Análisis: monedas latinoamericanas aún sufren por la incertidumbre

Federico Sturzenegger, profesor de la Escuela de Negocios, fue consultado por América Economía junto con otros especialistas sobre la situación de las monedas latinoamericanas después del shock inicial que ha supuesto el COVID.

América Economía
Gwendolyn Ledger
Alguna vez Eduard Norton Lorenz se preguntó si el aleteo de una mariposa en Brasil podría desencadenar un tornado en Texas, dando paso a una de las citas más populares para explicar la teoría del caos. No sabemos cuan fuerte aleteó ese lepidóptero a principios de octubre, pero sí nos consta que la noticia de un presidente Donald Trump contagiado con coronavirus golpeó fuerte al peso chileno, dejándolo como la moneda más devaluada respecto del dólar por varias jornadas.
No estaba sola. Un sondeo de Reuters esa semana apostó a que todas las monedas de América Latina continuarían agobiadas este trimestre, por los continuos temores sobre las finanzas públicas de Brasil y el vínculo cercano de México con la política de Estados Unidos antes de las elecciones presidenciales de noviembre.
¿Era esperable el derrumbe de monedas latinoamericanas debido a esta pandemia?
Aparentemente no. Desde el banco suizo Julius Baer destacan que los estimados económicos previos a la pandemia no dejaban entrever una especial debilidad de las monedas en América Latina. El banco explica que antes de que se diera a conocer el primer caso de coronavirus en Wuhan, se anticipaba un crecimiento económico mundial en 2020 de más de 3%, con el avance de la región latinoamericana en torno al 2%, impulsado por Colombia, Chile y Brasil, principalmente.
Según Julius Baer, en ese entonces, la moneda mexicana rondaba los 19 pesos por dólar y los estimados de consenso para los siguientes 12 meses lo situaban en alrededor de 19,80, es decir, con una depreciación esperada de solo 4%. Mientras, para el real brasileño se anticipaba incluso una apreciación de 1,5% en 2020, desde los 4,06 reales por dólar a solo 4,00.
En general, desde que se desató la pandemia, la tasa de interés ha caído y el dólar −en comparación con otras monedas globales, como el euro− ha perdido valor. 
Sin embargo, las monedas emergentes han caído, reflexionan en Credicorp Capital.
Tras llegar la pandemia a Latinoamérica, varias de las monedas experimentaron una fuerte depreciación, donde destacaron México, Colombia, Brasil y Uruguay. El promedio de depreciación en la región se ubicó en 12%. 
Desde entonces las monedas emergentes se han recuperado, pero de forma muy lenta. Y los culpables, según Juan Camilo Rojas, Global Head de Estrategia de Inversiones de Credicorp “son el crecimiento más lento, el coronavirus y su amenaza en la región, y el endeudamiento de los países, a pesar del esfuerzo en estímulos fiscales”.
Para el experto colombiano, el continente tiene tasas de interés altas en relación con la renta fija global. Por el lado corporativo, firmas sólidas podrían ser uno de los vehículos de inversión que podrían ver los mercados a nivel global.
Pero en la medida en que hay incertidumbre, con economías en riesgo de perder el grado de inversión eso aumenta la volatilidad de las monedas. “Unas [monedas] que se pueden ver beneficiadas son las que están vendiendo cosas reales al mundo, como el cobre. Eso es una entrada de capitales que … debiera apoyar una apreciación de la moneda, pero hay que esperar que eso retorne a niveles normales”, apunta Rojas.
En este juego hay factores fundamentales, pero también otros de volatilidad.
“El impacto no es el mismo en todos lados. Depende de la volatilidad de los flujos de capitales, cómo le pega la situación global a sus commodities, la solidez de la respuesta de sus políticas, en fin. Un montón de cosas. Y en este caso también de cómo se percibe la respuesta a la pandemia, que claramente afecta las perspectivas futuras”, dice a AméricaEconomía Federico Sturzenegger, profesor de la Universidad de San Andrés, y presidente del Banco Central (BC) argentino durante el gobierno de Mauricio Macri.
“Los efectos de la pandemia en las diversas clases de activos, incluyendo a las monedas, han sido muy difíciles de predecir. Este es sobre todo el caso cuando se trata de utilizar las enseñanzas de crisis previas, ya que la mayoría de las crisis del pasado han sido el resultado de riesgo sistémico, mientras que la actual es el resultado de un shock externo”, explica a AméricaEconomía el Director de Asesoría para las Américas del banco Julius Baer, Esteban Polidura.
Actualmente algunos países comienzan a reportar mejoras, mientras que otros aún presentan caídas en el valor de sus monedas. “Esas mejoras dependen, principalmente, de la conjunción de tres factores: la efectividad de las políticas implementadas por cada Estado, la efectividad y la fortaleza de sus bancos centrales, y la situación económica antes de la pandemia”, dice Rafael Romero, socio de PKF Chile Finanzas Corporativas y profesor de la Universidad Alberto Hurtado (UAH), en Chile.
Dadas las características de este shock, ha sido el Estado el primero en tener la obligación de reaccionar. “Ante una crisis sanitaria no bastan solamente las políticas que se implementen, sino también el mensaje que existe detrás de estas. Tal como sostiene el premio Nobel Robert Shiller, los estados juegan un rol preponderante en los momentos de crisis, tanto al implementar y hacer cumplir una serie de políticas como en la visualización del efecto de éstas en el mediano y largo plazo”, advierte Romero.
A modo de ejemplo, el académico chileno señala que, tanto en México como en Brasil, las depreciaciones fueron muy fuertes y su recuperación muy lenta. En parte esto se explica por el tipo de discurso de sus mandatarios, quienes desafiaron las medidas de bioseguridad. Estos discursos estuvieron asociados con sus decisiones políticas.  Tal es el caso de México, que prevé incrementar su gasto fiscal en tan solo 1% de su PIB. “En países con una recuperación más rápida, como es el caso de Chile, este gasto supera el 10% de su PIB, que tiene como destino la estabilidad financiera, mediante la estabilidad de ingresos y subsidios y transferencias a la población”, añade Romero.
Por su lado, Perú sufrió una depreciación del sol cuando se vieron las dificultades del país para lidiar con la pandemia. “Brasil fue, por esto mismo, el más afectado al principio. Pero debo decir que se está moviendo en términos de reformas estructurales muy bien y creo que puede salir bien parado. Fíjate que tuvo una mega devaluación de más del 30%, a principios de año, y después se estabilizó”, recalca Federico Sturzenegger.
 
BANCOS CENTRALES INDEPENDIENTES
 
Ante las acciones de los Estados frente a la pandemia, son los bancos centrales los que podrían mejorar la situación del tipo de cambio. “Sin embargo, a pesar de las políticas e instrumentos que puede utilizar para inyectar dólares a la economía, depende de cuán fortalecido haya estado antes de la pandemia. En el caso de Brasil, si bien el Ejecutivo no actuó de manera oportuna, sí lo hizo su Banco Central, que, al ser solvente, cuenta con reservas internacionales en un valor que alcanzan 30 meses de sus exportaciones”, adelanta Romero.
“Uno de los grandes logros de los países latinoamericanos ha sido establecer bancos centrales independientes, creíbles, y realmente autónomos. Eso les permite hoy a muchos países depreciar sus monedas sin que eso altere el proceso inflacionario. Es un gran activo que no existía décadas atrás. Esto permite entonces que cuando viene un shock externo, las economías se pueden acomodar mejor. Acá yo veo una respuesta apropiada a un shock externo”, afirma el expresidente del Banco Central argentino.
Para los analistas de Credicorp, la pequeña ventaja de esta crisis es que los bancos centrales de todo el mundo, y también los latinoamericanos, aplicaron las lecciones aprendidas de 2008.
“La reacción rápida y dinámica de los bancos centrales latinoamericanos ha sido la más correcta para tratar de mitigar el impacto: nunca en la historia de la humanidad habíamos ‘desenchufado’ la economía global. Hemos básicamente parado todas las economías, porque hemos llegado a un punto −tarde o temprano− en el que hemos tenido que menguar ese impacto. La actitud de los bancos centrales de salvar o resguardar las economías para que no haya un quiebre de la cadena de pagos y de dar cierto nivel de soporte, a una situación muy difícil, ha sido la adecuada”, defiende Darío Valdizán, Head Buy-Side Research de Credicorp Capital.
Mientras pasa la tormenta, comenta Federico Sturzenegger, los Banco Centrales de la región priorizan en sus tenencias activos líquidos (HQLA) ­−que se pueden convertir o permutar por dinero de forma rápida sin perder su valor­− de corto plazo sin riesgo y sin retorno, como el dinero en efectivo, acciones de empresas cotizadas en Bolsa, depósitos bancarios a plazo fijo, bonos y otros valores del mercado de renta fija negociables.
“Ahora, esos activos nominales se ven un poco afectados por una posible suba en la tasa de inflación global a partir de una posición mucho más blanda de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Veo un riesgo ahí. En mi experiencia como presidente del Banco Central de Argentina, me extrañó no ver en el mundo un manejo de la cartera de reservas en el que se invirtiera en activos que correlacionaran más negativamente con los shocks de los países proveyendo un mejor seguro para el país”, reflexiona Sturzenegger. “Igual creo que hoy el riesgo más grande es una aceleración inflacionaria, por lo que debería invertirse más de las reservas en activos reales que protegen contra la inflación”, advierte el hoy académico. 
 
GANADORES Y PERDEDORES
 
¿Quiénes ganan y quiénes pierden con esta baja en las monedas?
“Sería incorrecto afirmar de manera taxativa quienes ganan y quienes pierden ante una depreciación. A priori se podría considerar que los países exportadores se verían favorecidos; sin embargo, esto se compensaría con las pérdidas que asumen al importar bienes y servicios de otros continentes. Los países latinoamericanos se caracterizan por exportar grandes volúmenes de materias primas y bienes intermedios, e importan bienes y servicios finales. Asimismo, al depreciarse una moneda la inflación podría aumentar, provocando que la población reduzca su poder de compra”, anticipa Romero.
Federico Sturzenegger lo evalúa a nivel de la organización de la producción. “Países con buen capital humano, dominio de idiomas, van a tener ventajas comparativas… Entonces la flexibilidad y la creatividad van a definir los ganadores y perdedores. Argentina, por ejemplo, acaba de pasar una ley que casi hace prohibitivo el teletrabajo; con cosas así no vamos a ningún lado”, lamenta.
Los países exportadores tienden a beneficiarse de una moneda local más débil, ya que esto hace que sus productos y servicios sean más competitivos. “México destaca en este sentido con exportaciones anuales equivalentes a más del 35% de su producto interno bruto (PIB), precisa Polidura de Julius Baer. En el periodo enero-agosto 2020 México ha sextuplicado su superávit en balanza comercial respecto al mismo periodo de 2019, aunque con exportaciones que son 17% menores en ese periodo.
Así, la depreciación de varias monedas latinoamericanas en los últimos meses no se ha reflejado en un incremento exponencial en exportaciones, simplemente porque sus principales clientes también están pasando por una severa crisis económica.
“Sin embargo, se nota progreso para algunos países de la región. Brasil, que tiene exportaciones anuales que equivalen a alrededor del 15% de su PIB, reportó recientemente una aceleración considerable en la actividad manufacturera que empujó al índice PMI a 64,7 en agosto, frente a 58,2 anteriormente”, señala el analista.
 
¿QUÉ HACER?
 
La pregunta entonces es si hay algo que los países en América Latina puedan hacer para proteger a sus monedas en estos meses de potencial incertidumbre y volatilidad.
“Creemos que sí, sobre todo si se mantiene la disciplina en tres ámbitos. Primero, la expectativa de amplios déficits fiscales debe de encontrar pronto señales que marquen un regreso a la consolidación fiscal. Segundo, los inversionistas estarán buscando que las reservas internacionales mantengan por lo menos un valor estable en dólares americanos. Y tercero, la independencia de los bancos centrales debe seguir siendo respetada. No deben mezclarse objetivos políticos con política monetaria, de otra forma el impacto en la valuación de las monedas podría ser negativo”, explica el especialista de Julius Baer.
El escenario político no ayuda, pues la región enfrenta un nutrido calendario electoral que en los próximos 18 meses afectará a Chile y Bolivia este octubre, y que incluye a Perú, México, Brasil y Colombia, entre otros. 
“Normalmente la proximidad de los ciclos electorales viene combinada con una menor austeridad, lo que podría poner algo de presión adicional sobre las monedas, ya que incrementa la probabilidad de que las agencias calificadoras sean más estrictas con el cumplimiento de ciertas métricas, más ahora cuando el gasto no planeado se ha incrementado como consecuencia de la pandemia. Asimismo, la tracción de flujos de capital será vital para una mayor estabilidad de las monedas en la región, y eso es más fácil de lograr si se evidencia un compromiso de sanidad fiscal”, opina Juan Camilo Rojas, global Head de Estrategia de Inversiones de Credicorp Capital.
De todos modos, no se espera que la situación aleje a inversionistas.
“Cuando se desencadenó la pandemia se temió que el mercado de capitales fuera hacia una situación de crisis global con defaults generalizados. Pero este escenario no se dio para nada. Brasil y Colombia están colocando deuda con tasas entre 2 y 3%, Honduras a tasa del 5%. Así que no veo problemas con los flujos de capitales; el escenario catástrofe no se dio”, afirma Federico Sturzenegger.
De todos modos, la región sigue siendo el epicentro de la pandemia de COVID-19. Si bien los déficits fiscales parecen inevitables y lo correcto para combatir la crisis económica, la consolidación fiscal una vez que la pandemia termine será clave para las perspectivas de la región, especialmente en aquellos países que enfrentan mayores presiones a la baja, como Brasil, México y Colombia.
Una vez más, la política jugará un papel clave en la definición de las perspectivas de la región.
“América Latina debería volver a los niveles de producción económica anteriores a la crisis solo en 2022 o más tarde. La política monetaria está en gran medida agotada y la mayoría de los países sentirán una creciente presión de consolidación fiscal. Además, la credibilidad y estado de derecho en algunos de los países están siendo cuestionados por los inversionistas”, opina Esteban Polidura. “La ausencia de una recuperación de los precios de las materias primas y las restricciones fiscales en la región también afectarán la recuperación del crecimiento”, dice el analista de Julius Baer.
¿Cómo salir del atolladero?
“Venimos de un cambio muy grande en la política de la Fed, que a mí, debo confesar, no me gusta. Apuntar a mayor inflación no le encuentro sentido alguno… El aumento de la tasa de inflación puede desembocar en una licuación de muchos de esos activos líquidos que poseen nuestros bancos centrales y muchos ahorristas en nuestro continente”, advierte Federico Sturzenegger.
Lo claro es que una mayor inflación en Estados Unidos se vería acompañada por una mayor depreciación del dólar.
“¿Habrá llegado el momento en que las monedas latinoamericanas se empiecen a apreciar contra la moneda norteamericana? Quizás”, reflexiona el académico de la Universidad de San Andrés.
Para Polidura, independientemente de factores exógenos que no pueden controlarse (incluyendo eventos especulativos), América Latina debe regresar al camino de la consolidación fiscal para favorecer un eventual fortalecimiento de sus monedas. “Esto, sin embargo, no será fácil ya que los diversos programas de estímulo implican déficits fiscales crecientes”, advierte.
El banco privado suizo recuerda que se estima que el déficit fiscal de Brasil llegue a un 10% este año, con una relación deuda / PIB cerca del 100%. La elevada carga de la deuda del país y la rígida estructura fiscal con un gasto público alto ofrecen un margen limitado para la consolidación fiscal. Como tal, la capacidad de Brasil para navegar a través de la actual crisis económica depende en gran medida de su estabilidad política y credibilidad de las políticas para volver a la disciplina fiscal y monetaria cuando la crisis termine y evitar ciclos de retroalimentación negativa.
Otro caso es Chile, donde Fitch redujo su calificación desde A a un A- hace unos días. Por su lado, Moody's redujo la perspectiva de estable a negativa para reflejar los crecientes riesgos en la fortaleza fiscal del país, así como las presiones sociales.
“La buena noticia es que nuestro equipo espera que la inflación se mantenga en la mitad inferior de los rangos objetivo de los bancos centrales hasta 2021”, finaliza Polidura.
Está por verse si, en lo referido a monedas y liquidez para Latinoamérica, tras el 3 de noviembre ese aleteo de mariposa trae un nuevo tornado o la calma.
“También vale apuntar que la normalización de la situación en las grandes economías desarrolladas reducirá el impacto en las remesas de la diáspora a sus países.  Por supuesto la desaceleración global, va a implicar una recesión en la región que nos retrotrae varios años, pero creo que la recuperación va a ser rápida”, augura Federico Sturzenegger.   
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Miércoles, Octubre 28, 2020