Tomás Bieda: Ey, qué te pasa Buenos Aires


De concretarse el triunfo del PRO en segunda vuelta, la coalición electoral de Macri estaría apoyada principalmente en un Buenos-Aires-extendido: Provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba (y en menor medida Mendoza). Cinco o seis distritos tomando las decisiones importantes, y el resto del país controlado por un peronismo en repliegue. ¿Se puede gobernar solo con la Pampa Húmeda?

Octubre. 1859. Argentina. Límite de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. Cerca, un arroyo. 23 mil hombres: 14 mil de un lado, 9 mil del otro. Momento militar. Caballería, infantería, artillería. Al mando de cada ejército futuros nombres de calles de cualquier barrio argentino. Uno de los comandantes, protagonista indiscutido de la historia argentina, ante la inminencia del choque, arroja a la historia una afirmación contundente: “He querido evitar la sangre y he procurado la paz. El gobierno de Buenos Aires se empeña en provocarnos con un ejército que no puede resistirnos. Pues bien, conquistemos por la acción de las armas una paz duradera”. A la caída del sol, la suerte estaba echada: una centena de porteños muertos, miles tomados como prisioneros. La historia atesoraba un hito digno de ser repetido hasta el hartazgo en los manuales de historia. El Comandante derrotado iniciaba su retirada, el vencedor lo perseguía, a los disparos. Así, Mitre perdía la batalla de Cepeda y Urquiza triunfaba consiguiendo la reincorporación de Provincia de Buenos Aires a la Confederación Argentina.

Dos años después el conflicto se recalentaba: mismas partes, mismos Comandantes, mismas coaliciones y mismos objetivos, aunque esta vez, cerca de la Ciudad de Rosario. Pavón. Inversión entre ganador y perdedor.

La historia política del siglo XIX argentino nos ha enseñado un conflicto entre facciones que albergaban proyectos políticos-programáticos encontrados. Abstrayéndose de los nombres y los relatos de las batallas, podría definirse la tensión en torno al doble clivaje centro-periferia y campo-ciudad. Tomando prestada la metáfora futbolera: “los amigos de Buenos Aires” contra “el resto del mundo” (“mundo” en este caso significa el resto de las provincias). En efecto, nuestro momento fundacional aparece definido por un conflicto ineludible, con varios momentos militares, acerca del rol de Buenos Aires.

Sin embargo, tal como enseñan Gibson y Falleti, sobre finales del siglo XIX ese conflicto se saldaría, encontrando un equilibro “estable” en una organización federal y (co)participativa en la que las unidades subnacionales, lógicamente anteriores al todo, resuelven y canalizan sus conflictos mediante diversas instituciones democráticas.

Pero esto, ¿es así? Esa historia, ¿está sellada y enterrada? La distribución geográfica de los resultados de la última elección presidencial del 25 de octubre (¿será que nuestra historia avanza en octubre?) y la eventual concreción del triunfo del PRO en la segunda vuelta, podrían despertar aquel viejo clivaje decimonónico fundacional. De concretarse el triunfo, la coalición electoral de Macri estaría apoyada principalmente en un Buenos-Aires-extendido: Provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba (y en menor medida Mendoza). Cinco o seis distritos tomando las decisiones importantes, y el resto del país controlado por un peronismo en repliegue.

Y entonces, la necesidad de recuperar una pregunta embrionaria: ¿se puede gobernar sólo con la Pampa Húmeda? ¿Es susceptible una secesión simbólica informal, en la que Buenos Aires y sus cuatro/cinco “amigos” se “corten solos”? La historia argentina ha contestado negativamente a estos interrogantes, pero lo ha hecho como consecuencia de un triunfo militar donde ese “no, ni lo intentes” era impuesto con obuses.

Hoy en día -moralmente, por suerte- la opción militar ya no existe. Por lo que ese “no” debería ser impuesto de otra forma. ¿Cuál es la única opción institucional que aparece en el nuevo escenario? Esto es, ¿qué representaría esta “artillería” actual? Aquí, por ahora, mi respuesta: el Senado de la Nación. En términos de Gibson y Calvo, la asfixia de la “coalición periférica”, contrabalanceando el poder real de Buenos Aires (y su “Coalición Metropolitana”) gracias al número “sobrerrepresentado” de las provincias “Confederadas”.

Se podría bastardear este tipo de reflexión argumentando que, tal como reza el edificio del Congreso de nuestro hermano del norte, “de muchos, uno” (out of many, one). Sin embargo, corriéndonos del plano normativo, y en términos electorales, Macri parecería no necesitar a los “muchos” para alcanzar “la medalla de oro del presidencialismo”. Y ciertamente, tal como enseñan Gibson y Calvo, Buenos Aires y “sus amigos” concentran más del 70% de la población nacional y gran parte del flujo comercial del país. La pregunta entonces: ¿cómo evitar un gobierno de clara impronta bonaerense? O mejor dicho, ¿cómo van a hacer los “Urquizas de hoy” (ubicados en el norte del país) para ganarle Cepeda a esta nueva Buenos Aires empoderada? 

Bastión Digital
30 de Octubre de 2015
Elecciones 2015