Las ciencias del comportamiento en las políticas públicas

Un estudio de Intramed basado en la opinión experta de más de 2.000 profesionales de la salud que trabajan en desarrollo infantil

El conocimiento sobre políticas públicas y ciencias del comportamiento (conocidas en ingles como behavioral insights, BI) puede ser clave a la hora de facilitar el acceso a derechos y programas del estado. Sin embargo, a raíz de una encuesta realizada a expertos en desarrollo y salud infantil de toda Latinoamérica, encontramos que este conocimiento y su uso es muy bajo en estos profesionales.

En este estudio utilizamos modelos de regresiones para analizar diferencias individuales y de ubicación geográfica en relación al conocimiento de los expertos.

Nuestras variables de resultado fueron un índice de conocimiento de políticas públicas, un índice de conocimiento de ciencias del comportamiento y la percepción sobre la efectividad, claridad y utilidad de un programa de políticas públicas diseñado para la intervención.

Los resultados mostraron que:

A) En general, los profesionales en desarrollo y salud infantil tienen un bajo conocimiento de las ciencias del comportamiento y BI, y este conocimiento está modulado por distintas variables como la edad, la formación académica, el conocimiento de políticas públicas y la ubicación geográfica).

B) Mediante un ensayo controlado aleatorio, mostramos que el uso de los principios de las ciencias del comportamiento (también llamados nudges) influye en la percepción de la claridad e impacto de la comunicación de políticas públicas.

Estos hallazgos son relevantes para guiar acciones futuras de agencias gubernamentales y del tercer sector que buscan mejorar el conocimiento y prácticas de profesionales en desarrollo infantil.

¿Por qué es importante el conocimiento de políticas públicas y ciencias del comportamiento en salud?

Latinoamérica posee una tasa alarmante de niños cuyo desarrollo es menor que en países desarrollados dado que no están recibiendo los recursos y estimulación adecuada para garantizar su desarrollo cognitivo y socio-emocional. Las intervenciones de los expertos en salud y desarrollo infantil son cruciales para comunicar buenas prácticas y recursos necesarios para paliar esta situación.

Las ciencias del comportamiento, son disciplinas que estudian el comportamiento humano, y como tales, pueden ayudar a los profesionales de la salud a mejorar la adhesión a tratamientos y conductas recomendadas en sus pacientes. De hecho, estas técnicas (también conocidas como behavioral insights o nudges) ya se han utilizado y testeado en varios estudios involucrando médicos y conductas de salud. Por ejemplo, existen estudios que muestran que estas herramientas pueden mejorar la prescripción de medicamentos, reducir los sesgos en los diagnósticos, mejorar las prácticas clínicas y promover decisiones basadas en evidencia.

Sin embargo, el uso de estas técnicas y su conocimiento en profesionales del desarrollo y salud infantil todavía no fue investigado sistemáticamente. En este estudio, abordamos diferentes dimensiones del conocimiento de los profesionales de la salud en Latinoamérica. Los factores estudiados fueron: el conocimiento de las políticas públicas, el conocimiento de las ciencias del comportamiento, las herramientas que impactan en la práctica clínica, y finalmente, la influencia de estas técnicas sobre sus percepciones de un programa simulado.

El estudio
Para este estudio utilizamos una encuesta y un experimento mediante un ensayo controlado aleatorio, presentado en la última sección de la misma. La primera parte de la evaluación fue la misma para todos los participantes y recolectó las opiniones de los profesionales sobre políticas públicas y ciencias del comportamiento.

La última sección de la encuesta incluyó 4 tipos de mensajes que fueron asignados aleatoriamente a cada participante (Figura 1). Los datos fueron recolectados usando una plataforma digital y comunicados a través de Intramed entre marzo 2018 y abril 2019.

La muestra final constó de 2.003 individuos que contestaron toda la encuesta de un total de 2400 participantes (profesionales especializados en desarrollo y salud infantil en Latinoamérica). La edad promedio fue de 51.42 años (D.E. 13.50), y el 55.62% de los participantes fueron hombres.

La última sección de la encuesta contenía la descripción de un programa de política pública en desarrollo infantil diseñado para los fines de este experimento. El mismo programa fue desarrollado de 4 maneras diferentes para evaluar el impacto del uso de los principios de las ciencias del comportamiento, y una sola versión fue asignada a cada participante de manera aleatoria. Los principios de las ciencias del comportamiento utilizados en cada mensaje fueron:

1. Mensaje 1: Control – Se utilizó un formato similar a comunicaciones actuales de programas en distintos gobiernos.

2. Mensaje 2: Simplicidad – Se buscó simplificar el mensaje y utilizar lenguaje más cercano

3. Mensaje 3: Norma Social – Se buscó señalar que otros profesionales adherían al programa que estaban leyendo.

4. Mensaje 4: Simplicidad, Norma Social e Información Visual – Se buscó que parte del mensaje estuviese retratado en imágenes que buscaron generar empatía en los lectores.

Luego de cada mensaje, se les preguntó a los participantes su percepción en cuanto al impacto, la claridad y el interés de ser contactados para participar del programa.

Los resultados
> Conocimiento del término “Behavioral Insights”

La mayor parte de los participantes reportaron no conocer el significado del término “Behavioral Insights” (Figura 2 A). Participantes de mayor edad, con mayor conocimiento de políticas públicas y mayor formación académica mostraron una tendencia a tener más conocimiento del término (Figura 2 B).

> Conocimiento en Ciencias del Comportamiento

En general los participantes demostraron un bajo conocimiento de las ciencias del comportamiento. Participantes de mayor edad, con mayor conocimiento de políticas públicas, mayor formación académica y con ubicación geográfica en el norte de Latinoamérica mostraron una tendencia a poseer mayor conocimiento en el ámbito.

> Efectividad de las Ciencias del Comportamiento

La mayor parte de los participantes no presentaron una opinión formada sobre la efectividad de estas herramientas (Figura 2 A). Sin embargo, al comparar las respuestas afirmativas con las negativas, la mayoría de los participantes consideraron a la disciplina como efectiva. Participantes de menor edad y con mayor formación académica mostraron mayor efectividad percibida (Figura 2 B).

Utilidad de las Ciencias del Comportamiento

La mayor parte de los participantes reportaron no saber si aplicar las ciencias del comportamiento al desarrollo infantil sería útil (Figura 2 A).

En general, este estudio encontró un pobre conocimiento de los participantes acerca de las ciencias del comportamiento y su utilidad y efectividad. Los factores que modularon esa falta de conocimiento fueron la edad, la formación académica, el conocimiento de políticas públicas y la ubicación geográfica.

> Experimento (ensayo controlado aleatorio)

Los participantes que recibieron mensajes desarrollados con los principios de las ciencias del comportamiento mostraron una tendencia a considerar el programa de política pública como más claro y con mayor impacto. Mientras más principios se utilizaron, mayor fue el efecto sobre estas variables. En términos de ubicación geográfica, encontramos mayor impacto, claridad e interés percibido para participantes del norte de Latinoamérica.

> Impacto

En términos de impacto, encontramos que el grupo control fue el que menos impacto atribuyó al mensaje, mientras que el grupo que recibió el mensaje de simplificación, norma social e información visual mostró mayor percepción del impacto que el grupo con sólo simplificación (Figura 2C).

> Claridad

En cuanto a la claridad, encontramos patrones similares, siendo el grupo control el que menor claridad atribuyó al mensaje.

> Interés en ser contactados

Por último, en términos de interés, las diferencias fueron menos fuertes. Si bien no se encontraron diferencias significativas entre los grupos, sí se encontraron diferencias significativas para ser contactados según la ubicación geográfica, siendo mayor el interés en participantes del norte de Latinoamérica (Figura 2C).

La relevancia del estudio
Los resultados de las opiniones de expertos en el desarrollo y salud infantil apuntan a una falta de conocimiento sobre las ciencias del comportamiento, y a una falta de opinión formada sobre su utilidad y efectividad aplicadas al desarrollo infantil. Varios factores parecen modular el alcance y la especificidad de esta brecha de conocimiento.

Personas de mayor edad, con mayor formación académica y del norte de Latinoamérica mostraron un mayor conocimiento de la disciplina, aunque los participantes más jóvenes fueron quienes le atribuyeron mayor efectividad.

Por último, en las intervenciones con los principios de las ciencias del comportamiento, los resultados mostraron mayor claridad e impacto percibido para los tratamientos en comparación con el material de control.

Creemos que nuestros resultados son muy relevantes para el desarrollo de programas gubernamentales y de organizaciones no gubernamentales en la región con un marco de acción dirigido a mejorar el diagnóstico, la investigación y la intervención sobre el desarrollo infantil desde la perspectiva de esta nueva disciplina.

Las conclusiones
Nuestro estudio sobre profesionales que trabajan en desarrollo infantil en Latinoamérica evidenció una brecha de conocimiento sobre el uso de las ciencias del comportamiento en el ámbito, que puede tener un impacto en la implementación de programas públicos.

Además, nuestras intervenciones basadas en los principios de las ciencias del comportamiento mostraron un enfoque eficiente para mejorar las comunicaciones de políticas públicas en el campo.

En general, nuestros resultados pueden ayudar a identificar los principales factores relacionados con las necesidades de conocimiento de los profesionales, ayudando a los gobiernos a optimizar sus implementaciones de políticas públicas.

 

(*) Estudio realizado por Agustín Ibañez, director del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés (CNC), Eugenia Hesse, co directora del CNC, Ailín Tomio, profesora #UdeSA, y Daniel Flichtentrei. 

Lunes, Agosto 23, 2021