Economía del conocimiento: dólares sin estrategia


Alejandro Artopoulos
Director I+D del Centro de Innovación Pedagógica

El trámite de la Ley de economía del conocimiento fue un típico caso de autoboicot colectivo. La propuesta del oficialismo saliente en 2019 desde la Cámara baja, con el apoyo de casi todas las bancadas, logrando un consenso amplio, fue modificada por el oficialismo entrante de la Cámara alta, con cambios menores, correcciones que limitaron los "excesos" de las plataformas. Aprobada sin el acompañamiento de la oposición.

Luego de tantas diligencias, el Poder Legislativo entregó una herramienta válida para animar la economía. Cumple con la función de recaudación de dólares en el corto plazo, pero sin la ambición de desarrollo tecnológico que albergaba su primera versión de 2004, cuando se la conoció como "Ley del software". Quedó una sombra del espíritu desarrollista original. Podríamos calificarla de victoria pírrica.

Se trata de una ley esperada con ansia, tanto por sus beneficiarios, como por el Gobierno, ya que las exportaciones de la Economía del Conocimiento alcanzaron los u$s 6.000 millones de dólares y emplea a 430.000 personas con sueldos de medios a altos. Representa hoy el tercer complejo exportador detrás del agro y la industria automotriz, con la virtud de mostrar la proporción más baja de dólares requeridos de importaciones por cada dólar exportado.

Juntos por el Cambio no aceptó las modificaciones de la Cámara alta, ya que el escalonamiento de los beneficios de la promoción de exportaciones según tamaño de las empresas afecta el efecto de atracción de inversiones. Observan que un régimen de promoción pensado para todo el sector exportador de servicios terminó solo destinado a las pymes. En fin, no satisface a ninguno de los dos lados de la grieta.

Traduzcamos que significa ganar a lo Pirro en las guerras tecnológicas del siglo XXI. Una lectura sencilla, cultivadora de la grieta, supondría que la victoria pírrica se la asestó el oficialismo a la oposición. Como el perro del hortelano, no come ni deja comer. Pues, no es el caso en la Argentina. El oficialismo y la oposición incurren en el error de Pirro, confunden guerritas provinciales con desafíos globales.

Pirro, rey griego del Reino de Epiro, logró una victoria sobre un nuevo enemigo poco conocido con un alto costo en vidas de su ejército. Creía que él podía salvar el honor de la magna Grecia de Alejandro de un nuevo enemigo "bárbaro", la emergente república romana. Claro, en ese momento, sin el diario del lunes, qué podía imaginar Pirro que la república iba a devenir en el "Veni, vidi, vici" del Imperio Romano. Algo así sucede con la revolución digital de marzo para acá. En nuestro caso el país (Pirro) enfrenta el cambio catastrófico de la transformación digital acelerado por el Covid-19 (las legiones romanas) con un ejército de trabajadores del conocimiento mal armado y limitado en número. Solo buscando dólares sin preguntarse cuán sustentable puede llegar a ser la oferta de servicios del conocimiento "comoditizables" y de baja estabilidad.

La Nación
Alejandro Artopoulos
21 de Octubre de 2020