Hernán Galperin: El mundo feliz de Facebook


Hernán Galperin
El mundo feliz de Facebook
"Si se evalúa el impacto en acceso de Internet.org, ciertamente es positivo, en la medida en que amplía la demanda a sectores que, a los precios de hoy, no están dispuestos a pagar por Internet móvil. El problema es quién define el paquete de servicios y el esquema de asociación a la plataforma. En este sentido, que la iniciativa sea liderada por Facebook no es lo más conveniente en términos de competencia", consideró el director del Centro de Tecnología y Sociedad de la universidad. De los 7.000 millones de habitantes del globo, dos tercios nunca usaron Internet. Lo afirma un estudio de Deloitte publicado en febrero de 2014 por encargo de Facebook. La conclusión, recientemente expresada por el fundador de esa compañía, Mark Zuckerberg, en un foro online, es que “por cada diez personas conectadas, podemos sacar de la pobreza a una. ¡Un mundo más conectado es un mundo mejor!”. Con el objetivo declarado de llevar conectividad móvil a esas personas sin acceso alguno a la Red, el 20 de agosto de 2013 Zuckerberg anunció una iniciativa global llamada Internet.org. A mediados de mayo pasado contrató al expresidente de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, Kevin Martin, para dedicarse a impulsarla. Este ejecutivo republicano se hizo conocido en Estados Unidos cuando, en 2008, apoyó una sanción contra Comcast por ralentizar el tráfico de redes P2P en violación de la neutralidad de Internet, es decir, del principio que sostiene que el tráfico de datos generado o recibido por individuos y organizaciones no debe ser manipulado, impedido, desviado, tergiversado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, protocolo o aplicación, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otro factor ajeno a su propia voluntad. Precisamente, Internet.org se basa en un proxy centralizado hacia un grupo acotado de servicios. En cada país participante, Facebook se alía con operadores locales de Internet o telefonía móvil, quienes ofrecen a sus clientes acceso gratuito a dichas aplicaciones. Cualquiera puede desarrollarlas y proponerlas, pero Facebook decide si cumplen con los requisitos para ser aceptados. Además, la empresa no paga ni a los desarrolladores ni a las operadoras y, según dice, no les da exclusividad. Aunque en la mayoría de los casos, observa el politólogo especialista en telecomunicaciones Gustavo Fontanals, “el acuerdo se da con un proveedor de comunicaciones en particular, no con todos los que operan en un mercado”. Para el profesor de la Universidad de San Andrés Hernán Galperin, “si se evalúa el impacto en acceso de Internet.org, ciertamente es positivo, en la medida en que amplía la demanda a sectores que, a los precios de hoy, no están dispuestos a pagar por Internet móvil. El problema es quién define el paquete de servicios y el esquema de asociación a la plataforma. En este sentido, que la iniciativa sea liderada por Facebook no es lo más conveniente en términos de competencia”. Fontanals va más lejos al expresar que “con esto esa empresa podrá diferenciarse del resto mediante un servicio sin costo, afectando la competencia. Esto es más grave cuando, además, se alía con una operadora dominante. Como en México, donde ya se confirmó un acuerdo con América Móvil, que concentra casi el 70 por ciento de la telefonía celular y un 60 por ciento de Internet”. Restricciones La iniciativa ya fue prohibida o restringida en países como Canadá, los Países Bajos, Eslovenia y Chile, por considerarse no neutral. Sin embargo, ya alcanzó 900 millones de usuarios en 14 países, como Panamá, Guatemala, Bolivia, Colombia y la India. Y va por más, como lo demuestran los actuales esfuerzos para implementarlo en México y Brasil. Facebook está de acuerdo en defender el principio de neutralidad para combatir prácticas perjudiciales para el usuario. Pero opina que habría que flexibilizarlo si lo que se propone es beneficiarlo. Como respuesta, 67 organizaciones de derechos humanos para el ámbito digital argumentaron en una carta abierta conjunta que la compañía “está definiendo la neutralidad de la red de manera inapropiada en sus declaraciones públicas y está construyendo un ‘jardín vallado’ donde los pobres del mundo pueden acceder solo a un grupo de sitios web”. Kevin Martin estuvo en Brasil a principios de junio para defender la iniciativa de este tipo de críticas y en una conferencia sugirió “asegurarnos de tener un entorno regulatorio que trate apropiadamente los temas de neutralidad de la Red y que aliente en vez de desalentar los diversos esfuerzos en conectividad”. Para ello, requiere que los reguladores de cada país participante en Internet.org le faciliten las cosas. Como se vio en la VII Cumbre de las Américas llevada a cabo en Panamá entre el 9 y el 11 de abril pasados, entre los presidentes de la región y el fundador de la compañía existe bastante comunicación. Allí Zuckerberg se sacó fotos con casi todos y mantuvo reuniones privadas con varios. Ocurre que, como analiza Fontanals, “para los gobiernos, Internet.org es un proyecto muy tentador: lo muestran como una expansión del acceso que aumentará los registros de cantidad de población conectada. El problema es que se trata de un acceso limitado desde el origen: cuenta con una velocidad de conexión limitada, se estipula que la oferta es por un plazo limitado y cancelable a discreción, y el destino del acceso también es limitado”. En la misma línea opina Javier Pallero, analista de políticas para América Latina y Caribe de Access, organización internacional dedicada a la defensa de los derechos digitales: “Los gobiernos de alguna manera se cuelgan del discurso de Internet gratis. Pero Internet.org no es gratis y no es Internet. Los Estados no deberían asociarse con una empresa privada para hacer las cosas mal. Es bueno que favorezcan la conectividad, pero a Internet tal como es: una plataforma libre, abierta, descentralizada y neutral. Al pasar todo el tráfico por el proxy de Facebook, se destruye este concepto de Internet, ya que hay puntos muy claros de control a nivel de infraestructura. Todo el tráfico que los usuarios generen pasa a través de la aplicación por un determinado proxy que pertenece a Facebook. Y si un Estado quiere controlar y vigilar lo que hacen online sus ciudadanos, solo tiene que interferir ese proxy”. En la Argentina por ahora no La Argentina es un país bastante conectado, por lo que no parece en principio un mercado apropiado para implementar Internet.org. Es cierto que en Panamá la presidenta Cristina Fernández de Kirchner iba a reunirse con Zuckerberg pero, según informó su oficina de prensa, finalmente no lo hizo formalmente y solamente se habrían saludado. La ley Argentina Digital, sancionada en diciembre de 2014, expresamente defiende “la neutralidad de las redes”. No obstante, no lo regula específicamente y no se sabe qué dirá al respecto la futura reglamentación pero “la mayoría de las regulaciones sobre neutralidad en el mundo se enfocan en prohibir la degradación o el bloqueo intencional del tráfico de contenido, y no comprenden a estas prácticas de promoción vía precios en forma específica. Es el caso, por ejemplo, de la flamante normativa en los Estados Unidos”, subraya Fontanals. Galperin opina que “no debe prohibirse ‘ex ante’ el modelo de acceso que propone Internet.org, ya que es una herramienta más en términos de alcanzar objetivos de conectividad. Pero sí debe monitorearse para asegurar que no viole principios de competencia y neutralidad”. ¿Dónde está la trampa? Otra causal de desconfianza hacia Internet.org es la idea de que “cuando un producto es gratis, el producto es el usuario”. La respuesta de Martin a este preconcepto de algún modo lo refuerza: “Es cierto que no hay almuerzos gratis. Eso solo funciona si los usuarios regresan y compran la cena. Por eso Internet.org es un servicio limitado en cuanto al uso de datos, para alentar a los usuarios a adquirir acceso pleno a Internet”. Se trata, por lo tanto, de una campaña de concientización del valor de la conectividad, en la suposición de que muchos no pagan porque no comprenden los beneficios. Si este es el caso, objeta Fontanals, “hubiera correspondido como mínimo que no se le permita a Facebook atribuirse el nombre Internet, para así poder distinguir claramente entre el servicio ofrecido e Internet en sí”. El presidente de CABASE, Ariel Graizer, especifica aún más: “Yo tengo acceso a Internet cuando puedo levantar cualquier sesión sobre cualquier protocolo que me permita la interconexión de redes y no solo una aplicación en el esquema de las siete capas. Si no, puede ser una regresión a tiempos atrás, donde había acceso a plataformas más que a Internet. Además, hay que tener cuidado al hablar de Internet gratis, porque gratis nunca hay nada: siempre hay alguien que paga”. En Internet, muchos modelos de negocio gratuitos se basan en la publicidad. Parte del de Facebook como red social es justamente así. Sorprendentemente, la empresa asegura que no es el caso de Internet.org. No solo no incluye anuncios, sino que ni siquiera obliga a ser usuario de la red social. Pallero desconfía: “Si bien no van a hacer publicidad directamente, sí les interesa que el primer contacto de esos nuevos usuarios con Internet vaya a ser mediante Facebook. Y sin duda la empresa estudiará atentamente los patrones de uso de millones de personas que nunca estuvieron conectadas. El conocimiento adquirido será muy valioso económicamente, aun sin anuncios”. Martin ataja este tipo de crítica asegurando que no almacenarán información individual, que no compartirán identificaciones personales con sus socios de contenido y que dichos socios no están obligados a compartir con Facebook datos sobre sus usuarios. No obstante, para usar Internet.org uno debe autorizar expresamente el almacenamiento y uso de sus datos personales tanto a Facebook como a la operadora. Por eso, Pallero dice que “habría que preguntarle a Martin por qué, si lo que dice es cierto, hace a la gente aceptar esos términos y condiciones”. No fue posible transmitir a Facebook esta cuestión porque la empresa prefirió no responder preguntas para esta nota. También quedó en el tintero inquirir por qué hasta ahora los servicios participantes de Internet.org tienen prohibido usar protocolos de seguridad como TLS, SSL o HTTPS y cómo puede un usuario estar protegido online en esas condiciones.
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Hernán Galperin
03 de Agosto de 2015