Vuelta a clases: ¿Qué debería cambiar en la enseñanza para que los chicos aprendan de un modo eficiente?

Aulas invertidas y aprendizaje acelerado son dos de las recomendaciones de los expertos para esta nueva "normalidad" en las escuelas

Las clases finalmente comenzaron con los chicos en la escuela, y más allá de los cambios de conducta que imponen los nuevos protocolos que, por ejemplo, hacen que una maestra ya no le pueda atar los cordones a un chico de jardín de infantes, los docentes empezarán a corroborar con el correr de las semanas lo que se dijo una y otra vez durante estos 11 meses de enseñanza remota: que las aulas hoy son mucho más heterogéneas que antes, y mucho más desiguales. Los expertos en educación consultados por LA NACIÓN explican que en una misma burbuja van a convivir los alumnos que tuvieron un mejor año escolar 2020, los que transitaron un recorrido débil y entrecortado con los chicos y chicas que ni siquiera llegaron a aprender los contenidos mínimos propuestos. Así de complejo empieza el nuevo ciclo lectivo, con el aditivo que traerán los infinitos problemas de logística ante los escenarios de contagios, casos sospechosos y cuarentenas intermitentes de acuerdo con la realidad epidemiológica de cada distrito, y de cada escuela.

¿Cuánto tiempo llevará recuperar los aprendizajes? ¿Qué debería modificarse para que este año sea a nivel pedagógico lo más eficiente posible? “Hace semanas que el tema público es el protocolo sanitario. Barbijos, lavado de manos, circulación, horarios. Ocupa muy poco lugar lo que pudiéramos decir, para usar una palabra de época, el protocolo pedagógico –señala Irene Kit, presidente de la Asociación Civil Educación para Todos-. Aceptamos que la asistencia a la escuela va a ser reducida, ya sea en horas, días o semanas. No hay reglas fijas, y todo puede variar. Difícil organizar la familia en esa situación, pero también muy complejo como contexto de aprendizajes duraderos y sistemáticos, que se construyen mejor en coordenadas más previsibles”.

¿Qué son las aulas invertidas?
Nadie eligió esta situación, apunta Kit, pero el asunto, dice, es de qué manera mitigamos los efectos de este escenario aún lejos de lo deseable. Una de las claves, agrega el sociólogo Alejandro Artopoulos, especialista en innovación pedagógica y profesor de la Universidad de San Andrés, es continuar con la planificación de aulas híbridas, porque nadie sabe con certeza cuántas horas de presencialidad habrá este año. “El corazón del aula híbrida funciona ‘dando vuelta la clase’. Implementar el flipped teaching”, propone.

Un aula invertida es un tipo de aprendizaje combinado, en el que los estudiantes conocen el contenido en casa y practican, analizan y trabajan sobre esos temas en la escuela. Es una práctica que se utiliza más en la universidad, pero todo lo opuesto a la más común que se da en el ámbito escolar, donde el docente introduce un contenido nuevo en el aula y luego asigna tareas para que los estudiantes completen de forma independiente en casa. “Hay que seleccionar bien los contenidos y diseñar actividades en función de estos dos momentos, sincrónicos y asincrónicos. Se deben priorizar las actividades de aplicación de conocimiento para la sincronía, que es cuando los docentes pueden estar disponibles para el aprendizaje profundo”, explica Artopoulos.

Para Claudia Romero, profesora e investigadora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, sin dudas se trata de un año muy desafiante, porque las aulas serán más diversas y desiguales. Ante esta realidad, Romero descarta la idea de correr detrás de todos los contenidos que no se aprendieron. “Todos los chicos van a estar en puntos distintos en su recorrido de aprendizaje y es fundamental que cada escuela los identifique. Hay por lo menos tres grupos de estudiantes: los que perdieron todo contacto, los que hicieron un recorrido mínimo e insuficiente, que son la gran mayoría, y los que pudieron avanzar y aprender lo esperable para el año –describe Romero-. Los desconectados totales requieren lo que llamamos ‘estrategias de revinculación’. Hay que ir a buscarlos y recuperar un sentido de lo escolar. Estos alumnos van a requerir tutorías personalizadas, un plan de trabajo que integre contenidos y en secuencias didácticas de corto tiempo para que puedan ir construyendo pequeños logros que les permita recuperar la confianza”.

Programas de aceleración de aprendizajes
Para los alumnos que tuvieron una experiencia débil y no llegaron a lo mínimo de lo propuesto por la escuela se necesitan, según Romero, programas de aceleración de aprendizajes. “Aquí se hace una fuerte adaptación curricular, donde se selecciona lo básico, se hace foco en lengua y matemática y se trabaja al menos con dos docentes combinando estrategias generales y seguimiento individual. Es importante diseñar materiales especiales, en papel y en digital. A veces, la información sobre un tema es mucho mejor ofrecerla a través de material audiovisual, que permita síntesis entre imágenes y conceptos. Luego se da el trabajo con los docentes y compañeros, que es para construir conocimiento”, aporta Romero. También recuerda que, inicialmente, este tipo de programas se utilizaron para los alumnos de escuelas primarias con sobreedad y que habían repetido varias veces, con el fin de que pudieran hacer dos años en uno. “Los programas de aceleración pueden aplicarse ahora en todas las escuelas. No se trata de hacer lo mismo, pero más rápido, sino de orientar a que los alumnos puedan progresar en su escolaridad de una manera más eficiente”, subraya la experta.

Para el último grupo de chicos, los que pudieron transitar el 2020 de manera más satisfactoria, Romero propone trabajar con procesos de consolidación y complejización creciente. “Afianzar lo aprendido con actividades de profundización, y ofrecerles la oportunidad de seguir aprendiendo. Es probable que estos alumnos cuenten con mejores condiciones tecnológicas y de acompañamiento familiar, y en estos casos podrán usarse más actividades asincrónicas y remotas”.

Lucía Feced es la subsecretaria de Coordinación Pedagógica y Educativa del Ministerio de Educación porteño, y cuenta que la primera información que recibieron los docentes que regresaron a la escuela, el 8 pasado, fue la de la elaboración de un documento curricular específico para este año lectivo. El texto que les servirá de guía se llama Documento de contenidos priorizados, que contempla a todos los niveles y tiene como fin que en todas las aulas se pueda cumplir con un “piso mínimo” de aprendizaje. “No es un techo, sino una base de lo que se tiene que poder enseñar este año según cada nivel. El otro de los ejes tiene que ver con poner el foco en que el tiempo de presencialidad se aproveche de la mejor manera. Dejar para los encuentros sincrónicos aquello que en la virtualidad no se da tan bien, como la construcción grupal, las discusiones y las conclusiones a las que se llega en conjunto a partir del error”, señala Feced, que también abona la teoría del aula invertida.

 

 

Jueves, Febrero 25, 2021