Federico Merke: A Utopía se llega en bote y sin esperanza


Federico Merke:
A Utopía se llega en bote y sin esperanza
En Europa los llaman "los balseros", a secas. Como si no tuvieran un país de origen. Para David Cameron son un "enjambre". Se trata de cientos de miles de hombres y mujeres desesperados por encontrar un lugar mejor para vivir. Algunos cruzan desde Libia o Túnez hasta Lampedusa. Otros llegan desde Teherán o Bagdad entrando por Estambul. Y otros vienen desde Accra, Nairobi o Addis Abeba. Sólo este año arribaron ilegalmente a Europa cien mil inmigrantes. Los números varían, pero se estima que hay cerca de un millón de africanos y asiáticos esperando el momento oportuno para entrar a Utopía. Los motivos sobran. La Organización Internacional para las Migraciones reportó que la guerra civil en Siria provocó el mayor movimiento de personas desde la Segunda Guerra Mundial, con ocho millones de desplazados internos y cuatro millones de personas que dejaron el país. Pero hay más. El colapso estatal y la violencia en Irak y en Libia o la violenta represión y el caos económico en Eritrea y Somalia contribuyen a engrosar las filas de migrantes económicos y refugiados. Ensimismada en su crisis, la Unión Europea busca paliativos, no soluciones. Idealmente, en un mundo de Estados soberanos, los gobiernos quieren elegir a sus inmigrantes y no que los inmigrantes los elijan a ellos. Pero la realidad es mucho más compleja. Más aún en circunstancias críticas como las que vive Europa hoy. Es cierto: las leyes europeas protegen cada vez más al inmigrante que busca asilo. Pero Europa está escasa de ideas, instituciones y fondos para afrontar tremendo desafío. No tener una política común de asilo afecta enormemente el modo en que se recibe al inmigrante y eleva la presión sobre los principales países receptores como Italia, España, Grecia o Francia. Afecta también la seguridad de miles de personas que son víctimas de traficantes sin escrúpulos. Y facilita, además, giros populistas que buscan votos con un discurso contra la inmigración. Pero esto es sólo un lado del problema. No tener una estrategia amplia de desarrollo económico y político en África genera una presión migratoria de proporciones. Y acá el desafío, y el fracaso, es mucho mayor. Es fácil intuir que la solución a largo plazo es la estabilidad política y el crecimiento económico en África. Pero es difícil reconocer que los instrumentos (como declaraciones o sanciones) y los recursos (como la asistencia económica) para alcanzarlos son más bien escasos. La "unión" europea se debilita muy rápido cuando se trata de cruzar el Mediterráneo. Y mientras esto suceda, los botes seguirán llegando.
La Nación
Federico Merke:
10 de Agosto de 2015
Relaciones Internacionales