La educación a distancia generó oportunidades para la educación presencial, revela un artículo de profesoras de la Escuela de Educación

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¿Educación presencial, a distancia o híbrida? Esta pregunta, que cobró un sentido crucial durante la pandemia por el coronavirus, sigue igual de vigente en las escuelas y universidades que imaginan experiencias pedagógicas del presente y del futuro. Una materia creada por profesoras de la Universidad de San Andrés para afrontar desafíos educativos reales, que tuvo que ser adaptada durante el 2020 para su virtualidad, sirvió como base para descubrir que las capacidades colaborativas que surgen en línea podrían tener beneficios en contextos educativos cara a cara. El resultado del proceso y su reflexión, llevado adelante por Mariana Luzuriaga, Agustina Buscaglia y Melina Furman, profesoras del Departamento de Educación de la Universidad  de San Andrés, ha sido publicado en la Revista de Docencia Universitaria (REDU), una revista científica sobre educación superior y universitaria editada por la Universitad Politécnica de Valencia.

En palabras de Furman, co-autora del paper y profesora investigadora de tiempo completo en UdeSA, la investigación surgió frente a los desafíos de la pandemia, que empujaron a las profesoras a virtualizar “Desafíos educativos reales”, una asignatura introducida en 2018 en el plan de estudios de la Licenciatura en Ciencias de la Educación de San Andrés para “pensar soluciones a problemas educativos de carne y hueso, ponerlos en práctica, iterar, desarrollar prototipos, darles vueltas de tuerca que redundaran en mejoras, y después darles el testeo final. Esta investigación surgió en la búsqueda didáctica de que el curso siguiera siendo fiel a su espíritu, pero adecuado al contexto limitado que teníamos en la pandemia.” La pregunta de las docentes e investigadoras fue entonces: “¿cómo planificar y llevar adelante una asignatura centrada en la indagación y acción en ámbitos reales del campo educativo y donde los estudiantes tienen un rol protagónico, en la virtualidad?”

Basada en cuatro pilares pedagógico didácticos (Aprendizaje Basado en Proyectos, Pensamiento de Diseño, Aprendizaje Cooperativo, y Metacognición), en 2020 la asignatura se volcó a las pantallas: “fue como una especie de mamushka de cajas chinas donde teníamos un desafío real que estaba cambiando y una materia que estaba cambiando”, explica Furman. El trabajo en grupo, por ejemplo, se trasladó a documentos colaborativos en línea, con consecuencias positivas: “el formato mismo de los documentos colaborativos le permitía a los alumnos ir construyendo y a nosotras nos permitía cierta accountability de visibilidad de cómo iban, si necesitaban un empujón, si estaban trabados con algo, si tenían alguna pregunta para poder seguir profundizando algún autor…Toda esa dinámica que era habitual entre clases fue clave para que el proceso colaborativo se hiciera más potente”, indica la profesora-investigadora.

La experiencia educativa, que Luzuriaga, Buscaglia y Furman analizaron durante y después de la cursada, dejó enseñanzas novedosas sobre el aprendizaje en línea—incluso para contextos presenciales. “Aprendimos que había soluciones y distintos tipos de respuestas a estos desafíos educativos reales que podían ser más digitales que las que veníamos teniendo en la presencialidad: desde páginas web, aplicaciones, encuentros en línea con docentes para trabajar con las escuelas. Y también aprendimos lo esencial de darle tiempo a los alumnos en las clases sincrónicas, que en ese momento eran por Zoom, para trabajar ahí mismo en sus proyectos. Algo que nos dimos cuenta es la importancia clave de que los alumnos tuvieran tiempo juntos presencial o, en el caso de de los años de virtualidad, en grupitos de Zoom, en espacios sincrónicos en línea y poder meternos ahí…en la presencialidad dando vueltas en las mesas, y en la virtualidad metiéndonos en las salas de Zoom para repreguntar, para estar o incluso para observar, para tener un pulso más claro de la clase, de los tiempos, y ayudar en esto tan difícil que es diseñar, pero en algún momento cerrar y decir ‘esto es lo que vamos a ir a probar’”, indica Melina Furman, co-autora del trabajo.

En cuanto al futuro de la educación, la investigadora destaca la oportunidad educativa que representa “la combinación de lo presencial y lo híbrido, y en particular los formatos colaborativos que permiten el trabajo a distancia de los alumnos, pero con estas ventanas donde los docentes podemos intervenir y repreguntar y donde queda visible cuál es el aporte de cada persona del grupo”. Esas formas de visibilidad habilitadas por la tecnología terminan por generar incentivos para que la colaboración entre miembros de un grupo sea más equitativa y para que los docentes aporten feedback y faciliten procesos de trabajo. “Creo que es una gran herramienta didáctica para quienes enseñamos. Combinar eso con otro tipo de trabajo más presencial o monográfico, ese ver la cocina de cómo los alumnos están construyendo y aprendiendo y trabajando en conjunto es un tesoro que encontramos en el trabajo en la pandemia y que después quisimos seguir manteniendo”, incluso en la presencialidad.

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