Maternidad y trabajo en América Latina: Flexibilidad temporal a costa de peores trayectorias profesionales y menor protección social

Un estudio co-autoreado por la profesora María Edo encuentra que la llegada del primer hijo altera las trayectorias laborales de las mujeres, sin cambiar la de los padres. La desigual distribución de las tareas de cuidado y la flexibilidad de tiempo necesaria para lidiar con las exigencias de la crianza implican un costo alto en términos de disrupción de sus carreras profesionales y de acceso a protección social de calidad.

Las licencias por paternidad en Argentina no duran más que dos días, a diferencia de los 60 días de los que disponen las madres. En junio, el congreso de nuestro país comenzó a debatir un proyecto que busca ampliar progresivamente la licencia por paternidad de 2 a 90 días, y en julio el gobierno de la Provincia de Buenos Aires acordó la modificación de las licencias parentales a distintos gremios, que pasaron de 3 a 15 días. El debate evidencia no solo los derechos de los padres a la crianza de sus hijos, sino también y sobre todo la distribución desigual de las tareas de cuidado, que impacta sobre las condiciones de inserción y crecimiento de las mujeres en el mercado laboral. Es que según un nuevo estudio realizado por la profesora e investigadora afiliada del Departamento de Economía María Edo de la Universidad de San Andrés, también Directora Académica del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH), un factor clave para entender brechas laborales de género es la composición del hogar, en particular, la presencia de niños, que demandan cuidados que suelen recaer desproporcionadamente sobre las madres. En países como México o Paraguay, por ejemplo, las mujeres dedican casi el triple del tiempo a actividades no pagas vinculadas con el cuidado de los hijos.

El trabajo, escrito por Edo junto con Inés Berniell (Universidad Nacional de La Plata), Lucila Berniell (CAF), Dolores de la Mata (CAF), Mariana Marchionni (Universidad Nacional de La Plata), y María Florencia Pinto (Universidad Nacional de La Plata), ilumina el impacto de la paternidad y maternidad sobre los resultados del mercado laboral en América Latina. Para ello, el análisis se basa en dos fuentes: por un lado, en datos recolectados por el CEDLAS-UNLP para el año 2019 (o el año más cercano disponible) para madres y padres de entre 25 y 54 años a lo largo de 18 países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, y Venezuela); por el otro, en una serie de investigaciones recientes que estiman los efectos causales de la maternidad en la región.

El capítulo, incluido en el volumen publicado por Springer Mothers in the Labor Market (2022), indica que los resultados son consistentes con patrones observados en países desarrollados, en particular, con la idea general de que la maternidad produce cambios en las trayectorias laborales de las mujeres, mientras que la paternidad no lo hace. Y, sobre todo, Edo y colegas encuentran patrones específicos para América Latina. Si bien tanto en la región como en los países más desarrollados las mujeres son incentivadas a ingresar en trabajos más flexibles, en América Latina esto tiene una implicancia adicional. En particular, redunda en un aumento de la tasa de informalidad entre las mujeres dado que encuentran allí la flexibilidad necesaria para conciliar la vida familiar y laboral. En palabras de las autoras, “las mujeres con hijos participan menos en el mercado laboral que las no madres y, cuando lo hacen, es más probable que trabajen menos horas, en empleos más precarios, con una mayor incidencia de informalidad laboral, trabajo a tiempo parcial y en auto-empleo de baja calificación. Además, esto se traduce en grandes y significativas desventajas de las mujeres en comparación con sus maridos, lo que a su vez puede limitar su autonomía y su poder de negociación dentro del hogar”. La evidencia indica que el impacto negativo se mantiene vigente hasta 10 años después del nacimiento del primer hijo. 

Si bien hay más de un factor en juego (tales como las normas culturales de género y el acceso a guarderías y escuelas), las licencias por paternidad extendidas en nuestro país podrían tener un papel importante en mitigar la informalidad laboral de las madres. Edo y colegas hallan que “el aumento en la disponibilidad del cuidado de los niños impacta positivamente en el ingreso de las mujeres a la fuerza laboral, el número de horas trabajadas y la probabilidad de estar empleadas”. De todos modos, como recuerdan las autoras, comprender las condiciones de cada país es fundamental para el diseño adecuado de las políticas públicas sobre maternidad y paternidad.

Lunes, Agosto 1, 2022