé a la salida y le dije que yo quería saber que era esto de la Sociología, porque no me podía decidir por Psicología, Sociología y Filosofía. En el ’57, después del peronismo, hubo un florecimiento en el mundo de la cultura. En el caso de la Universidad de Buenos Aires se crean en el ámbito de la Facultad de Filosofía y Letras tres carreras modernizantes: Sociología, Psicología y Ciencias de la Educación. Sociología, hasta el momento, había sido una disciplina que era más similar a la Filosofía Social. Estaba más cerca de la Filosofía que de la investigación empírica. Y Germani crea una carrera, que no solamente era docencia sino también investigación y extensión con el criterio de una sociología como actividad de producción de conocimiento científico. Es decir, basado en la idea de que es posible, susceptible, el conocimiento científico de la realidad social.
Germani me dijo, en su cocoliche que lo recuerdo muy bien, que lo acompañara que iba al departamento de Sociología que quedaba en Florida, entre Viamonte y Tucumán. En el camino, que fueron dos o tres cuadras, me dijo que lo que podía hacer era incorporarme a trabajar en la biblioteca. Yo le dije que en la biblioteca no iba a ver lo que es la Sociología, porque de libros entendía, pero lo que quería era la acción. Entonces me dijo que hablara con Ana María Eichelbaum de Babini. Ella estaba en los comienzos del trabajo de campo de una investigación sobre pautas de crianza temprana en familias de diversas clases sociales.


Ese día te cambió todo.

Ese día dije “bueno, yo quiero Sociología” ¿Qué hice? Empecé a hacer entrevistas a familias de sectores bajos, medios y medios-altos y me fasciné. Las entrevistas eran con madres acerca de la socialización temprana de sus hijos, porque en su momento se discutía si las pautas de socialización temprana eran diferenciales según clase social, en qué medida formaban la personalidad y eran diferenciales en cada clase social, y además qué efectos podían tener en la estructura de la personalidad - si tenían alguno.


¿En qué cohorte estabas?

Entré en el ’58 y creo que la carrera empieza en el ’57. Pero de alguna manera la primera y segunda se pegotean. Mis compañeros eran gente conocida hoy, que se siguió dedicando a la academia: Elisa Cruces Celini, Jorge Balán, Ruth Sautu…


¿Cómo organizó Germani este nuevo campo disciplinar?

Nunca he conocido a una persona con la capacidad organizativa, la visión de lo que es el desarrollo de un campo disciplinar como Germani. Hay otros seguramente, pero yo no he conocido a nadie como él. Creó el área de docencia, el área de investigación y junto con eso, la biblioteca, ámbito de publicaciones producidas dentro del propio departamento de sociología. Crea el personal docente con gente que de alguna manera había tenido interés en la sociología. Tenían estudios de grado en otras carreras, se acercaron a él y medio de manera autodidacta, leyendo bibliografía, se convirtieron en docentes de la carrera de Sociología. Enrique Butelman, uno de los tres dueños de Paidós en ese momento que estudió Filosofía y allí se había conocido con Germani; Norberto Rodríguez Bustamante que también venía de Filosofía, al igual que Eliseo Verón, que era el más joven. Ana María Eichelbaum de Babini venía de Pedagogía. Jorge Garciarena venía de Economía. Torcuato di Tella de Ingeniería, pero con muchos conocimientos de Economía. Bueno, con estos y algunos otros Germani armó el cuerpo docente. Como tenía clara conciencia de que con este cuerpo docente tenía un límite, primero se propuso hacer la licenciatura. Pero para completar la formación traía gente de Estados Unidos, de Francia, algunos de Brasil. Para ello estableció redes con la Fulbright, redes con el Conicet que se acababa de crear, redes con instituciones que le permitieran utilizar fondos para traer docentes. De Estados Unidos vinieron personajes Rose K. Olsen, con quien yo me formé después en Estados Unidos; Kalman Silvert, politólogo estupendo; de Francia Alain Touraine que era un joven promisorio en ese momento; de Brasil Fernando Henrique Cardoso, Tulio Faletto. Con ellos completaba nuestra formación de licenciatura.


¿Cómo se formaban los investigadores?

Él sabía que para seguir adelante había que irse a estudiar afuera para la Maestría y el Doctorado. Estados Unidos, Inglaterra, Francia en ese orden de frecuencia gracias a que nos presentábamos a becas CONICET y que teníamos la posibilidad de ser recomendados por alguna persona que había venido a dictar un curso del exterior y docentes locales. Las mismas redes que él ya había tejido, más las redes que se extendían con la gente que venía, permitió contar con referentes y presentadores a las universidades norteamericanas a las que íbamos, que eran de las difíciles. Además veníamos del sur, donde no había antecedentes de la Argentina y por lo tanto los programas de Sociología en Estados Unidos no sabían qué había por acá. Fuimos abriendo el camino.
Además Germani crea el Instituto de Investigaciones, donde se hacía investigación bajo su dirección y la de algunos docentes. Era un esquema donde los docentes hacían investigación. De esas investigaciones salían publicaciones. Hubo dos líneas de publicaciones, una, que está acá en la biblioteca de UDESA porque hice una donación, eran los boletines del instituto; y otros creo que eran cuadernos del instituto. La otra cosa que hacía, dado que no había literatura en español, fue armar lo que yo llamo un ejército de traductores entre los que podíamos traducir de inglés al francés y traducíamos capítulos de libros y artículos de revistas seleccionadas por él para cada cátedra. Además incidió sobre los programas editoriales de Paidós. Se tradujeron Max Weber y muchas otras obras. Tenía una clara imagen de lo que era armar un campo disciplinario.
No puedo decir cuál fue el momento pero fue claro: muchos de nosotros nos encolumnamos atrás de Germani en una especie de carrera pionera abriendo caminos. Teníamos un orgullo de pertenecer. Germani nos formateó hacia la vida académica, clarísimo. En esa época se veía mal, recién empezaba la investigación y la opinión pública de mercado. Y a quienes se dedicaban a eso, nosotros los mirábamos con desdén. Así que de allí me fui a estudiar a Estados Unidos, ya formateada.


¿Cómo fue la experiencia en una universidad Ivy league como Cornell, viniendo de una carrera nueva en la Argentina como la Sociología?

Cornell era una universidad muy cosmopolita y nosotros teníamos un nivel absolutamente estupendo. Por un lado porque la estructura de estudios en Estados Unidos es bien diferente de la Argentina. Acá entramos desde primer año en la licenciatura y seguimos 5 años en una disciplina. Mis compañeros norteamericanos empezaban con la sociología o especialización en Sociología recién en la maestría. Lo único que teníamos era un atraso en la bibliografía de unos cinco o seis años.
En Cornell además aprendí los aspectos profesionales de la vida académica. Esto quiere decir: cómo se arma una ponencia, cómo se escribe un curriculum, cómo manejarse en una gran biblioteca. Realmente eso es lo que aprendí. Por supuesto que también aprendí cuestiones de contenido, pero como los docentes ya desde hace cuarenta años privilegiaban la investigación por sobre la docencia, nosotros los estudiantes éramos molestos para ellos porque los distraíamos del tiempo importante de investigación para la publicación.


¿Y cómo has visto evolucionar la Sociología desde Germani hasta hoy en la Argentina y en el mundo? ¿Otras disciplinas, como la ciencia política, le han sacado espacio?

Una cosa es la Sociología en los Estados Unidos, otra es la Sociología en Inglaterra o en Francia. En los Estados Unidos, desde hace algo más de 20 años, la sociología para mí se ha convertido en estadística. La carencia de teoría es impresionante y además, siendo muy drástica, se investiga lo que es susceptible de medición mediante las técnicas de análisis estadístico. Aquello que no es soportado por ciertas técnicas, por ejemplo los valores, el mundo de la cultura, no es estudiado. La sociología para mi gusto en Estados Unidos se ha “desteorizado”. Nunca fue demasiado fuerte en teoría, pero tenía antes la influencia de la Escuela de Chicago de los años ’30, con observación de la vida real. La carne y hueso han desaparecido hace años. Me acuerdo de un artículo que fue muy central en una conferencia de la American Sociological Association de 1964 que dio George Homans que se llamaba “Bringing men back”. Esto mismo veo que pasa ahora en Ciencias Políticas. Me parece aberrante porque considero que las ciencias sociales han tomado el modelo de las ciencias naturales, exactas, llamadas “duras”. Cuando te presentás a un subsidio para una investigación te dicen que explicites la hipótesis a someter a prueba, pero en realidad nuestra investigación tiene como objetivo muchas veces describir la realidad social, que es poco conocida. Antes de explicar hay que describir. Sino describís te salteas a la explicación directamente, es un sin sentido para mi gusto. Nos falta muchísima descripción acerca de cómo funciona la realidad. En el proceso de generación de conocimiento, cualquiera sea el tema, uno empieza por explorar cómo es el elefante, uno sigue por describir al elefante, luego qué factores pueden tener algún rol explicativo, y luego seguir por la explicación que supone la puesta a prueba de hipótesis. Pero, empezar por una prueba de hipótesis, por una explicación, es una petición de principios.
Inglaterra tiene o conserva la capacidad, de la virtud de mixtura entre teoría y empiria. Francia tiene lo contrario, los florilegios y el juego del lenguaje sin demasiada inclinación por la base empírica y el pensamiento racional, con algunas excepciones como el señor Bernard Lahire, que es mi descubrimiento de este año. Fue formado por Bourdieu en los ochenta. Tiene vasta cultura literaria, histórica y una formación en investigación sociológica y teórica envidiable.
En Argentina la tradición de Germani de la búsqueda de conocimiento científico en parte se ha perdido.


Cuando decís que hay un estilo de vida académico, ¿Cómo lo terminarías describiendo?

Bueno como lo realicé yo. Me pongo no como modelo de lo que debe ser, sino como viví la vida académica. Yo hice mi maestría y doctorado en Estados Unidos. Volví, entré al Instituto Di Tella que no tenía universidad, estaba el Centro de Investigaciones Sociales, el CIS, donde estuve siete años haciendo investigación y docencia. Luego, el Di Tella se fue achicando y cuatro de nosotros nos planteamos hacer un centro de investigación con otros cuatro de afuera. Eran malos tiempos, estábamos en el ’72 y abrimos en el ’74 un centro de investigaciones llamado CENEP que todavía hoy existe. Es el Centro de Estudios de Población. La alternativa que teníamos en el ’72, cuando salimos del Di Tella, era o irnos a Estados Unidos o Inglaterra, o tratar de quedarnos en la Argentina y tratar de vivir de lo que hacíamos. Intentamos esto último. Ahí fue muy importante una persona como Alfredo Lattes, un colega mío demógrafo, que también tiene una visión institucional notable y decidimos armar un centro de investigaciones. Ninguno de nosotros estábamos en el CONICET, ni podíamos aspirar a tener ningún subsidio ni de agencia ni del CONICET, porque para ciencias sociales todo eso estaba vedado en esa época. Había dos o tres personas nada más dentro de la carrera. Entonces tuvimos la ayuda de la Fundación Bariloche que era la otra institución pariente del Di Tella, que nos dieron el apoyo del nombre y de una oficina. Con eso nos dieron un sello para poder empezar a gestionar, armar proyectos y a venderlos. Y ahí aprendimos a lo que yo llamo “hacer la calle”. Aprendimos a armar proyectos y gestionar subsidios. Lo primero que tuvimos fue la Fundación Ford. La fundación nos tomó el examen más difícil que creo que pasé en mi vida, hecho de la mano de Kalman Silvert, que había sido profesor mío en Sociología y que conocía muy bien Latinoamérica. Él tenía muy claro que lo que había que hacer era formar instituciones en el país y no llevarse la gente afuera. Silvert tenía un asesor para venir a ver a este grupito de gente que dice que quiere armar un centro de investigaciones. No me olvido nunca que nos preguntó si sabíamos lo que significaba, como estilo de vida, mantener un centro de investigaciones. Nosotros le dijimos que por supuesto que sí. Teníamos alguna vaga noción, pero no teníamos la más mínima idea de que era el club más caro al cual uno puede asociarse.
De entrada decidimos que íbamos a juntar el medio de vida y el modo de vida. Y así aprendimos a hacer algo que no nos había enseñado la universidad, que era gestionar fondos, armar proyectos, vender proyectos, discutir con los donantes de fondos, tratar de mantener y acomodar a lo que nos decían y de satisfacer lo que nosotros queríamos hacer. Bueno así nació el CENEP, que lo armamos como un lugar para trabajar unos años y que subsiste hoy, con características un poco diferentes porque el mundo de la ciencia y los valores han cambiado, pero desde 1974 funciona como un centro de investigación.