Melina Furman: Un proyecto para encender la curiosidad

La profesora de la Escuela de Educación reflexiona sobre la necesidad de acercar a los niños al pensamiento científico y brinda consejos para avivar la chispa del conocimiento.


A Melina Furman le cuesta que la madre, la bióloga y la apasionada por la ciencia no se fundan en una única mujer en cada rato compartido junto a sus mellizos Ian y Galo. Los pequeños, a poco de cumplir tres años, ya palpan los principios esenciales del pensamiento científico que su mamá les inculca toda vez que se mueven las hojas de una planta o desfilan hormigas sobre el jardín: la observación atenta y, claro, las bienvenidas preguntas. Pero más allá de tratarse de sus hijos, esta doctora en Educación, investigadora del CONICET y docente en la Universidad de San Andrés, se alegra -y hacia allí se encaminan varios de sus proyectos- cada vez que un niño disfruta de esa forma de conocimiento.

–¿Por qué es importante que los niños se relacionen con la ciencia?

–Principalmente, porque es una manera de ver el mundo que permite abrir la mente. Es un modo de descubrir que se basa en la exploración y en una curiosidad que busca mantenerse encendida toda la vida y que además combina esa parte creativa con un pensamiento más analítico y sistemático. Este tipo de pensamiento, muy poderoso para entender la realidad y actuar, se puede ir formando de a ladrillitos y es maravilloso ir construyéndolo desde pequeños.

–Uno de los proyectos que fomenta ese vínculo es "Expedición Ciencia", ¿cómo nació?

–Junto a Diego Golombek y Gabriel Gellon, otros dos científicos, y Alberto Maier, profesor de Educación Física, fundamos esta ONG en 2002 como una conjunción entre la ciencia y la aventura. Nuestro proyecto más querido es el campamento de verano que realizamos en la Patagonia con chicos de todo el país, de 14 a 17 años, y al que pueden inscribirse en <http://expedicionciencia.org.ar/>. Ellos conviven con científicos profesionales durante los días que dura la expedición, en la que se trabajan tres aspectos: la exploración física; la cuestión científica, en la que nos identificamos con personajes de la Historia de la Ciencia; y la parte afectiva, por los vínculos que nacen durante la experiencia.

–¿Cree que hay paralelismos entre los científicos y los niños?

–A cualquier investigador se le va a notar una chispita que lo mueve y que, en general, tiene que ver con las ganas de conocer ese mundo tan misterioso. Siento que la gente que se ha dedicado a la ciencia mantiene esa chispita de curiosidad que todos tenemos cuando somos nenes y creo que ese es el gran espíritu común entre ambos.

–¿Por qué piensa que quienes se dedican a la ciencia conservan ese espíritu?

–Aún no está muy claro por qué algunos sí lo mantienen y otros no, pero pareciera tener que ver con la educación primaria y secundaria y el hecho de haber tenido docentes buenos e inspiradores que nos hicieron sentir que había algo bueno por descubrir en el mundo. También hay personas que son más curiosas o que integran ambientes familiares donde el debate es parte de la conversación diaria. Por eso, creo que lo importante es estimular esa curiosidad, sin importar en qué casa nació cada uno… Que el sistema educativo, la tele y la cultura en general sigan encendiendo esa chispita. 

 La versión original de la nota puede verse aquí:  http://tiempo.infonews.com/nota/155560/un-proyecto-para-encender-la-curiosidad

Tiempo argentino
22 de Junio de 2015