El reperfilamiento de la cuarentena


Gustavo Genoni
Decano de la Escuela de Negocios

El presidente Alberto Fernández, en su discurso del viernes pasado, eligió antagonizar entre la estrategia Argentina y la de otros países como Chile, EE.UU., o Brasil. Más allá de lo engañoso de compararnos con  países que testean masivamente, cuando nosotros no lo hacemos, es cierto que hemos tenido cierto éxito en reducir el ritmo de contagio, demorar el avance del virus en el Conurbano Bonaerense y ganar tiempo.  El problema es que el tiempo tiene un gran costo en un país en crisis sanitaria, sin ingresos y en default y por lo tanto debe ser usado productivamente.

Para entender que tanto avanzamos durante este mes, hubiese sido mejor empezar explicando que la única alternativa a una vacuna que, con alta probabilidad, nos llevará muchos meses, descubrir, probar y fabricar es alcanzar “inmunidad comunitaria”. Esto requiere que un porcentaje grande de la población (60 al 70% dicen los especialistas) haya alcanzado la inmunidad mediante el contagio y la cura. Llegado a ese punto, una persona infectada se cruzará principalmente con gente inmune hasta el momento de sanarse, y así se interrumpirá progresivamente la cadena de infección.

Sin vacuna, el único final posible requiere permitir que una masa crítica de gente se contagie, cure y quede inmune. Dada la ínfima tasa de mortalidad entre los menores de 60 años sin condiciones preexistentes (menos del 1%), lo esencial para evitar las muertes, es que la población vulnerable esté a salvo mientras esto sucede y que se regule la tasa de contagio, mediante cuarentenas parciales (o intermitentes), para que la demanda de respiradores no sobrepase la disponibilidad de los mismos. Esta es la estrategia de Israel, explicada por su Ministro de Defensa Naftali Bennett muy claramente en un video que circula en las redes. La cuarentena del último mes fue eficiente en ganar tiempo pero no sirvió de mucho si no la usamos para incrementar el número de camas de terapia intensiva, de respiradores artificiales y para instalar procedimientos para cuidar a la población vulnerable que representa la inmensa mayoría de las muertes.

La clave de la estrategia de inmunización está en, relajar parcialmente la cuarentena, aislar rápidamente a los infectados asintomáticos con testeo masivo y evitar su contacto con pacientes de riesgo. Hoy en día una parte importante del personal de los geriátricos, debe transitar en transporte público durante horas para ir a trabajar y vive en localidades donde la cuarentena no se respeta rigurosamente. El testeo recurrente y protección del personal sanitario es clave.

EL CRONISTA
Gustavo Genoni
17 de Abril de 2020
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