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El efecto del lenguaje sobre el comportamiento humano

Un experimento realizado en el Movistar Arena reveló que las palabras negativas disminuyen el disfrute y los juicios sobre desempeño. 

Las palabras que evocan contenido emocional—como malo, bueno, guerra o paz—influyen en la experiencia social de las personas. Su impacto se manifiesta en la actividad cardíaca, electrodérmica y muscular, y suele repercutir en los pensamientos, emociones y toma de decisiones. En particular, las palabras con connotación negativa generan efectos más intensos y duraderos que las positivas. Sin embargo, la mayoría de estos fenómenos ha sido estudiado en grupos reducidos, con individuos aislados expuestos a estímulos descontextualizados. En una investigación publicada recientemente en la revista Humanities and Social Sciences Communications, Joaquín Ponferrada, Jeremías Inchauspe y Adolfo García, investigadores del Centro de Neurociencias Cognitivas (CNC) de la Universidad de San Andrés, junto con Federico Zimmerman (Harvard University–UTDT), Gerry Garbulsky (TEDxRíodelaPlata) y Joaquín Navajas (CONICET–UTDT), estudiaron cómo el lenguaje afectivo puede incidir en experiencias sociales multitudinarias. 

La investigación se realizó durante un evento en vivo de TEDxRíodelaPlata, en el Movistar Arena de Buenos Aires, con casi 12.000 asistentes. “La organización de este estudio implicó un esfuerzo logístico excepcional. Durante varios meses se trabajó en el diseño experimental, que incluyó pruebas piloto con estudiantes de la Universidad de San Andrés y de otras instituciones, así como en la planificación y gestión del evento. Fue una experiencia inédita por la magnitud del proyecto”, explica García. Además, Ponferrada destaca que el proyecto reunió a estudiantes, investigadores y profesionales de psicología, música, ingeniería, medicina y otras disciplinas, y que la comunicación efectiva con los colaboradores, incluso en las sutilezas del lenguaje, fue clave para el éxito de un proyecto de tal magnitud. 

Para el experimento, la audiencia fue dividida en dos equipos. A uno se le pidió cantar lo más fuerte posible el estribillo de Hey, Jude, de The Beatles; y, al otro, el de We Will Rock You, de Queen. Posteriormente, los participantes completaron un cuestionario en el que evaluaron su disfrute personal al cantar, su disfrute al escuchar al equipo contrario, su propio desempeño y el desempeño percibido del grupo rival. La clave del estudio era que las instrucciones de los cuestionarios variaban: algunos presentaban la actividad como una “batalla” (marco de confrontación), mientras que otros la describían como una “competencia musical comunitaria” (marco cooperativo). Además, las preguntas se formularon alternando entre palabras con carga emocional negativa, neutra o positiva. 

Con datos analizables de 4.574 participantes, los investigadores encontraron que las palabras negativas redujeron la percepción de disfrute y desempeño, tanto propio como ajeno, especialmente en el marco de confrontación, que acentuaba la rivalidad entre grupos. En contraste, si bien las palabras positivas también influyeron en la satisfacción y valoración de la experiencia vivida, tuvieron un efecto menos consistente. Estos hallazgos reflejan el “sesgo de negatividad”, según el cual la información negativa tiene mayor peso en las percepciones y comportamientos que la positiva o neutra. Como destaca Inchauspe, “manipulaciones mínimas en el lenguaje, incluso la alteración de palabras aisladas, pueden influir significativamente en la experiencia social colectiva”. Asimismo, el equipo de investigación señala que, al comprobarse estos efectos en un evento multitudinario, el estudio ofrece un modelo a escala de lo que podría suceder en otros contextos de comunicación masiva, como la audiencia de un noticiero o los millones de usuarios de una red social. “Es común escuchar ‘A mí contámela como quieras, pero yo sé bien lo que siento’. Nuestro estudio sugiere que esto no es tan así y que sentimos lo que sentimos, en parte, por cómo nos lo cuentan”, concluye García.

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