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Jacqueline Rosenbach y Daniela Gutman, alumnas de la carrera de Comunicación.

Alumnos

Ezequiel Bacher

Alumno de Comunicación.
Mi papá es ingeniero, y sin ánimos de influenciar, eso marcó una línea que yo estaba seguro que quería seguir. Terminé 5to año y estaba convencido de que mi carrera era ingeniería hasta que me tuve que enfrentar a materias como física que me resultaban muy aburridas y que no lograba interiorizar.

Resultó ser que mi interés -que era algo chiquito- era lo que tenía que estudiar. Me gustaba Internet, la televisión, pero lo dejaba como un hobbie hasta que me di cuenta que podía llegar a ser algo para estudiar en serio.

La persona con el correr de los años no es que cambia sino que se va puliendo, ¿no? va corriendo esas cosas que no le interesan y va encontrando su camino. Y la elección de una carrera tiene mucho de eso.

Fui líder juvenil hasta los 20 años. Dirigía grupos infantiles, hacía actividades recreativas, lo que se llama educación no formal para chicos. Trabajar con gente es algo que me gusta mucho, lo descubrí ahí; me di cuenta que disfruto conocer historias y demás. Era una tarea voluntaria. Yo tengo la postura de que si uno hace algo como voluntario lo tiene que hacer bien, no es que por ser voluntario uno puede hacerlo a medias, esa tarea exige un compromiso, y uno debe asumirlo como corresponde.

Siempre que una persona se para frente a otra hay una intención de dejar algo. Espero haberlo logrado con los chicos, generar un interés, una duda… que cuando les pase algo digan “ah, Ezequiel”. Es una sensación linda cuando unos años después los ves y se acuerdan de vos…

Con mis amigos me junto todos los sábados a comer, es un ritual que no se suspende. Nos conocemos desde los 8 años y al principio cuando éramos más chicos todos teníamos los mismos intereses, pero después fuimos creciendo y de repente unos estudian administración, otro arquitectura, economía, medicina, entonces a la mesa se suman mas temas, se debate de otra manera, cada uno opina desde su lugar.
Las relaciones van mutando, no es que desaparecen.

Viajar. Creo que es la mejor forma de conocer, uno puede leer un libro sobre un lugar, sobre un momento pero estar ahí es otra cosa. Se incorpora de otra manera.
Tuve la posibilidad hace unos años, de estar en la casa de Trotsky en México donde estuvo exiliado y no podía creer estar donde vivió alguien que leí en los libros de historia. Y sí, el tipo estuvo ahí, y era una persona real y esa distancia temporal que existe se va por un rato porque pisás el mismo piso, conocés su casa, son experiencias que me acuerdo hoy a 3 ó 4 años de haber ido.

Estoy leyendo Mundo Consumo, de Zygmunt Bauman, excelente, léanlo. Es genial hoja a hoja, los conceptos que plantea y cómo los desarrolla…

No creo que la realidad argentina pueda cambiar en el corto plazo, que ningún presidente o que ningún mandato pueda cambiar la forma de pensar de la sociedad argentina que es justamente tan diversa. La bandera la colgamos en el mundial nada más. No estamos orgullosos todos los días de ser argentinos. Eso es algo que, por ejemplo personalmente le envidio un poco a los Estados Unidos, el patriotismo que hay, mas allá de si sos judío, de origen mexicano o asiático, cuando hay que ponerse la camiseta se la ponen todos, acá es algo que justamente creo que no pasa. Me incluyo, ¿eh? No nos ponemos la camiseta cuando hay que ponérsela, lo hacemos cuando nos pinchan a nosotros nada más. Creo que no es algo que vaya a cambiar pronto, es un cambio de forma de pensar.

Este año organicé la semana del holocausto en la facultad. Pasamos una película, hubo una muestra de fotos, el relato de una sobreviviente, la charla del profesor Dvoskin.

El holocausto es un tema presente, no es un tema que pasó y transmitirlo es la tarea hoy. Hoy tenemos que asegurarnos que todos sepan.

El mensaje que quise transmitir cuando organicé la semana de la Shoah, invitando a una sobreviviente o repartiendo pasaportes simbólicos, fue cómo se vive y se siente la Shoah, no importa si son 6 millones ó 20 millones.
Saber una historia; a una persona le pasó esto. Que no quede sólo en estadísticas y números y fechas y lugares sino que pueda bajarse a la tierra. Creo que la riqueza de lo que organicé pasó en gran parte por ahí.

A mi abuelo materno no lo conocí y mi abuelo paterno falleció cuando tenía 4 años o sea que la figura masculina del jefe de la mesa familiar, el abuelo, nunca la tuve. En mi casa se habló mucho de ellos, de qué decían, qué no decían, su forma de reaccionar frente a diferentes momentos… no es que se armó una leyenda alrededor de ellos, pero se va construyendo un “qué diría tu abuelo en este momento”.

Su presencia se dio de una manera distinta, a través de la ausencia y el relato.

Durante los últimos 3 años tuve la posibilidad de estudiar con un rabino que lo rescato por su manera de transmitir lo que sabe, por la humildad de una persona tan inteligente. Para mí el tipo es un sabio.

Respeto mucho aquello que decida hacer cada uno, no creo que mi verdad sea la verdad absoluta ni que todos deberían hacer lo mismo que yo. Creo que parte de la riqueza que tiene el judaísmo es esa: que no hay una bajada de línea única, no hay una jerarquización. Pienso que están todos a la par en la medida en que uno sepa lo que hace y adhiera a sus valores. Es una elección válida.

“Somos seres humanos”. Esto no quiere decir que por eso me desentiendo de todo y no me hago responsable de lo que hago. Creo que no va por ese lado. Va por el lado de que tengo responsabilidades, debería cumplirlas en todos los órdenes como persona, pero al mismo tiempo soy un ser humano, y entiendo que no somos perfectos. Intentamos pulirnos a través de los años, y eso creo que hace que seamos mejores, pero bueno, el concepto de “mejor” para cada uno es diferente, ¿no?