Qué debe aprender Netflix de Borges


En “Borges, big data y yo” (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero aborda cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “Tlön Uqbar Orbis Tertius” y “La biblioteca de Babel” desde la estadística. La ficción “científica” de Borges se vuelve así un camino para comprender nuestra vida y nuestro comportamiento en tiempos de datos a gran escala

La big data se instaló en nuestra vida y, aunque todavía se debate si es una ventaja o una amenaza, en el imaginario se acepta sin discusión que rige nuestras decisiones, nuestros intereses, nuestros deseos: desde lo más banal como definir el recorrido que haremos en auto hasta los más profundos como qué carrera estudiar o en qué zona vivir. Los datos a gran escala parecerían, entonces, una suerte de fantasma en la máquina que se mueve con voluntad propia y que no comprendemos del todo.

En su libro anterior, Big data (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero, director del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés, se metía —se entrometía— con esta idea y, con un tono afable, didáctico pero no profesoril, sencillo pero sin perder rigor, señalaba la dinámica, el alcance y los límites de los “macrodatos”. Estas ideas vuelven a aparecer en Borges, big data y yo (también publicado por Siglo XXI), pero con una interesantísima vuelta de tuerca: a partir de cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”, “Funes, el memorioso”, “Pierre Menard autor del Quijote” y un largo etcétera, Sosa Escudero se interroga por la función de la estadística, la utilidad de la big data en tiempos de coronavirus, la ubicuidad de los números en las tomas de decisión.

Borges, Big data y yo entra en una tradición de libros que aborda la relación entre Borges y las diferentes ramas de las ciencias formales: la antología Borges y la ciencia, compilada por Eudeba y con prólogo de María Kodama, Borges y las matemáticas, de Guillermo Martínez, Borges y la física cuántica, de Alberto Rojo. La lista, como cabe a una serie borgiana, podría extenderse hacia el infinito. Pero no deja de ser una característica muy llamativa, dado que el propio Borges había admitido que tenía rudimentarios conocimientos de matemática.

“La ciencia es la construcción de un universo”, dice Walter Sosa Escudero en diálogo con Infobae Cultura. “Es como si nosotros primero hubiésemos determinado las reglas del mundo y después la gente opera con respecto a esas reglas. Es un poquito lo que hace Borges: es el argumento de ‘Tlön Uqbar Orbis Tertius’ puesto cabeza abajo. Borges inventa esos universos que se parece muchísimo al tipo de universo que, a los gritos pelados y con urgencia, quiere crear un científico. En ‘La biblioteca de Babel’, Borges plantea una tremenda cantidad de preguntas acerca de la tensión entre lo finito y lo infinito, de la posibilidad de buscar y encontrar, de qué significa que una cosa sea más grande que la otra. Es el tipo de cosas que un científico pretende hacer; la tarea del científico no es dar respuestas sino generar preguntas”.

Esa mirada “científica” de Borges se acentúa también en cómo sus cuentos toman ideas que se estaban formando mientras él escribía. Alberto Rojo, por ejemplo, refiere en Borges y la física cuántica que una lectura de “El jardín de senderos que se bifurcan” podría dar cuenta de la teoría del multiverso.

“Borges”, sigue Sosa Escudero, “parece sentirse comodísimo con los conceptos contemporáneos de la física y la matemática que eran prácticamente contemporáneos, y eso habla, no del Borges erudito ni del Borges intelectual, sino del Borges creador. Tendemos a pensar en Borges como intelectual, como si fuese Bertrand Russell, y no lo vemos como si fuese un Picasso, como un Stravinsky. Como científico, lo que más me impacta es el Borges creativo”.

Del rigor de la ciencia

—Alguna vez Borges dijo que había dos clases de mentiras: la psicología y la estadística. ¿Cómo se puede leer esa frase a la luz de tu libro?

—Qué tiene que ver la estadística con Borges: bueno, uno de los temas más recurrentes de Borges es la tensión entre la realidad y su representación. En “Funes el memorioso”, Borges dice: “Intentaré resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo”. Y resumir con veracidad es casi una descripción de la tarea de la estadística. Es algo aparentemente contradictorio resumir y ser veraz, porque toda vez que uno quiere resumir parece estar faltando a la verdad. Pero, justamente, el objetivo de la ciencia es quedarse con la verdad a través del resumen. Pensemos en el juego que hace Borges con “Del rigor en la ciencia”, donde un grupo de cartógrafos hace un mapa escala uno a uno. La ciencia ocurre con un propósito y, si uno se lo saca, termina representando al mundo en su forma más trivial.

—Yo creo que una de las cosas por las que te gusta tanto Borges es su pasión por el infinito.

—En el libro digo que, si vos decís tres veces infinito, el espíritu de Borges empieza a flotar por donde estás. La estadística vive del infinito. Si pudiésemos lanzar una moneda infinitas veces, aprenderíamos que las chances de que salga cara o ceca son 0.5. Ese razonamiento, que se llama “Ley de grandes números”, pide a gritos la presencia del infinito. Y el resultado a partir del cual puedo aprender algo por replicarse infinitas veces tiene un nombre muy simpático: se lo llama “Teorema fundamental de la estadística”. Si veo cómo algo se replica entiendo su esencia. La estadística vive en esa esperanza de ver replicar las cosas infinitas veces. En la práctica no se da infinitas veces sino en un número lo suficientemente grande, pero es la esperanza del infinito lo que permite que la estadística viva.

Infobae
21 de Diciembre de 2020