Graciela Fernández Meijide: “Hay que defender el derecho del 'enemigo' a ser igual que nosotros ante la Justicia”


“¿Qué es la reconciliación? Se lo pregunté al Papa hace poco tiempo, en noviembre, cuando me entrevisté con él. Yo vengo de una familia religiosa pero soy atea, y Francisco lo sabe. Le dije que en la Argentina la reconciliación es sinónimo de perdón a los militares juzgados por crímenes durante la dictadura. Pero acá parece que nadie pide perdón, que nadie lo necesita. Yo no voy a perdonar a los que secuestraron a mi hijito. Él no está y no puedo perdonar por él. Y tampoco nadie me vino a pedir perdón. A decirme: ‘Lo lamento, hicimos una barbaridad’. La reconciliación se va dando en la medida que la sociedad en su conjunto hace cosas mejores. Hoy no hay espacio para que alguien diga que la sociedad está reconciliada”.

Graciela Fernández Meijide tiene 85 años. A mediados de 1977, un grupo de represores entró a su casa y secuestró a su hijo, Pablo, que tenía 17 años. Era de noche. Lo buscó con intensidad. Integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), uno de los ocho organismos defensores de los Derechos Humanos que se conformaron en aquellos años. Después, se incorporó a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), donde recogió miles de testimonios de víctimas y familiares. Aquellos relatos fueron parte del informe “Nunca Más”, piedra fundamental del llamado “Juicio a las Juntas” que condenó en 1985 a los jefes militares que gobernaron el país entre 1976 y 1983.

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Fernández Meijide dialogó este jueves con el profesor José Luis Galimidi bajo la consigna “Conflicto: diálogo y racionalidad institucional". El encuentro fue organizado por el Departamento de Humanidades y el Comité de Difusión de los Valores de la Universidad.

“Si queremos que este país sea normal hay que defender el derecho del 'enemigo' a ser iguales que nosotros ante la Justicia. Es difícil pero merece la pena que las leyes sirvan para garantizarle el proceso correcto al que nos hizo tanto daño. Ninguno puede ser juez y parte. Tenemos la obligación de trabajar para que las leyes sean iguales para todos. No importa si fueron los militares que asesinaron”, expresó.

Y volvió a desandar el camino del recuerdo: “La dictadura no sólo secuestró, torturó, enjuició, asesinó y ocultó, clandestinamente, los cadáveres, sino que los que debimos dar por muertos a nuestros hijos fuimos los padres. Cada uno cómo y cuándo pudo”.

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Fernández Meijide dijo que sintió “natural” su paso desde una organización no gubernamental hacia la política. Lo hizo a principios de los 90 convocada por Carlos Auyero, un dirigente socialista a quien “respetaba mucho”. Fue diputada, senadora, candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires y convencional constituyente nacional en 1994 y de la ciudad de Buenos Aires un año después.

“La política nunca es transparente. Siempre tiene lugares opacos aunque no necesariamente delictivos. Para bien o para mal todos los problemas se revuelven desde la política. Esta no es una sociedad de ángeles. Pensamos que llegar al poder nos habilita el acceso a la impunidad, pero no es inevitable enriquecerse allí. Yo estuve rodeada de gente honesta, pero decir que cuando el partido ocupó un espacio territorial se hizo con honestidad sería mentir”, sostuvo.

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Viernes, Junio 24, 2016