Lunfardo chic


Silvia Ramírez Gelbes
Directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés

Por regla general, los hablantes somos bastante eficientes para usar el lenguaje en distintas circunstancias. No se habla igual con la pareja en un momento íntimo que como se habla con la jefa en el trabajo o con un juez de faltas si –ojalá que no– se cruzó un semáforo en rojo. 

Esos modos de hablar (llamados registros o variantes diafásicas) resultan determinados por una serie de variables que, como digo, se asocian a la situación. El grado de conocimiento que los interlocutores tienen entre sí, sus saberes sobre el tema que los ocupa, la función que cada uno cumple en esa interacción y que marca si existe o no jerarquía entre ambos, el lugar físico y simbólico desde el cual hablan y se hablan. 

Cuando el grado de conocimiento que tienen entre sí los interlocutores es alto, cuando no hay jerarquía entre ellos, cuando se ubican en un lugar físico y simbólico de familiaridad y cercanía, o cuando todo esto no es así, pero se presupone que lo es en el intercambio, se usa un lenguaje informal. Y en lenguaje informal suele usarse el lunfardo. 

Como afirma Oscar Conde, especialista en la materia y autor del Diccionario etimológico del lunfardo, el lunfardo es un vocabulario compuesto por palabras casi siempre provenientes de otras lenguas o de distintas jergas –desde la propia del turf hasta la del ámbito de la droga– que se emplea cuando la coloquialidad lo permite. 

¿Por qué se usan estas palabras? Porque son más floridas, más expresivas, más divertidas. Porque recortan a la audiencia: solo los “iniciados” pueden entenderlo. Porque muestran a quien las usa como alguien descontracturado, canchero, ameno y hasta jovial. Porque horizontalizan la situación, incluso cuando quienes están hablando no estén al mismo nivel. No en vano las usan profesores con estudiantes y hasta presidentes (y presidentas) con ciudadanos. 

Tan particular como cualquier “lunfardo” del mundo (el cockney londinense, el argot francés, el gergo italiano, el Rotwelsch alemán o la giria brasileña, por dar apenas ejemplos), el lunfardo porteño se conformó, tradicionalmente, con términos importados sobre todo de Italia y de España. Sobran los casos conocidos. 

Perfil
Silvia Ramírez Gelbes
22 de Septiembre de 2020