El resentimiento como política económica


Ariel Coremberg
Profesor de la Universidad de San Andrés

Desde sus inicios, la presente gestión ha tomado una serie de medidas económicas que dejan dudas acerca de si se están aplicando los manuales básicos o peor aún se está soslayando la experiencia de la historia económica argentina reciente.

Sin haber controlado efectivamente Ezeiza ante la pandemia desatada del Covid-19, el 19 de marzo de 2020 el Presidente tomó la decisión de realizar una cuarentena estricta, que resultó ser la más larga del mundo. La medida sanitaria que obligó a bajar las cortinas de casi todas las empresas del país se tomó sin ningún anuncio inicial concreto de acciones de compensación económica. En efecto, al día siguiente, Alberto Fernández resaltó que se había olvidado de la economía informal y de los monotributistas.

Recién semanas después se anunciaron paultainamente una serie de medidas de asistencia económica que resultaron un 3,5% del PBI, mientras que los principales países de América Latina realizaron gastos Covid de asistencia a hogares y empresas superando el 10% de su PBI. La cobertura fue casi nula.

De acuerdo al informe que elaboramos para el Foro Empresario Argentino (Foema), el IFE alcanzó compensar solo el 16% del total de los ingresos de los monotributistas focalizados. Los créditos a tasa del 24% cubrieron solo el 20.5% de las pymes registradas en AFIP y los créditos a tasa 0 un 17.4% de los trabajadores autónomos y monotributistas.

Los ATP cubrieron decrecientemente hacia el quinto y último mes de su implementación paso del 13% al 6.7% de la facturación pymes registradas y de un 23.7% al 5.7% de su masa salarial según nuestras estimaciones en base a datos oficiales de INDEC, AFIP y Ministerio de la Producción.

La baja cobertura de los ATP y de los créditos Covid subsidiados no puede atribuirse solo a un problema de oferta: fallas de implementación, burocracia inepta o ineficiencia sino también a un problema de demanda. En efecto, el proyecto de la diputada Fernanda Vallejos de ceder participación estatal en el patrimonio de las empresas a cambio de los ATP, retrajo la demanda empresaria de subsidios y créditos Covid aun antes que el incremento del riesgo de confiscación por el caso de Vicentin, profundizando aún más el pymecidio de obligar a facturación “cero”.

En Argentina, era esperable que a la habitual demanda de dólares para atesoramiento de los argentinos se agregara el motivo precautorio por la incertidumbre de la duración de la cuarentena, pero el Banco Central dominado por el liderazgo del movimiento nacional, bajó la tasa de interés al comienzo de la cuarentena para incentivar la actividad económica, obligada a facturación 0 (Sic). Rápidamente, se traslado a una baja de la tasa de interés pasiva de los plazos fijos en pesos, provocando un salto del dólar blue en abril del 2020, caso casi único en el mundo bajo pandemia.

En setiembre de 2020, ante una escalada del dólar blue, se lo dominó con una de las mayores emisiones de deuda pública ahora indexada (inflación y dólar link) así como posteriormente nuevas colocaciones de Leliqs y bonos del tesoro que expulsaron la oferta de crédito para pyme a favor de la necesidad voraz del fisco produciendo una virtual estatización de los activos (préstamos) del sistema bancario … cuya contrapartida es el dinero de los ahorristas.

La prohibición de exportar carne aún vigente no produjo una baja de precios sino una suba. Cualquier libro de texto de microeconomía y la experiencia histórica argentina señalan que todo desincentivo a la producción de un producto en un segmento del mercado, reducirá la oferta en todos los mercados a mediano plazo. La reducción en la escala que produce el cierre total o parcial de las exportaciones produce una discriminación aquellos frigoríficos exportadores pyme que no tienen lobby para acceder a la reducida cuota del mercado exportador. La prohibición de exportar se transformo en un cepo al “asado”, subiendo su precio, pero aun ante esta evidencia negativa no se anula la medida.

Las recientes decisiones de política sanitaria y turística han profundizado la esquizoeconomia argentina. Ante el riesgo de la difusión de la variante delta, se aplico un cepo abrupto (sin previo aviso) al retorno de los argentinos a su país que aún sigue vigente. Florencia Carignano a cargo de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), reconoció el 29 de junio de este año que la cifra de 45 mil argentinos que viajaron por turismo, “no varados” según su expresión, cifra coincidente con las estimaciones del sector de aeronavegación privada, de acuerdo a declaraciones realizadas a infobae. (Cierre de fronteras: argentinos varados en el exterior se movilizarán en los consulados - Infobae).

Cualquier libro de texto de microeconomía y la experiencia histórica argentina señalan que todo desincentivo a la producción de un producto en un segmento del mercado reducirá la oferta en todos
Un cálculo simple tomando parámetros acotados reflejan la pérdida económica y sanitaria sufrida por los argentinos por estas medidas.

No hicieron las cuentas

Tomando solo la mitad de los varados con una rotación de dos semanas promedio a razón de USD 100 por día habrían gastado hasta la fecha USD 33,7 millones, algo más de la mitad que los USD 60 millones que se ahorró el Estado por no contratar la vacuna Pfizer según el informe del 2 de junio de este año del jefe de gabinete, Santiago Cafiero ante el Senado. Si esa cifra hubiese sido gastada en Argentina por parte de los argentinos que pudieran regresar en tiempo y forma, con una presión fiscal promedio del 40%, el Estado podría haber recaudado USD 13,5 millones, equivalente a casi 700 mil dosis de vacunas tempranas (USD 19,5 por dosis de Pfizer) salvando numerosas vidas de niños y jóvenes con morbilidad.

Asimismo, el Ministerio de Turismo con una inoportunidad extrema anuncio pasajes gratis para turistas extranjeros. Los descuentos de hasta un 100% alcanzaran a aquellos turistas que viajen a Argentina vía la empresa monopólica Aerolíneas Argentinas a partir de octubre; mientras sigue vigente el cepo al regreso de los argentinos a su país. El objetivo es generar más divisas gracias al fomento del turismo no residente, pero …. con retenciones a la exportación agroindustrial e impuesto inflacionario. (Sic)

No hay explicación racional posible en base a los manuales básicos de la economía ni en base a la experiencia de la historia económica argentina. La falta de sentido común de negar las consecuencias negativas de estas medidas sobre la base electoral del propio oficialismo supera inclusive las razones ideológicas.

Ante la magnitud que ha alcanzado el empleo informal, el desempleo y la pobreza, Juan Domingo Perón mismo se preguntaría dónde esta la clase obrera, columna vertebral de su movimiento. El gran admirador del capitalismo Carlos Marx, estaría perplejo analizando como nuestro país en lugar de pasar del capitalismo al socialismo, evoluciona más atrás de la Edad Media.

Estas medidas irracionales tienen una explicación que supera incluso los recientes aportes fundamentales de behavioural economics representados principalmente por los Premios Nobel de Economía, el psicólogo Daniel Kanehman y el economista Richard Thaler.

Las decisiones de política económica han sido dictadas en base al “resentimiento” de la visión oficial contra gran parte de la sociedad: los argentinos que viajan al exterior, las empresas que exportan, los productores agropecuarios, las grandes empresas o los argentinos (ocultando que en parte son votantes del oficialismo y funcionarios) que tratan de preservar sus ahorros y salarios comprando dólares o llegar a fin de mes mediante el rulo del dólar “pure” son la oligarquía en alianza cipaya con el capital extranjero conspira continuamente desde su nacimiento como nación para impedir que se realice la “excepcionalidad” argentina.

Pero el resentimiento ha dado un nuevo salto de calidad: la oligarquía es el otro. No hay conflictos de intereses cuando se trata de beneficiar al capitalismo de amigos extranjeros y nacionales que predan sobre los recursos públicos gracias a su estrecha relación con la dirigencia popular. Resulta notable que la asociación con países capitalistas como Rusia o China en términos de bases logísticas, militares, posibles centrales nucleares y negocios prebendarios por parte del oficialismo no sea calificada como imperialismo y coloniaje.

La orfandad de una orientación estratégica en los tres poderes del estado argentino, y su adscripción voluntaria o forzada a las decisiones de la oficina del Instituto Patria por fuera de las instituciones establecidas por la Constitución explica completamente la falta de credibilidad y reputación del Banco Central y el Ministerio de Economía que se han convertido en una mera oficina de representación que convalida expost la política económica decidida por el líder.

El resentimiento agitado por el poder concentrado en el líder del movimiento nacional incrementa la probabilidad de cometer continuos errores de política económica y política pública y sanitaria.

Emilio Ocampo, economista e historiador señala en su libro “Entrampados en la Farsa” (2011) que el presente y el futuro de una sociedad sujeta al resentimiento colectivo terminan siendo hipotecados.

Juan José Llach en “La Megainflación Argentina” (1988) refería a la incertidumbre contractual que genera un proceso de alta inflación deja como herencia para un futuro plan de estabilización una hipoteca de valor incierto sobre la riqueza del sector privado.

Sin duda, el resentimiento está incrementando el valor contingente de la hipoteca que pesa sobre el ahorro de los argentinos. Sin ahorro, no hay inversión, sin inversión no hay empresas, sin empresas no hay trabajo.

Infobae
Ariel Coremberg
23 de Agosto de 2021