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María Inés Barbero. Profesora en Historia. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Profesora del Departamento Académico de Administración y del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés.

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Los grupos económicos

Prismas sobre el desarrollo en Argentina.
Los grupos económicos diversificados han sido una forma de organización predominante entre las grandes empresas argentinas desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante. Definidos como un conjunto de empresas legalmente autónomas, unidas por lazos formales e informales, que operan en distintos mercados, pueden ser agrupados en distintas generaciones de acuerdo a la etapa en la cual nacieron –la Argentina agroexportadora, el período de entreguerras, la segunda mitad del siglo XX o la primera década del siglo XXI.

Los grupos económicos son un fenómeno característico de los países de desarrollo tardío (o emergentes, como se los suele denominar en la actualidad) si bien siguen presentes en naciones altamente desarrolladas como Suecia, Italia o Japón. Las razones de su existencia son múltiples. Por una parte, su nacimiento ha sido producto de determinadas condiciones de contexto, entre las cuales cabe mencionar el escaso desenvolvimiento de los mercados de capitales y de recursos humanos calificados (sobre todo gerenciales), las debilidades institucionales que caracterizan a las economías emergentes o la acción de los Estados tendientes a facilitar su accionar. Al mismo tiempo, los grupos más exitosos nacen y se desarrollan porque poseen ciertas capacidades que les permiten competir en los mercados en los cuales operan, y en particular por su habilidad para ir ingresando en actividades diversas en la producción de bienes y servicios. Por último, la estructura de grupo permite, a partir de una organización piramidal, que un número reducido de accionistas controle un gran número de empresas a partir de la propiedad accionaria de una empresa madre (en general un holding).

Así como existen distintas explicaciones acerca de los porqué de la existencia de los grupos, también encontramos posiciones muy diferenciadas acerca de sus consecuencias para los países en los cuales despliegan su actividad, en un amplio arco que abarca desde posturas muy críticas –que ponen el foco en su poder monopólico u oligopólico– hasta visiones más positivas –que centran su atención en su capacidad competitiva y sus contribuciones al crecimiento y la diversificación de las economías–.

En lo que respecta al caso argentino, cabe destacar en primer lugar que los grupos económicos diversificados han compartido el escenario de las grandes empresas con otros actores: las empresas extranjeras, las grandes empresas nacionales no organizadas como grupos y las empresas estatales, que a su vez han tenido un papel más o menos preponderante a lo largo del último siglo y medio. Por ello es difícil establecer con precisión cuál ha sido la contribución propia de dichos grupos al desarrollo del país. Es evidente también que los grandes grupos han sido protagonistas tanto de fases de gran expansión de la economía como de etapas en las cuales la Argentina no creció o lo hizo a tasas inferiores a los promedios mundiales.

Por lo tanto, es importante considerar que la condición de grupo no explica por sí sola el desempeño del conjunto de firmas que lo componen, y que en todo caso la pregunta debería ser no tanto la contribución de los grupos como la de las grandes empresas al desarrollo de las naciones. La gran empresa ha sido una institución clave en el capitalismo industrial desde las últimas décadas del siglo XIX, y si bien existen algunos casos de desarrollo exitoso de países con predominio de redes de pequeñas y medianas empresas (desde Taiwan a los distritos industriales italianos) es imposible negar el rol decisivo que han tenido las grandes empresas en la mayor parte de los países desarrollados. Más que discutir sobre la legitimidad de la gran empresa cabría hacerlo sobre los mecanismos de regulación destinados a impedir el abuso de su poder de mercado.

Otro punto a señalar es que los grupos económicos no constituyen una categoría homogénea, más allá de sus rasgos comunes. A lo largo de la historia argentina han convivido grupos eficientes y competitivos, que han contribuido activamente al desarrollo de tareas productivas, con otros de características especulativas, o bien, nacidos y criados al amparo de los gobiernos de turno. La mayor parte de los grupos creados durante la etapa agroexportadora no sólo contribuyó al desarrollo de diversos sectores de la actividad económica sino que algunos de ellos (Tornquist, Fabril, Bunge y Born, Bemberg, Alpargatas) fueron protagonistas clave en el avance del proceso de industrialización por sustitución de importaciones tras la crisis de 1929, durante el cual, a su vez, nacieron otros grupos de sesgo fuertemente industrial (entre ellos SIAM). En cuanto a la generación de grupos que se formaron desde mediados del siglo XX, han convivido en ella grupos altamente competitivos, hoy convertidos en multinacionales (Techint, Arcor, IMPSA, Bagó), con otros de sesgo más financiero y vida efímera, algunos de ellos surgidos gracias a nexos con el poder político.

En síntesis, los grupos económicos no explican por sí solos las luces y sombras del desarrollo económico de la Argentina moderna. Han sido protagonistas de un proceso complejo, liderado por distintos actores económicos y no económicos, en el que se alternaron fases de expansión y contracción y en el que convivieron grandes, pequeñas y medianas empresas altamente competitivas con otras que no lo fueron.