Distracciones: por qué son tan comunes las divagaciones mentales.

La ciencia investiga nuestra propensión a sufrir distracciones en todo momento

Agustín Ibáñez
Director del Centro de Neurociencias Cognitivas

Puede suceder en las actividades más diversas: mientras se maneja, en una clase, haciendo un deporte o durante una conversación. De un momento a otro, el foco de atención se desplaza. Como si hubiera un interruptor en el interior de la mente, un pensamiento nuevo se abre paso, sin previo aviso, por sobre la tarea de ese momento. Pero lo llamativo no termina ahí sino que, hasta que nos damos cuenta que este "cambio de canal" atencional sucedió puede pasar un tiempo considerable.

Las distracciones, se sabe, hoy están a la orden del día. Las nuevas tecnologías, en general, no ayudan a concentrar el foco de la atención. Pero más allá de los rasgos peculiares de estos tiempos, el perderse en pensamientos, que poco o a veces nada tienen que ver con lo que se está haciendo -un estado conocido como mind wandering, que podría traducirse como mente errante-, es tan propio de los humanos como reflexionar sobre los propios pensamientos o tener sentimientos morales.

En 2010, los psicólogos de la Universidad de Harvard Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert analizaron las respuestas que 2250 personas dieron a una serie de preguntas pensadas para estudiar la divagación mental. Los investigadores habían diseñado una aplicación para celulares para que los participantes del estudio respondieran acerca de las actividades que hacían y si, durante el desarrollo de estas, pensaron en otra cosa no relacionada con la aquellas tareas.

El resultado del estudio provocó cierto revuelo: indicó que las personas pasan entre el 30 y el 50% de su tiempo divagando y que ninguna actividad, salvo el tener sexo, era ajena a este estado. "Sorprendentemente, la naturaleza de las actividades de las personas tuvo solo un impacto modesto en si sus mentes vagaban y casi no tenían impacto en los temas en los que sus mentes deambulaban", indicaron los investigadores, en un artículo en Science. Y aseguraron: "Una mente humana es una mente errante".

Agustín Ibáñez, director del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet, aporta: "A nivel interno básicamente hay varios procesos como la motivación, el placer o el sentirse bien. Y una forma típica de desconectarse es cuando estás haciendo un trabajo que no te interesa en lo más mínimo o es muy arduo. Eso tiene que ver de alguna forma con el estado por default: uno tiende a un estado en el que se siente más o menos bien. Cuando tenés una carga de estrés que no podés compensar, o una frustración alta, el mind wandering ayuda, por así decirlo, a desconectar y a compensar esos factores".

Si bien el mind wandering pareciera ser un estado en el que la mente navega sin un norte, las divagaciones no suelen estar desvinculadas de las inquietudes, proyectos, recuerdos, deseos y fantasías de quien se halla en "la nube de Valencia".

"El foco atencional siempre depende, paradójicamente, de lo que está en la periferia de la mente. Y ello no solo depende los estímulos del mundo capturados por los sistemas visual, auditivo, táctil, etc., sino también de la periferia de la mente, de la imaginación, los significados en las palabras, o la semiótica. Cuando decís cualquier palabra o frase, por ejemplo, 'estoy sentado en una silla', se activan memorias y estados propioceptivos en tu cuerpo, que van más allá del foco atencional. Michael Polanyi hablaba del conocimiento tácito, ese que está en la penumbra de nuestra atención pero que sostiene el foco de la misma. La navegación mental lo que hace es conectar con la periferia, pudiendo cambiar el foco de atención", dice Ibáñez.

Agustín Ibáñez
Jueves, Noviembre 12, 2020