Melina Furman: “Los chicos salen de la escuela sin las capacidades necesarias para ser ciudadanos plenos del siglo XXI”


La investigadora y doctora en educación puntualizó los desafíos y las oportunidades que aparecieron con la pandemia; además, en diálogo con GENTE , la docente de la Universidad de San Andrés habló sobre su nuevo libro Enseñar Distinto, que brinda herramientas a los docentes de todos los niveles para innovar en sus clases.

Una docente usando filtros en Tik tok, feedback por audios y evaluaciones hechas en video son algunas de las estrategias que la investigadora Melina Furman recogió de las más de 300 escuelas con las que trabajó el último año y medio, dando capacitaciones para la mejora educativa. La docente en la Universidad de San Andrés destaca que, más allá de las dificultades que se manifestaron durante la pandemia, esta situación que vivimos durante el 2020 y parte del 2021, ha dejado una “primavera de oportunidades” para la educación.

El fin de semana pasada salió a la venta su último libro “Enseñar distinto: Guía para innovar sin perderse en el camino” que invita a los docentes desde el jardín de infantes hasta la universidad a equiparse con nuevas herramientas para lograr clases más atractivas, que interesen a los alumnos del siglo XXI y logren un aprendizaje profundo, que les sirva en la vida adulta, más allá del contenido “que repetimos como loros”. “El libro apunta al desafío de cómo lograr enseñar de manera que entusiasme más allá del conocimiento fácil e inerte”, indica Furman. 

En diálogo con GENTE, la especialista e investigadora del CONICET cuenta sobre la deuda sistémica que existe en el país con la educación, la importancia de poner foco en el trabajo interdisciplinario, los equipos directivos y en los recursos de las escuelas.

- ¿Qué desafíos en materia de Educación se presentaban antes de la pandemia, cuáles se aceleraron bajo este contexto y cuáles aparecieron a raíz del aislamiento que provocó el cierre de escuelas durante más de un año?

- Hay un desafío desde hace muchos años en la educación en la Argentina que tiene que ver con cómo generar en alumnos de todas las edades el entusiasmo y el deseo en el aprendizaje. En mi libro hablo de este desafío de cómo lograr enseñar de manera que los estudiantes se entusiasmen más allá del conocimiento fácil, inerte. Ese que no se lleva a repetir todo “como loros” pero que no generan un conocimiento profundo. Basta hacerse a uno mismo la pregunta: ¿Cuántos temas hemos estudiado en nuestra biografía y hoy apenas nos suenan de oído?

En “Enseñar Distinto” propongo esto. Cómo desde una clase, partiendo del currículum que tenemos, podemos dar vuelta la lógica de la enseñanza. Lograr que los alumnos atraviesen experiencias más vivenciales, puedan mirar hacia adentro para ver qué aprendieron.Generar un cambio en esta educación más enciclopédica, aquella que reproducimos de memoria el contenido y generalmente luego lo olvidamos. Es un desafío de siempre, que se traduce en que los chicos salen de la escuela sin las capacidades necesarias para ser ciudadanos plenos del siglo XXI. Por ejemplo, la capacidad de colaborar con otros, alcanzar un pensamiento crítico, la posibilidad de resolver problemas.

Además, a la luz de las diferentes evaluaciones educativas, ya sea a nivel nacional con las pruebas Aprender o internacional -con las pruebas PISA-, se puede observar una gran inequidad sobre todo en los alumnos que provienen de familias más postergadas. En estos casos se da que los estudiantes egresan de la escuela con aprendizajes muy débiles en áreas claves; todo esto tiene que ver también con las condiciones en que se da la enseñanza, las condiciones de los docentes, los recursos. Es urgente brindar más capacitaciones, sobre todo en escuelas de bajos recursos.

Por otra parte, hay una urgencia que ya era necesaria abarcar antes del 2020, que es la posibilidad de que los chicos terminen la escuela en tiempo y en forma. Esto es una de las tantas cosas que se acentuó muy fuerte a raíz de la pandemia. Días atrás el ministro de Educación Nicolás Trotta hablaba de cerca de un millón de chicos que interrumpieron su formación. Cuando uno conversa con docentes lo primero que dicen es esto: hay muchos chicos que no volvieron a la escuela y los que sí lo hicieron, hay muchos que lo hicieron con muchísimas dificultades. Los datos de UNICEF del año pasado son alarmantes. Respecto a la educación a distancia, la cantidad de familias que no tenían internet, o una baja calidad de conexión, o un dispositivo por familia. Las secuelas están ahí. Por suerte estamos volviendo a la presencialidad plena, que es bastante endeble, en el día a día como padres afrontamos situaciones en las que se cierran las burbujas. Este gran desafío que ya teníamos de cómo enseñar a los alumnos se acentuó por la heterogeneidad y desigualdad de origen. Por eso la escuela presencial es tan importante. En esa desigualdad de origen, en la brecha digital, ahora tenemos que recuperar a los que no volvieron y ayudar y brindar herramientas a aquellos que necesitan un acompañamiento más intensivo.

Más allá de esta heterogeneidad y todo lo negativo que trajo el cierre de escuelas, no solo desde los contenidos sino también desde lo emocional . ¿Crees que en cierto sentido ha sido una oportunidad para la educación?

Pasaron algunas cosas muy valiosas, que no son menores. La más evidente fue que se generó una capacitación docente acelerada y masiva en tecnologías digitales. Si bien es un tema del que se hablaba hace tiempo, y estaban las herramientas disponibles, no se terminaba de incorporar a la práctica. Con la pandemia, de un día para otro, tuvimos que animarnos a reconvertir las clases. con dificultades, en algunos casos quizás lo padecieron más que otros, pero muchos fueron encontrandole el gustito. Por eso creo que ha sido positivo en términos de formación docente: nos brindó una caja de herramientas pedagógicas más equipadas. Realicé muchas capacitaciones en este último año y medio en diferentes escuelas y cuando hablo con los docentes siempre les propongo esta premisa: pensar la pandemia como una marea que nos llevó puestos, nos dio vuelta patas para arriba, y cuando la marea se retira uno empieza a ver ciertos tesoros que aparecen en la orilla.

- A medida que escribías “Enseñar Distinto”, ¿qué herramientas o situaciones observaste en las distintas escuelas durante la pandemia que llamaron tu atención? 

- Primero, a partir de las dificultades generadas por el contexto en las escuelas pasó mucho que se empezó a priorizar qué era lo más importante enseñar. Esa pregunta: qué vale la pena enseñar, es una deuda que tenemos desde hace años y se empezó a dar en el interior de las escuelas. También se empezó a reflexionar acerca de cómo hacer para articular entre materias curriculares. Como no quedaba otra, se comenzó a trabajar en conjunto con proyectos de más de una disciplina. Se dio mucho un mayor trabajo en equipo entre docentes que antes en el apuro y la inercia del día a día no existía.

También rescato que empezó a generarse la posibilidad de evaluar de otros modos. En las pruebas escritas evaluamos reproducciones de conocimientos que los chicos muchas veces no terminan de entender. Y con la educación a distancia se empezaron a utilizar otras maneras de mostrar lo aprendido a partir del uso de videos, audios, podcast; cosas super interesantes de innovación tecnológica.

- Estos ejemplos que contás se dan muy al interior de las escuelas. Pero, ¿cuál es la consecuencia de que sea así y no aborde desde planos más generales de la educación?

- Ese es el problema. Que el cambio quedó a criterio de cada escuela y docente. No fue algo sistémico. Sino que dependió de docentes con ganas y también de los recursos. He observado muchos ejemplos de docentes que realmente realizaron trabajos excepcionales para enseñar de manera más auténtica, generar entusiasmo en los alumnos y revisar nuestras prácticas. 

- Me contas algunos de estos ejemplos de cómo los maestros encararon este desafío de las clases virtuales.

- Mantener el vínculo fue uno de los grandes desafíos. Y hay docentes que han hecho un gran trabajo. Por ejemplo, docentes que a la hora de presentar los trabajos hicieron desafíos grabados en video para disparar la secuencia que iba a tener los alumnos. Hay maestras que usaron tik tok con recursos atractivos para cambiarse la voz y disparar el desafío. Por ejemplo, una utilizó un filtro alienígena y les comunicó a los alumnos que había capturado a la docente y que para rescatarla debían completar el desafío.  Otras, por ejemplo, dieron los feedback a sus alumnos por audio, en vez de una nota, donde les hacían una devolución con mucha especificidad, con mucho cariño qué hicieron bien, qué tenían que mejorar y lograron una manera de mantenerse cercanos a pesar de la distancia.

También pasó lo contrario. A nivel sistémico muchos chicos quedaron muy huérfanos. Por eso, más allá de estos ejemplos tan lindos, es importante no depender tanto de los héroes del sistema sino lograr que el sistema funcione.  

- La pandemia dio vuelta un montón de situaciones cotidianas que generaron cambios que se instalaron en la sociedad. Desde lo educativo ¿Qué cosas considerás ya no pueden seguir igual? 

- Hay mucho trabajo que hacer este año al interior de las escuelas. Se está haciendo un trabajo muy grande en relación a los alumnos que volvieron con mayores dificultades y los que directamente no volvieron. Hay programas nacionales y provinciales en este sentido, pero estamos lejos de poder mitigar los daños que generó la pandemia en la educación. Este año van a volver las evaluaciones. Ya los años anteriores teníamos resultados alarmantes y todo indica que van a empeorar.

Las condiciones de enseñanza son muy desiguales. Hay cuestiones de base en las que tenemos una deuda muy grande: la necesidad de ayudar a las escuelas que más necesitan capacitación, materiales, adecuación de cuestiones edilicias.

- ¿Cómo surgió la idea del libro y en qué medida se fue transformando o qué cosas incorporaste a raíz de la pandemia?

- Es un libro en el que la semilla surgió antes, durante mis últimos años como formadora docente, y que recupera un montón de talleres y acompañamiento a escuelas que plantea respuestas a la pregunta: cómo estamos enseñando. Se trata de volver a mirar con ojos curiosos nuestra práctica. Cómo se puede innovar para generar más entusiasmo en el aprendizaje y el aprendizaje profundo. Usar el aprendizaje más allá de la escuela, que tenga sentido y nos forme para la vida. Es mi búsqueda de los últimos años: plasmar en papel todo el recorrido, cómo hacer buenas preguntas, cómo planificar una unidad, una clase. Cómo dar un feedback, cómo generar independencia de pensamiento. Hay muchos ejemplos sobre esto desde antes de la pandemia pero también muchas vinieron en esta primavera de creatividad que hay que recuperar.

Además, pensar en formatos híbridos: no solo en la presencialidad, sino también en la virtualidad. Cómo planificar una clase por zoom que valga la pena; cómo abrir y cerrar; qué actividades proponer; cómo lograr que los alumnos participen más allá de estar a veces frente a una cámara apagada; cómo hacer para que participen. Estos desafíos me atravesaron como docente. 

- A partir de tu trabajo en proyectos para la mejora educativa en más de 300 escuelas de nivel primario y secundario en contexto de vulnerabilidad social en Argentina. ¿Qué dificultades generales notaste que se repetían más y cuáles fueron las diferencias más grandes o las inquietudes que observaste en diferentes escuelas?

- He brindado muchos talleres de innovación pedagógica. Encontré que, más allá de que se amplió la brecha y la desigualdad entre los recursos, una de las claves de este año y medio se dio en que la enorme diferencia entre las escuelas la hicieron los equipos directivos. Y eso también es una de las grandes deudas: la necesidad de fortalecer los equipos directivos. Que tengan más tiempo para pensar en lo pedagógico, más allá de lo administrativo. Que puedan pensar en planificaciones en vez de atajar situaciones como agujeros en el techo o falta de calefacción y agua en las aulas. Que cuenten con más recursos y personal para acompañar a los docentes y pensar en la enseñanza. 

- Hablamos del papel de los docentes y el equipo directivo. ¿Qué notaste en el papel de las familias?

- El involucramiento de  las familias fue muy desigual en las escuelas. Hay algunos casos en los que proporcionaron asesoramiento desde la institución para el acompañamiento de los chicos desde el hogar; cómo ayudarlos, si corregirlos o no. Estas cuestiones estuvieron vinculadas en algunos casos con las condiciones de origen de los chicos y sus propias familias pero hubo casos en los que la escuela tendió un puente a las familias para colaborar. La escuela se metió en la casa y la familia se metió en la escuela. Algunas escuelas lo capitalizaron e hicieron alianzas. Creo que es algo que se debería haber hecho desde un comienzo: incluir a las familias de entrada. 

- Más allá de lo tecnológico, los directivos se dieron cuenta de que los chicos no podían estudiar solos, que no tenían autonomía. Algo que se aprende, se construye. La escuela tiene que enseñar a aprender. 

- Todo esto lo recojo en mi libro: cómo encarar el conocimiento, cómo generar pensamiento crítico, como aprender a conectar situaciones, dónde empiezo. El” superpoder de aprender a aprender”, que les da la llave para aprender cualquier cosa. Cuando enseñas esto deliberadamente a los chicos que les va mal les empieza a ir mejor. Ese no entender cómo aprender es otra deuda que explotó en la pandemia.

- Se suele evocar mucho los sistemas educativos de países como Finlandia. A partir de tus viajes, tus participaciones en conferencias, seminarios y escuelas. ¿Qué te parece que deberíamos alcanzar como país y aún estamos muy lejos de hacerlo? 

En países como Finlandia hay algo del reconocimiento a los docentes como actores claves de la sociedad. No solo desde lo simbólico sino también desde la formación, tan sólida. Hay mucho prestigio en ser docente, y las condiciones laborales están entre las mejores. Esto es algo central porque haría todo infinitamente más fácil. Ese país da mucha autonomía a los docentes en la forma de elaborar el contenido porque están muy bien formados.

Hay metodologías que se están implementando en otras partes del mundo en esta primavera pedagógica. Hay movimientos de escuelas públicas y privadas en Catalunya, donde se realiza una fragmentación del conocimiento por proyectos.

Acá en la Argentina, en Río Negro hicieron una reforma donde se insta en la escuela secundaria a trabajar por proyectos. Partir desde un desafío y a partir de eso vas aprendiendo los contenidos. Te doy un ejemplo. En un proyecto de Lengua en vez de hacer un cuestionario para contestar ¿qué características tienen los textos de terror? partir de la premisa ¿qué historias te asustan más? ¿Qué recursos o elementos usan para que vos te asustes? Tomar esas preguntas que uno se hace y que el alumno grabe un tráiler desde su celular sobre una película de terror en la que se vean estos recursos que aprendió. Hay un proyecto en este sentido en la Provincia de Buenos Aires, en la red global de aprendizajes. En Uruguay también hay un proyecto enorme que abarca una red de aprendizaje profundo, que se basa en la pedagogía de Michael Fullan (Canadá), sobre proyectos para lograr habilidades para la vida y que generan mucho entusiasmo en los chicos y una conexión distinta.

Más allá de casos muy conocidos como el de Finlandia, por suerte hay muchos proyectos en América Latina. El potencial de la red es enorme para lograr pensamiento colectivo; también en la formación en equipos directivos, donde se empiezan a compartir estrategias, hay una inspiración mutua.

- Semanas atrás se viralizó el caso de la docente de La Matanza que generó mucha repercusión. Más allá de la politización del caso, te quiero preguntar a raíz de tu trabajo en tantas escuelas ¿qué te generó ese video y si es una realidad escondida que salió a la luz?

- Por mi experiencia creo que se trata de situaciones muy excepcionales. Lo que uno ve en esa clase - más allá del contenido político- es el maltrato y la violencia a los alumnos. Cuando la docente le dice “ya te llevaste historia”, da muestra de una situación muy asimétrica en la clase, donde el docente ejerce un poder sobre el alumno. Un chico de otro curso, cuando lo entrevistaron a propósito de esa docente, confesó que lo que más le llamó la atención fueron las agallas del chico que se enfrentó a su profesora. Otros docentes que cerraban la puerta para no escuchar los gritos. Este tipo de situaciones son todo lo contrario a lo que debe representar el trabajo en la escuela, como un espacio de contención emocional, con docentes y alumnos en situación de bienestar y convivencia. Hay que evaluar un montón de  cuestiones para lograr que eso se dé, observar también las condiciones de trabajo de los docentes y como dije son clave los equipos directivos que puedan mirar qué pasa. 

No considero que sea algo habitual pero si hay situaciones de maltrato. Hay situaciones en este sentido más naturalizadas, como por ejemplo un profesor que manda todos a examen, ahí hay que revisar de raíz que sucede. O esta idea que a veces sobrevuela los ambientes escolares de que “los chicos ya no vienen como antes”. Claro que no viene como antes. Estos son los chicos que hay, estas son las familias y estos son los docentes. Hay que hacerse cargo y trabajar con lo que tenemos hoy.

Sobre Melina Furman
Estudió biología en la UBA y realizó su máster y doctorado en Educación en Columbia University, en Estados Unidos.

Actualmente, es docente en la Universidad de San Andrés e investigadora del CONICET. Sus conferencias TED suman más de un millón de reproducciones. Es autora de varios libros de divulgación científica : “La aventura de enseñar ciencias naturales”, “Guía para criar hijos curiosos”, y el último "Enseñar distinto".

 

 

Gente
08 de Septiembre de 2021