Coronavirus: ¿Habrá orden o desorden mundial tras la pandemia?


Universidad de San Andrés
Andrea Oelsner

Estamos frente a la "crónica de una pandemia anunciada". Entre 2002 y 2014, el SARS, las gripes aviar y porcina y el Ébola fueron buenas alertas. Además, hubo casos anteriores paradigmáticos, como la peste bubónica, que llevó al fin del medioevo, y la gripe española de 1918-20, que no fue española sino global, y causó pánico, cierre de ciudades enteras y 50 millones de muertes en todo el mundo (es decir, más que la Primera Guerra Mundial).

Otras tendencias que hoy observamos también son muy anteriores a febrero de 2020. No son nuevas ni la retracción de la globalización, ni la crisis del multilateralismo, las tendencias nacionalistas, la competencia entre Estados Unidos y China, la transferencia de poder de Occidente a Oriente, el debilitamiento europeo o el ascenso de regímenes iliberales. ¿A quién sorprende que ciudadanos de distintos países pidan protección y respuestas a sus gobiernos, y no a la ONU ni al G-20? ¿Y a quién que las respuestas políticas sean el cierre de fronteras, intentos de soluciones individuales, búsqueda de culpables o de chivos expiatorios, y competencia global por insumos médicos?

Organismos internacionales como la OMS y ONG como Médicos sin Fronteras pueden aliviar. Pero pese a la erosión del sistema interestatal y la crisis del Estado soberano, las respuestas siguen siendo estatales e individuales. Estas tendencias no fueron desatadas por el Covid-19, sino aceleradas por él. Sin embargo, en otros ámbitos la cooperación internacional sí está funcionando con éxito. Es el caso de la comunidad científica global.

Desde diciembre, científicos y laboratorios de todo el mundo comparten información sobre la secuencia genética del virus en plataformas virtuales, e intercambian datos acerca de avances y métodos de testeo, protocolos, papers académicos y resultados de ensayos clínicos a través de la plataforma de la OMS. En una pandemia global, el valor de la colaboración (no solamente) científica es obvio.

También en la UE, después de un pésimo comienzo, se está viendo ahora una campaña mejor coordinada y más fundada en la solidaridad. Los europeos parecen haber entendido que respuestas fragmentadas extienden la lucha y aumentan los costos económicos y humanos. Pero los indicios de colaboración regional y mundial serán insuficientes sin un actor que asuma el liderazgo político global. Europa tiene su propio drama y la ONU y la OMS carecen del peso político necesario para coordinar semejante esfuerzo. China podrá ser el mayor donante de barbijos y respiradores, pero todavía no tiene la capacidad de liderazgo global para coordinar eficientemente las respuestas y los intereses de una gran cantidad de actores diferentes.

LA NACIÓN
Universidad de San Andrés
23 de Abril de 2020
Coronavirus, orden mundial