Mary Teahan: Cuando la experiencia es el eje de la campaña


Deslumbrar los sentidos, tocar el corazón y estimular la mente de eso se trata el marketing experimencial que se transformó rápidamente en una garantía a la hora de promocionarse.

Mary Teahan, directora de la Maestría de Marketing y Comunicación de la Universidad de San Andrés ahondó sobre esta opción que llegó para quedarse. Para la especialista, el marketing experimencial nació en los años 50, de la mano de Walt Disney cuando se enseñó que lo que uno disfrutaba no solo era el parque diversiones sino también la experiencia que lo rodeaba. Después de muchos años, hoy atraviesa cualquier rubro empresarial y hasta se logra instalar en la góndola.

"El marketing experimencial se paga en sí mismo, es mucho mejor que la publicidad", aseguró Teahan, y contó que para llevarlo a cabo, es necesario que todo el personal esté de acuerdo y que el cliente esté puesto como el centro del negocio para optimizar experiencia y punto de contacto.

Ejemplos concretos

Desde bancos hasta empresas de papel higiénico ya lo utilizan. Hoy no hacerlo es no aggiornarse al cambio de época y por ende quedarse fuera. Baños de aeropuertos empapelados como bosques y con una música acorde hacen sentir al cliente como si realmente estuviera allí, o mismo lujosos hoteles que dejan un patito de goma en la bañadera. Algo simple y sencillo que toca el corazón.

"Hace un tiempo, una radio local regalaba banderas para los autos en la semana de mayo. Yo no soy argentina, pero eso me tocaba el corazón" confesó Teahan. Los museos mismos también están apostando a esto, contando a partir de experiencias más interesantes que incluso llegan hasta la representación actoral de determinados personajes históricos. Teatro hecho experiencia. La comoditización ayudó al marketing experimencial, que tampoco discrimina en los productos que están en la góndola. Si bien parece algo más difícil, degustaciones con intérpretes representados generan experiencia pura y hasta en algunos casos con la ayuda del humor. Todo bajo una misma premisa aunque con una salvedad: "Lo importante no es la tecnología en sí, sino cómo la integramos, y eso requiere de estrategias", finalizó Teahan.

El Cronista
25 de Noviembre de 2015