Viejos dilemas con nuevos ropajes

"Si progresar es resolver viejos problemas y plantearse nuevos desafíos, lo internacional continúa siendo un dominio en el que el unilateralismo, la guerra, las ojivas nucleares, el terrorismo y el casino global conviven con la cooperación institucionalizada entre Estados y la solidaridad cosmopolita", sostuvo el director de las Licenciaturas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales.


Federico Merke
Director de las carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales

Veinte mil libras. Eso fue lo que donó el galés David Davies a la Universidad de Aberystwyth para instalar la primera cátedra de política internacional en 1919. El objetivo era pensar las causas de la guerra y las condiciones de la paz para una Europa que no abandonó la Realpolitik hasta quedar exhausta en 1945. Comenzada la Guerra Fría, la seguridad internacional -un concepto más amplio y complejo que la guerra- fue ocupando el centro de un nuevo campo intelectual: las Relaciones Internacionales.

La reconstrucción de Europa, primero, y la descolonización en Asia y África, después, introdujeron el desarrollo como problema internacional. Así, durante varias décadas, lo internacional tuvo que ver fundamentalmente con cómo organizar la seguridad y la economía a escala global en un mundo con cada vez más Estados soberanos.

El fin de la Guerra Fría consolidó la idea, tan atractiva como peligrosa, de que el progreso en la convivencia entre Estados no sería posible sin el progreso dentro de los Estados. La democracia y los derechos humanos, entonces, se convirtieron definitivamente en problemas internacionales. Introdujo, también, el cuidado del ambiente como asunto global. Y mostró los desafíos globales que emergen de sociedades anómalas, corruptas o colapsadas, como el terrorismo, el crimen organizado o los refugiados respectivamente.

El resultado es que nunca lo internacional tuvo tanta espesura como hoy. Y nunca lo internacional estuvo en el interior de las sociedades tanto como hoy, en nuestras góndolas, nuestras pantallas y en nuestras políticas públicas.

Pero espesura no es necesariamente progreso, porque la espesura ha venido a multiplicar los problemas de acción colectiva a escala global y regional. Si progresar es resolver viejos problemas y plantearse nuevos desafíos, lo internacional continúa siendo un dominio en el que el unilateralismo, la guerra, las ojivas nucleares, el terrorismo y el casino global conviven con la cooperación institucionalizada entre Estados y la solidaridad cosmopolita.

Lo internacional, de este modo, continúa planteando una tensión entre responsabilidades nacionales y responsabilidades internacionales. Y también, como solía decir Hedley Bull, un delicado balance entre las demandas de orden y justicia. Examinar lo internacional hoy, desde esta columna o desde la academia, demanda encontrar viejos dilemas en nuevos ropajes. Pero también implica mirar hacia adelante para encontrar las grietas por donde nuevos problemas demandan nuevas formas de pensar.

La Nación
Federico Merke
13 de Julio de 2015