Gabriel Berger: "El mundo tiende a darle cada vez más lugar a la innovación social"


Gabriel Berger
"El mundo tiende a darle cada vez más lugar a la innovación social"

Desde la cultura de compartir mates a dar empleo, salvar bosques de la deforestación e integrar a las comunidades indígenas. Así fue el camino que hicieron los fundadores de Guayakí, el argentino Alex Pryor y el estadounidense David Karr. Eran amigos y tomaban mates, y crearon un híbrido entre una fundación sin fines de lucro y una empresa, que trabaja con 50 familias de la comunidad indígena Ache Guayakí y con pequeños y medianos productores que se encuentran en el noreste de Paraguay, el noreste de la Argentina y el sudeste de Brasil. Producen yerba mate orgánica certificada y exportan a los Estados Unidos y Canadá: sus productos se venden en universidades donde los alumnos se están acostumbrando a tomar mate y tereré. Para el año 2020 el equipo de trabajo de Guayakí ya asumió el compromiso de restaurar 60.000 hectáreas de bosques y dar trabajo y sentido comunitario a 1.000 familias. Hoy, son un caso modelo en el campo de la innovación social, que incluye proyectos con financiamiento público o privado que intentan dar solución a problemas puntuales para el desarrollo social y ambiental de la humanidad.

"Hoy, el mundo tiende a darle cada vez más lugar a la innovación social" dice a Clarín Gabriel Berger, a cargo del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés en la Argentina. Existe un interés mayor en las universidades, financiadores o emprendedores que quieren apoyar o impulsar iniciativas que suponen un cambio para enfrentar problemas sociales y ambientales que padece una comunidad, como la contaminación, la falta de energía o de vivienda, o el reciclado de la basura. "Ahora, más gobiernos están interesados en alentar el desarrollo de los proyectos de innovación social, como por ejemplo las iniciativas que lanzaron recientemente las autoridades de los Estados Unidos e Inglaterra", agrega.

Este año, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Argentina también abrió una convocatoria para que se presenten con ideas. De acuerdo con Fabio Quetglas, especialista en gestión de ciudades e innovación social e investigador del CIPPEC, la humanidad "tiene acceso a una altísima cantidad de información a muy bajo costo, gracias a Internet. Si se quiere hacer algo distinto, se puede chequear si alguien ya lo desarrolló como proyecto. Así, no se transitan caminos que fracasaron. La innovación se disparará aún más porque hay muchos cerebros funcionando en red”. La innovación social es el resultado de “ver un problema de otro modo” o porque hay un estímulo específico sobre una situación insatisfactoria.

“Está ganando terreno la ética del hacker, que es una persona que hace innovación con implicancias no necesariamente negativas. Como fue el caso del creador del sistema Linux, el finlandés Linus Torvalds, que no patentó su sistema. Si lo hubiera patentado sería millonario, pero considera que ya gana suficiente para vivir”.

Aunque es difícil pronosticar el comportamiento de los humanos, se espera que la tendencia siga adelante. Entre los casos que resalta Berger en la Argentina, figuran la Fundación Sagrada Familia, en San Isidro, que ayuda a personas con bajos recursos; armó un espacio que funciona como un nexo entre personas que tienen materiales de construcción y muebles que ya no utilizan y familias que necesitan mejorar su casa. Otra acción destacable es la de la Asociación Granja andar, de la localidad de Moreno, que se centra en la persona con discapacidad cognitiva y genera negocios inclusivos, como producir productos de huertas y de repostería.

La alianza entre la Fundación Pro Vivienda Social y la empresa Gas Fenosa, que brinda oportunidad de acceso a gas a comunidades de bajos recursos en el Conurbano ya benefició a más de 20.000 personas. En otros países, también hay más usinas que ideas. Con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), científicos del Laboratorio de Movilidad del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) desarrollaron una silla de ruedas que permite al usuario moverse fácilmente en terrenos no pavimentados o con diferentes elevaciones como existen en Guatemala. Su producción es muy barata.

Sin dudas, el futuro vendrá cargado de más creatividad, solidaridad y acción. Uno de los desafíos será ampliar la escala de la innovación social para beneficiar a más personas en diferentes países. En esa dirección se encuentra el caso de la organización sin fines de lucro Techo, que fue creada en Chile en 1997 y fomenta el desarrollo comunitario a través de la construcción de viviendas de emergencia, capacitaciones en oficios, y espacios de educación no formal. Financiada por donaciones de empresas y particulares, Techo ya demostró que puede ser replicada más allá de las fronteras: actualmente se desarrolla en 19 países. Incluye proyectos en los Estados Unidos y la Argentina.

Clarín
Gabriel Berger
28 de Agosto de 2015
Innovación Social