Ariel Coremberg: “Todas las metas anunciadas no son creíbles, porque son incompatibles”


El director del Centro de Estudios de la Productividad, profesor en la Universidad de Buenos Aires de Crecimiento, y en la Universidad de San Andrés de Economía Argentina, planteó en una nueva entrevista con Infobae las dificultades ya casi estructurales de no contar con una hoja de ruta para revertir el camino de decadencia, y una vez más perder las oportunidades que brinda un mundo con alta liquidez, debilidad del dólar y consecuente suba de los precios de las materias primas que más exporta el país.

- En el equipo económico se muestran aliviados porque los índices generales de actividad en la industria y en la construcción volvieron en diciembre a niveles previos al de inicio de la crisis sanitaria, aunque esa recuperación no se trasladó al empleo y los salarios, ni tampoco luce homogénea entre sectores ¿Cuál es su lectura sobre el estado de la economía real?

- Nuestro análisis es distinto. Tomando en cuenta los datos del EMAE de las Cuentas Nacionales de Indec, que son la mejor variable proxy del PBI trimestral resultan en que anualmente todavía no se habrían recuperado los niveles previos a la pandemia. Aun con una proyección optimista de diciembre, industria manufacturera durante el 2020 se encontraría un 7,8% por debajo y construcción un 25,4% inferior. Lo que si hay soy brotes verdes en algunas actividades a partir de noviembre y diciembre, lo que hace avizorar un rebote para este año. Asimismo, con una estimación optimista del EMAE de diciembre, el 2020 habría terminado con una caída del 10,2% en su PBI, una de las más significativas de América Latina sin Venezuela, similar a nuestra crisis del 2002, pero con la diferencia de que somos el único país de la región que lo hizo con dos dígitos de inflación: la Argentina acumuló una suba de precios en las últimas dos décadas que equivale a una hiperinflación en cuotas y financiando un gasto covid-19 para asistencia a hogares y empresas con emisión de pesos que nadie quiere, a diferencia del resto de la región (sin Venezuela) que lo hizo con deuda externa con bajísima tasas de interés y a largo plazo.

Sin duda, La economía argentina tendrá un rebote estadístico este año, pero el propio Presupuesto oficial nos señala que será del 5% y que por lo tanto no recuperaría toda la producción que perdió durante la vigencia de la cuarentena estricta.

Asimismo, es lógico que la recuperación estadística sea generando empleo informal, subempleo o de baja calidad, ya que un conjunto importante de pyme quebró durante la cuarentena y otro conjunto no podrá sobrevivir ante la presión tributaria máxima de la historia argentina. La recuperación de la economía real será muy dura. Los efectos de obligar a facturación $0 durante más de un semestre durante la cuarentena provocó la quiebra de una parte importante de la economía informal.

De hecho, sucedió un pymecidio que reaparece por dos vías: por un lado, la quiebra informal: ya que estaba prohibido el despido y se estableció la doble indemnización, ante facturación cero pesos, el empresario pyme se ve incentivado directamente a cerrar: en lugar de despedir a un porcentaje menor de empleados se produce un desempleo aun mayor.

Por otro lado, hay un asedio sobre el sector de servicios basados en conocimiento cuya nueva ley retiró beneficios que permitían compensar y evitar el exilio de emprendedores cada vez más acelerado hacia otros países de América Latina con menor presión tributaria y estabilidad económica. Al efecto de los controles de cambio se agrega el nuevo impuesto a las computadoras, demostrando que el asedio también sucede sobre el home working no solo encareciendo todo el teletrabajo sino también con notable desabastecimiento en insumos importados imprescindibles para la actividad productiva.

No obstante, a favor, hay dos sectores que podrían liderar una recuperación que se anticipa heterogénea entre sectores y dentro de cada uno de ellos. El campo: dólares y equilibrio externo y la construcción: empleo. Paradójicamente, las diversas gestiones de corte populista y supuestamente proindustrialistas al ratificar el proteccionismo extremo irrevocable, ratifican y profundizan el “modelo agroexportador”.

- En el orden monetario, también se advierte un escenario de calma, tras el violento salto cambiario de octubre y caída de las reservas en divisas del Banco Central ¿Se trató de un fenómeno transitorio o tiene bases sólidas hacia adelante?

- Una cuestión que juzgo positiva en el cortísimo plazo, aunque habla de nuestra fragilidad institucional, es que el ministro Martín Guzmán fue empoderado, es decir asumió de hecho recién en setiembre 2020 y no en diciembre 2019 cuando juró para hacerse cargo de Economía, cuando ganó la pulseada y se implementó su estrategia financiera de cortísimo plazo que evitó la espiralización del dólar blue cuando llegó en octubre a casi $200. A partir de allí, el Banco Central depende no solo del Presidente sino directamente del ministro de Economía, cuando debe ser independiente de la política y sobre todo de Economía que a su vez no dirige directamente la Tesorería y el Presupuesto sino a través de la Jefatura de Gabinete, una descoordinación y falla absoluta similar a la gestión de Mauricio Macri, cuestión insólita en América Latina sin Venezuela.

Pero el costo de esta estrategia fue asumir mayor deuda pública externa en manos de acreedores privados, al vender bonos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses (y quebrando el sistema previsional) y colocando bonos dólar y dólar link para que Templeton y Pimco que estaban endeudados en pesos desde la gestión Macri pudieran retirar los dólares desde Argentina sin presionar el dólar CCL. De vuelta, no solo hay una narrativa contradictoria entre economía y la gestión política sino con lo que el Frente de Todos criticó a la gestión del gobierno anterior.

- A través de la agudización del control de cambios y de mayores restricciones de importaciones, el Banco Central fue cerrando lentamente la brecha cambiaria, pero no evitó la aceleración de la inflación, pese a la contención que provocan los precios máximos y las tarifas congelada ¿Cómo ve ese frente?

- La brecha cambiaria sigue siendo alta. Su reducción es transitoria en la medida que se evita la espiralización de los dólares contado con liqui y MEP aunque son cotizaciones en niveles altos: $144 versus oficial de $90: 61%. Por lo cual, la brecha cambiaria dólar importación oficial y los dólares financieros es muy elevada. La acotación en el blue sigue siendo sostenida con venta de bonos en dólares de la Anses-FGS que son los ahorros para jubilarnos, sin que nadie cuestione ni pida auditoría del uso de nuestros ahorros. Sin embargo, semejante brecha, a la corta y a la larga se corregirá al ritmo del dólar cuya cotización es libre. Esto ya fue visto en la década de 1980. Asimismo, se aumentó el ritmo de devaluación del oficial hacia el fin del año pasado, pero se revirtió a atrasar el tipo de cambio oficial respecto de la inflación esperada, típica estrategia de año electoral.

- ¿El sostenido deterioro del superávit comercial en un año fuertemente recesivo, como fue 2020, es proyectable al corriente año, o cree que se revertirá con la notable mejora de los precios internacionales de las materias primas, pese al nuevo enfrentamiento del Gobierno con el sector agropecuario?

- El deterioro del superávit comercial continuará en la medida que exista semejante brecha entre el dólar de importaciones y el dólar MEP y CCL. Esto es de manual, como señalamos anteriormente. Más aun, mantener mucho tiempo una brecha cambiaria de esa magnitud, se sabe desde la década de 1980 que incentiva a importar más, sobreestoqueando mercadería foránea, si logra pasar los controles cambiarios y sobrefacturar operaciones; así como exportar menos y subfacturar exportaciones, para dejar las divisas afuera del país; con la salvedad que, gracias a la cosecha, esto se amortiguara durante el segundo trimestre. Es decir, el campo paradójicamente salva al Gobierno de tener una crisis disruptiva por lo menos hasta el fin de la liquidación estacional, así como también el clima y la mejora por ahora sostenida del precio de las materias primas agrícolas.

Se sigue demostrando que la historia económica argentina no es tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones económicas cuyo único responsable es el presidente de la Nación, tanto en la gestión presente como en la anterior. La mejora de precios internacionales y el clima brindará un respiro y permitiría demorar la posibilidad de un fogonazo y/o aceleración inflacionaria. Las condiciones internacionales de liquidez, tasas de interés nula, y depreciación del dólar en el mundo ayudarían muchísimo a la Argentina. Pero, sinceramente, cuando al momento se emite alguna palabra coherente del ministro o del Presidente, surge la Secretaría de Comercio multando empresas o controlando precios con militantes, me hacen dudar si se conseguirá a la larga evitar una aceleración inflacionaria. Para que ello no suceda, Argentina necesita ya un plan de estabilización y crecimiento.

 

 

24 de Febrero de 2021