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Marcelo Leiras. Ph.D. in Political Science, University of Notre Dame. Profesor Adjunto del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés.

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El federalismo y el desarrollo económico argentino

Prismas sobre el desarrollo en Argentina.
Hay buenas razones teóricas para esperar que el federalismo estimule el desarrollo económico. La primera es que la distribución de las personas en el territorio no es azarosa: los individuos con preferencias semejantes tienden a vivir cerca. De este modo, tiene sentido crear gobiernos sub-nacionales que puedan adaptar la oferta de bienes públicos y el costo de su producción a las preferencias de las poblaciones de cada región. Además, este diseño permitiría concentrar en el nivel nacional de gobierno la producción de bienes para los cuales existen evidentes economías de escala o externalidades y, si para las personas y las empresas es fácil mudarse de provincia, disciplinar a los gobiernos provinciales poniéndolos a competir entre sí por la radicación de trabajadores y de capital. Estas razones y alguna evidencia empírica consistente con ellas abonaron el entusiasmo con las políticas de descentralización, que alcanzó su punto máximo hace algunos años pero sigue vigente. Pero tanto en la teoría como en la práctica, la asociación entre federalismo y desarrollo económico no es perfecta. Primero, porque el desarrollo no depende solamente de lo que hagan los gobiernos. Y segundo, porque los argumentos teóricos que acabo de citar están construidos sobre una visión sumamente estilizada y empíricamente inexacta de cómo funcionan las federaciones. Típicamente, en las federaciones no observamos una distinción nítida entre las responsabilidades de los distintos niveles de gobierno. Registramos, en cambio, responsabilidades compartidas y muchas veces superpuestas. Ello da lugar a problemas de coordinación y cooperación entre el nivel nacional y el provincial, así como entre las distintas provincias. Por otro lado, cuando hay más de un nivel de gobierno y responsabilidades compartidas entre ellos, a los votantes les resulta más difícil juzgar a cada grupo de funcionarios por lo que efectivamente ha hecho y votar en consecuencia. Por este motivo, los diseños federales pueden dificultar la recompensa a los gobiernos que estimulan el desarrollo y el castigo a los que lo obstaculizan. A estos desafíos generales, el federalismo argentino le suma otros propios. Destaco los que considero más importantes. Uno es la escasa capacidad de recaudación de muchos gobiernos provinciales, que los hace dependientes de las transferencias desde el Estado Nacional. Una de las consecuencias de esta dependencia es la falta de previsibilidad sobre la disposición de recursos, que se traduce, a su vez, en dificultades para sostener políticas en el largo plazo. El otro es la persistencia de enclaves de competencia política limitada y poder político concentrado. Estudios internacionales recientes encuentran que la concentración de poder es tan enemiga de la democratización como del desarrollo económico. El federalismo no es garantía ni obstáculo insalvable para el desarrollo. Puede, en cambio, acelerar o demorar procesos de crecimiento generados por otros motivos. Para que el federalismo argentino acompañe y no trabe el crecimiento es necesario ofrecer certidumbre a los gobiernos provinciales que surjan de procesos electorales más competitivos y sociedades más abiertas.