Las tres razones de la cooperación


Andrea Oelsner
Directora de la carrera de Relaciones Internacionales y Ciencia Política y Gobierno

La pandemia nos dio a todos, pero sobre todo a los ciudadanos de los países del norte, un sentido muy real de humanidad común.

Grandes crisis internacionales condujeron a grandes soluciones internacionales. Tiempos de gran incertidumbre llevaron a la construcción de instituciones complejas para que, a través de la cooperación internacional, el pasado no se repitiera. Lo mismo va a ocurrir ahora. Bastan tres ejemplos contemporáneos.

La segunda guerra mundial, con indescriptibles horrores y destrucción, llevó a la creación colectiva de nuevos actores internacionales: la ONU, cuyo objetivo ha sido, desde entonces, mantener la paz y el orden internacionales; y la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, hoy convertida en la Unión Europea, que se proyectó para para evitar otro conflicto franco-alemán.

En 1962, el mundo estuvo a un paso de una guerra nuclear. Ese año, durante la crisis de los misiles, Estados Unidos y la Unión Soviética casi lanzan ataques atómicos que habrían provocado una destrucción mutua intolerable.

Al volver del abismo, las superpotencias decidieron tomar una serie de medidas cooperativas. Por ejemplo, crearon una línea de comunicación directa (el ‘teléfono rojo’) entre el Kremlin y la Casa Blanca. Pero hubo más: durante las siguientes décadas firmaron tratados bilaterales para regular la proliferación (como los acuerdos de SALT I y SALT II) y crearon instituciones y acuerdos multilaterales incluyendo a muchos otros países (como el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares y el Tratado de No Proliferación Nuclear).

Otras grandes crisis fueron económicas, y también sirvieron como incentivos para la cooperación. En 1973, países de la OPEP decidieron cuadruplicar el precio del petróleo. La crisis que siguió forzó a los países más desarrollados a tomar conciencia de su vulnerabilidad. En un contexto de (ya entonces) acelerada internacionalización e integración de la producción y el comercio, quedó en claro que ningún Estado era totalmente autosuficiente.

Para transformar las incertidumbres económicas en oportunidades compartidas, los Estados buscaron coordinar sus acciones, cooperar, y así construir un contexto más predecible.

Recurrieron a tratados internacionales o a la creación de organizaciones regionales como una estrategia para mitigar la vulnerabilidad. De hecho, a partir de los ’70, el número de tratados de comercio internacional y de organizaciones multilaterales creció aceleradamente.

¿Y ahora? ¿Por qué deberíamos esperar cooperación internacional cuando, en cambio, lo que abunda es un sálvese quien pueda nacional a nivel global? Por tres motivos relacionados: un sentido de humanidad compartida, un sentimiento de solidaridad transnacional, y un cálculo racional de riesgos. Veamos.

CLARÍN
Andrea Oelsner
11 de Mayo de 2020
Banderas